miércoles, 23 de marzo de 2011
Sindrome Cobain
Primero que todo, debo pedir disculpas a mis lectores asiduos y a los que pasan a ver las imágenes, se las roban y se van, porque he cortado la serie que correspondía y he pasado a otro tema, esto de ninguna manera significa que deje la serie de lado, sino más bien, profundiza en el conocimiento de la misma. Pero dejémosnos de rodeos y vamos al grano.
El título de la entrada no tiene nada que ver con el suicidio de Cobain -al menos no en primera instancia-, no es una enfermedad no descubierta, ni siquiera se sabe a ciencia cierta si es que en realidad era una enfermedad o una forma de vida que induce una y otra vez a circulos viciosos continuos.
Cierto, todos vivimos en constantes circulos viciosos, de una u otra manera: la rutina, el trabajo, las vacaciones, los días de la semana, los años, los demás; y cuando salimos de uno de estos círculos entramos en otros, más breves o más cortos, pero igual de centifugos.
Cobain vivió eso como un dolor de tripas. No es, evidentemente, que pusiera todas sus tripas en sus presentaciones o que en sus canciones se desangrara siempre, en sentido metafórico o metonímico si se quiere, sino que cantaba como un vómito del alma: Cobain literalmente vomitaba sus canciones -muchas de ellas se inspiraron en sus vómitos-, les dedicaba canciones a sus vómitos de sangre, a la sangre rodeada por mierda que quedaba flotando en el baño.
Normal. A casi todos les pasa alguna vez, eso de estar en el fondo del baño esperando desangrarse. No es ninguna maravilla, no se necesita ser una estrella del rock ni un retardado mental para sufrir una enfermedad del tracto digestivo, pero seguramenete la mayoría de nosotros hacemos canciones de eso.
Generalmente entendemos este hastío del grunge/garage de Seattle como la expresión de una juventud nihilista o existencialista: la importancia del vivir o no y para qué. En realidad, a lo que le cantaba Cobain era al dolor de panza, a las tripas literalmente destripadas, que todos lo vieran como otra cosa es problema de los demás.
En este punto es imposible no recurrir a Braveheart, pensando en cómo William Wallace es capaz de gritar FREEEEEEEDDDDDDOOOOOOOOOMMMM!!!! mientras el verdugo lo destripa. El despliegue de coraje hace que cualquiera con corazón suelte una lágrima, más todavía cuando desde la torre lo escucha la mujer que lo ama. No quiero pensar en el personaje histórico Wallace, prefiero pensar en Cobain y en su sindrome, que quizás también podría ser el sindrome Gibson, pero con una diferencia: Cobain sentía que se moría porque quizás tenía un caso agudo de cólon irritable que necesitaba algún tipo de paliativo, el problema es que el cólon solo necesita de algunos antinflamatorios que lo alivian parcialmente, el alivio total de esta enfermedad viene por la felicidad y la despreocupación. Por su parte, Gibson, solo pensaba en la representación dramática de la muerte de un héroe escocés que no alcanzó más que una vida pírrica en la realidad, pero que se transformó en una especie de animal mitológico medieval. Aunque los dos gritaban su destripamiento al mundo.
Así, la depresión de Cobain tenía un origen anatómico: calza perfecto con sus vómitos y diarreas, con su colon irritable y, luego, su adicción a la heroína como alivio de ese mal: "si ya parezco un Junkie, pensaba, por qué no serlo completo si me alivia". El circulo vicioso se va cerrando hasta convertirse en un punto negro que es fácil de sacar con cualquiera de esas banditas anti puntos negros. Todos los circulos viciosos se cierran, todos los puntos negros desaparecen -aunque la ley de Lavoisier diga lo contrario-, y toda la naturaleza continúa sin nosotros. El único problema que nos queda por solucionar es el problema metafísico, ese de cuando nos preguntamos cuándo vamos a cerrar este círculo -sea a lo que sea que esa pregunta se refiera- que nunca terminamos de cerrar.
El sindrome Cobain, entonces, se entiende como los circulos viciosos que llevan a suicidio que seguramente nos llevará a otro circulo vicioso.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Llorar en la Calle
(Clasificación de enfermedades mentales no descubiertas)
A.- Sociales
Llorar en la Calle (I)
Llorar en la Calle (I)
El entorno donde he hecho estas observaciones suele ser el centro de la mayoría de las ciudades en las que he estado, porque el desconocimiento geográfico y social de ellas me dejó atrapado en ese espacio –imagino que en muchas habrá lugares especiales para desahogar las penas, lugares para llorones que yo no conocía-, dónde también tuve la posibilidad de ver toda la mierda de las ciudades las veinticuatro horas del día.
Ahí ví gente llorar, y cuando digo gente me refiero a toda clase de personas: ancianos, jóvenes, ateos, presuntos terroristas, homicidas, niños, abuelos, huérfanos de diferentes edades, etc. También las razones por las que lloraban eran diferentes: porque habían perdido un dulce, porque el amor de alguien los había dejado (en la mayoría de los casos de manera física), porque sus vidas no seguían el camino deseado o justamente por la razón opuesta. Además, todos ellos son quienes generan y ayudan a propagar la enfermedad, la entregan a otros para que la porten, y los brotes tienden a asemejarse al resfrío común, ya que se extiende mucho y muy rápido, principalmente por el morbo de la gente.
A partir de estas observaciones, he detectado que quien sufre esta enfermedad, a pesar de lo que se puede creer, es quien mira al llorón. Quien mira al llorón siente una especial simpatía, una simpatía particular sobre todo si el llorón es un desconocido, lo que se conjuga además con la empatía, que lleva a desviar la mirada, apretar los párpados con fuerza y seguir camino, como si nada, a pesar que en su cabeza quedan dando vueltas las razones que llevan a una persona a llorar en la calle, lejos de la intimidad y sin razón trágica-accidental aparente. Esta misma serie de razones, más la empatía, generan un estado de melancolía que lleva al no-descubierto-paciente a reflexionar acerca de los errores cometidos cuando niño; la decisión esa tarde de llegar a casa por el camino más largo y no por el más fácil; de olvidar a propósito como andar en bicicleta; entre otras, pero que venían de ninguna parte –el no-descubierto-paciente siempre contesta que no lo recuerda, que no sabe, que fue una idea que se anidó del a nada en su cabeza-; y otros, que son siempre invariables y no tienen mayor importancia en el presente, pero que pueden ser tan intensos que pueden eventualmente llevar a la muerte por licuefacción: el paciente cae en un estado de melancolía profundo que lo lleva a llorar por las calles sin razón aparente –lo que contagia la enfermedad-, hasta que se licuefacciona en el ultimo lugar que se lo vio llorar, que suele ser, por lo general en el medio de la calle. Esta es la causa de la muerte-desaparición del sujeto, porque, hasta donde tenemos conocimiento hoy, sería imposible identificar el líquido que se encuentra en un lugar con alguna de las personas desaparecidas.
No me es posible entregar más detalles de los que he entregado con respecto a esta primera clasificación, así que en esta, como en las demás, aceptaré cometarios pero no preguntas.
Ahí ví gente llorar, y cuando digo gente me refiero a toda clase de personas: ancianos, jóvenes, ateos, presuntos terroristas, homicidas, niños, abuelos, huérfanos de diferentes edades, etc. También las razones por las que lloraban eran diferentes: porque habían perdido un dulce, porque el amor de alguien los había dejado (en la mayoría de los casos de manera física), porque sus vidas no seguían el camino deseado o justamente por la razón opuesta. Además, todos ellos son quienes generan y ayudan a propagar la enfermedad, la entregan a otros para que la porten, y los brotes tienden a asemejarse al resfrío común, ya que se extiende mucho y muy rápido, principalmente por el morbo de la gente.
A partir de estas observaciones, he detectado que quien sufre esta enfermedad, a pesar de lo que se puede creer, es quien mira al llorón. Quien mira al llorón siente una especial simpatía, una simpatía particular sobre todo si el llorón es un desconocido, lo que se conjuga además con la empatía, que lleva a desviar la mirada, apretar los párpados con fuerza y seguir camino, como si nada, a pesar que en su cabeza quedan dando vueltas las razones que llevan a una persona a llorar en la calle, lejos de la intimidad y sin razón trágica-accidental aparente. Esta misma serie de razones, más la empatía, generan un estado de melancolía que lleva al no-descubierto-paciente a reflexionar acerca de los errores cometidos cuando niño; la decisión esa tarde de llegar a casa por el camino más largo y no por el más fácil; de olvidar a propósito como andar en bicicleta; entre otras, pero que venían de ninguna parte –el no-descubierto-paciente siempre contesta que no lo recuerda, que no sabe, que fue una idea que se anidó del a nada en su cabeza-; y otros, que son siempre invariables y no tienen mayor importancia en el presente, pero que pueden ser tan intensos que pueden eventualmente llevar a la muerte por licuefacción: el paciente cae en un estado de melancolía profundo que lo lleva a llorar por las calles sin razón aparente –lo que contagia la enfermedad-, hasta que se licuefacciona en el ultimo lugar que se lo vio llorar, que suele ser, por lo general en el medio de la calle. Esta es la causa de la muerte-desaparición del sujeto, porque, hasta donde tenemos conocimiento hoy, sería imposible identificar el líquido que se encuentra en un lugar con alguna de las personas desaparecidas.
No me es posible entregar más detalles de los que he entregado con respecto a esta primera clasificación, así que en esta, como en las demás, aceptaré cometarios pero no preguntas.
jueves, 10 de marzo de 2011
Clasificación extensa de enfermedades mentales no descubiertas.
Hoy en día no se tienen estudios confiables acerca de todas las enfermedades que no han sido descubiertas y que eventualmente podrían poner en peligro la supervivencia de la especie humana, por lo que he dedicado mi vida completa a generar una serie de estudios que me permitan predecir las enfermedades que nos podemos encontrar en el futuro en todos los contextos posibles de existencia. Sin embargo, los resultados no los he podido traducir en enfermedades biológicas y solo he podido extenderme en el campo de mi especialidad: la psicologíaLa Metodología ha sido poco Ortodoxa, simplemente he tomado algunos comportamientos de mi realidad más adyacente y he tratado de explicarlos por medio de la posibilidad que impliquen una enfermedad mental en el futuro, es decir, he imaginado los problemas que podrían desarrollar las personas de acuerdo a estos comportamientos. Con todo, no he podido llegar a resultados concluyentes respecto de las enfermedades futuras. Es por eso que lo que presentaré como enfermedades no descubiertas los comportamientos que les dan origen.
Así el listado se divide de la siguiente manera:
A.- Sociales
- Llorar en la calle (I)
- Escribir en las paredes, árboles, baños, etc. (II)
- Salir a correr sin ser atleta profesional (III)
- Discutir con todo el mundo (IV)
- Esconderse en el baño ante cualquier problema (V)
B.- Individuales
- No soñar constantemente (VI)
- Poner atención a los pájaros cuando cantan (VII)
- Desear fin satisfacer el deseo por imposibilidad (VIII)
- Hablar solo sin ponerse atención a sí mismo (IX)
- Masturbarse en secreto (X)
Los comportamientos antes descritos no solo pueden llevar, en su gran mayoría, a problemas de personalidad, sino también a raquitismo, enfermedades al corazón (taquicardia y bradicardia crónicas) y, eventualmente, escorbuto. Lo más probable es que estas enfermedades sean somatizaciones del mal funcionamiento mental y que tengan que ver siempre con la falta o sobredosis de algún elemento (sic).
Para el caso no es preciso que las descripciones sean exhaustivas sino en la medida que sea necesaria para apuntalar el comportamiento y a la posible enfermedad que puede indicar. Así la información queda a disposición de ustedes, para que también, si les interesa, puedan trabajar sobre ella.
Continuaremos en la próxima sesión.
martes, 22 de febrero de 2011
Remake de “La vida de los Peces”
(Teoría acerca de los pingüinos y los peces )
Siempre me ha causado gracia eso de que los peces se ahoguen en tierra, digo, tratar de respirar oxígeno del aire, no del agua, y como no tienen extremidades útiles en tierra, se retuercen como todos nos retorceríamos bajo el agua. Era un buen negativo. También me llama la atención eso de que salten en la tierra, como si le pudieran dar dirección al movimiento y salvarse.
Los pingüinos me gustan por eso, porque aunque no son buenos moviéndose en la tierra por lo menos pueden darle dirección. También pueden volar bajo el agua, haciendo mejores piruetas que las de las aves de caza. Pero a ellos también se los comen… las Orcas.
Así, algunos podemos ser peces, nadar por donde nos plazca o por donde vaya un cardumen definido, dependiendo de la especie a la que pertenezcamos. Seguramente la mayoría de nosotros podemos ser gregarios y trataremos de protegernos con, nunca de proteger al cardumen –aunque la única protección de los cardúmenes es la masa, el colectivo en sí mismo-. Podemos guiar y dejarnos guiar al mismo tiempo por todos los individuos, casi como si cada uno de los peces que forman en conjunto un solo ser vivo compuesto de neuronas en movimiento: las mismas neuronas son el cuerpo. Todos siguiendo a todos en un acuerdo. Como un ballet, pero con casi nada de Ballet. Al poco o mucho andar, los atrapan en una red y ni siquiera pueden retorcerse porque han sido aplastados por el peso de las otras partes de su cuerpo, y a los que se quedaron encima se les acabo la fiesta retorciéndose y pudiéndose en conjunto.
Los pingüinos son un poco más inteligentes. Son aves y no vuelan, nadan casi tan bien como los peces, pero no pueden respirar bajo el mar: son casi todo. Son animales únicos en lo que respecta a su parecido con otros –no parecen pájaros realmente, me son más cercanos a un niño aprendiendo a caminar con un smoking apretado-. Los pingüinos en tierra viven en comunidad, pero pueden perderse, eventualmente, algunos solitarios. Sin embargo, tienden a vivir en comunidad, porque es su forma de sobrevivir como especie. Pero tienen depredadores con bocas relativamente pequeñas para el tamaño de muchos pingüinos, lo que provoca que la muerte de muchos sea innecesariamente dolorosa. Digo innecesariamente, porque si sus depredadores tuvieran bocas más grandes, podrían destrozarlos de una vez, o partirlos por la mitad; pero no como lo hacen, lanzándolos contra las rocas o con fuerza hacia el aire para que crezcan las heridas y se despedacen en vuelo.
A pesar de todo, no sé si me gustaría vivir en un acuario, sigo prefiriendo el mar.
miércoles, 26 de enero de 2011
La alegría de escribir (¿?)
Este post va sin video, sin foto, sin dibujo, sin nada que pueda distraerme de lo que quiero decir, que es una mezcla de rabia y pena, y no lo voy a adornar con ningún tipo de palabras, más que las necesarias. Este de aquí soy cuando me siento a escribir.
Hace tiempo, hace mucho tiempo, desde que empecé a darme cuenta lo que era realmente escribir quise alejarme de la cursilería, de la palabra fácil que es tan fácil confundir con algo vacío, repetitivo, y traté de hacerlo bien, hacerlo como quienes admiraba, que son tantos. Sin embargo, nunca admiré solo lo qué decían o como lo decían, sino que admiraba algo que me es difícil de explicar, pero que se puede resumir en la transmisión de un sentimiento, de una realiad completa sin otro intermediario que un signo completo: el relato, cosa insustituible en cada una de sus palabras o dibujos por otra cosa, como si la precisión de cada una de las palabras fuera el uso de un florinete que solo sirve cuando penetra un punto preciso del cuerpo. Añoro ese todo, ese alcanzar a decir lo que hay que decir, lo que hay necesidad de decir.
Todos nosotros podemos llegar a ser escritores, buenos escritores en general. Escribir es una técnica y se puede aprender como se puede aprender guitarra o a dibujar, con más o menos talento, y se contarán historias entretenidas, que nos hagan volar en la fantasía, que nos hagan desternillarnos de la risa o cualquier otra cosa. Sin embargo, fuegos de artificio como esos se pueden comprar en alguna tienda, mentir a nuestros lectores y decirles que los hemos fabricado, que los hemos creado nosotros, y quizás eso haga la escritura de un relato, la escritura de una novela entretenida y haga decir estupideces como las que tantas veces he leído en las entrevistas de los que ganan premios en concursos literarios (impostando casi siempre frases profundas). Sí, puede que esto lo diga un poco porque nunca he ganado un concurso, y quizás las cosas que diga cuando lo haga -si es que ocurrre- suenen igual de impostadas o lisa y llanamete como estupideces, pero nunca podría decir que el tratar de dar una estocada con un florinete como ese es una alegría; tampoco es un parto, es creo, una necesidad de comunicar algo que va más allá, que no se puede decir sino que solo se puede intuir.
Entonces entiendo por primera vez que a veces alejarse de la cursilería, alejarse de la historia, centrarse entratar de decir lo que se quiere intuir es alejarse un poco también del mundo, alejarse de lo que uno quiere tocar aunque se le escape, aunque la realidad te lo escamotee. Es como si uno se tratara de alejar de lo que todos quieren, de lo que todos piden, es alejarse de todos, y nunca he querido eso, solo comunicar lo incomunicable y eso solo produce frustración.
También es cierto que mientras salen estas palabras del teclado uno se siente bien, como si estuviera alivianándose de un peso tremendo, como cuando San Cristóbal bajó a Jesús de sus hombros, como si el simple hecho de construir una frase sencilla fuese una tarea titánica -al parecer soy un minusválido de la palabra que hasta las frases más sencillas me cuestan-, aunque las podemos decir todos los días. Quizás ese alivio momentáneo puede provocar una alegría, pero lo demás, aunque escribamos humor, es el hecho de no querer escribir un significante vacío.
viernes, 7 de enero de 2011
Discusión de dos personas normales o el valor de las alcantarillas
Hace unos días estaba tomándome un café con leche en una terraza, tratando de ingeniarme una idea para sacar plata de alguna parte, cuando ví que una bolsa volaba a causa de algún remolino que la llevó directo a la alcantarilla y a percatarme la fuente del mal olor que estaba sintiendo hace un rato, entonces, ya decidido a pararme y, por lo menos cambiarme de mesa, ví a un hombre que se detuvo un par de metros lejos mío, de frente a un hoyo en el suelo que comunicaba directamente con la mierda y otro tipo de desperdicios, y que empezaba lentamente a lanzar monedas. Ahí, en tiempo y lugar, me pare en seco, estupefacto porque un idiota al que le sobraba un par de céntimos, lo tiraba por un hueco negro del que salía olor a mierda, luego por cinco céntimos. Por ahí se fue una moneda de € o quizás ví mal y llegó a ser una de dos, y cuando iba a preguntar algo así como que si no creía que hubiese algo mejor que venerar a la mierda que flotaba en el fondo del pozo o si pensaba hacer un estudio al respecto, se acercó un transeúnte que luego de un par de segundos mirándolo le grito:
¡IDIOTA!
Y el hombre se dio vuelta como si hubiesen pronunciado su nombre, ni más ni menos, y volvió a tirar las monedas con la misma paciencia que lo había hecho hasta ahora; entonces el otro se acercó y empezó a pegarle en las manos.
¡ACASO NO PIENSA QUE HAY NIÑOS CON HAMBRE O VAGOS A LOS QUE LES PUEDE DAR ESAS MONEDAS!
El hombre se puso de pie, y lo pude ver gracias a la iluminación del un cartel de colores lila, así que adivino que su camisa era de un tono claro, algo cercano al blanco, que estaba escondida bajo una chaqueta de cuero café, unos jean y un par de zapatillas, algo clásico pero que combinaban muy bien con el pantalón, del que literalmente colgaban dos bolsillos llenos de monedas –no podía ser nada más-, en los que guardó las que le quedaban en la mano. El transeúnte lo empujó y el hombre empezó a forcejear, hasta que, en medio de los tirones que el uno le daba al otro, se cayeron algunas monedas a lo largo de la calle y el hombre las pateaba hacia la alcantarilla, mientras murmuraba cosas como “acaso no es mi plata”, “acaso no puedo hacer con ella lo que se me dé la gana”, y le grita al transeúnte que ese es su hobby. Hay gente que gasta su plata en putas, le dice, en cruces, en demerol, en porno, en greenpeace y en las asociaciones cuidadanas que permiten la acción de conjunto y a ellos los mira, les desea lo mejor y/o lo peor, que se mueran o que vivan por siempre, pero a ninguno les dice que esa no es forma de gastar su plata, porque usted también gasta su plata de esa misma manera o… y hasta ahí recuerdo a grandes rasgos lo que hablaba el hombre, porque solo me centraba en la forma que empezaba a tomar la cara del transeúnte: los ojos se caían lento, y cuando estaban a la altura de la punta de la nariz ya no había nariz, sino algo que también caía desde la pera, como saliva colgando, y luego siento como los €s y los céntimos dan contra mi espalda y nuca.
¡IDIOTA!
Y el hombre se dio vuelta como si hubiesen pronunciado su nombre, ni más ni menos, y volvió a tirar las monedas con la misma paciencia que lo había hecho hasta ahora; entonces el otro se acercó y empezó a pegarle en las manos.
¡ACASO NO PIENSA QUE HAY NIÑOS CON HAMBRE O VAGOS A LOS QUE LES PUEDE DAR ESAS MONEDAS!
El hombre se puso de pie, y lo pude ver gracias a la iluminación del un cartel de colores lila, así que adivino que su camisa era de un tono claro, algo cercano al blanco, que estaba escondida bajo una chaqueta de cuero café, unos jean y un par de zapatillas, algo clásico pero que combinaban muy bien con el pantalón, del que literalmente colgaban dos bolsillos llenos de monedas –no podía ser nada más-, en los que guardó las que le quedaban en la mano. El transeúnte lo empujó y el hombre empezó a forcejear, hasta que, en medio de los tirones que el uno le daba al otro, se cayeron algunas monedas a lo largo de la calle y el hombre las pateaba hacia la alcantarilla, mientras murmuraba cosas como “acaso no es mi plata”, “acaso no puedo hacer con ella lo que se me dé la gana”, y le grita al transeúnte que ese es su hobby. Hay gente que gasta su plata en putas, le dice, en cruces, en demerol, en porno, en greenpeace y en las asociaciones cuidadanas que permiten la acción de conjunto y a ellos los mira, les desea lo mejor y/o lo peor, que se mueran o que vivan por siempre, pero a ninguno les dice que esa no es forma de gastar su plata, porque usted también gasta su plata de esa misma manera o… y hasta ahí recuerdo a grandes rasgos lo que hablaba el hombre, porque solo me centraba en la forma que empezaba a tomar la cara del transeúnte: los ojos se caían lento, y cuando estaban a la altura de la punta de la nariz ya no había nariz, sino algo que también caía desde la pera, como saliva colgando, y luego siento como los €s y los céntimos dan contra mi espalda y nuca.
No recuerdo casi nada de lo que pasó después, que no debe haber sido mucho, solo que estaba bajo la mesa en la que tomaba café, en cuatro patas, recogiendo un par de €s que estaban a la vista para pagar el café y mientras ambos corrían el uno tras el otro, yo entré a pagar mi café al bar , y en lo que demoró el cajero en contar el cambio y entregármelo, hice un par de comentarios de la pelea que hubo afuera, recibí el cambio y no he vuelto ni creo que vuelva a ese bar.
sábado, 18 de diciembre de 2010
4’ 33’’: la constitución de todo lo que no existe a pesar de estar ahí. (meditaciones inconexas)
Los árboles suenan cuando caen; una ambulancia con las balizas encendidas significa que va hacia alguien que puede morir o lleva a alguien en peligro. Y si solo escuchamos el sonido del árbol, sin árbol, sin saber siquiera que se trata de un árbol cayendo, simplemente el sonido. Entonces aparece una cáscara vacía, un huevo sin yema nadando en él, un hombre con la mente en blanco, una momia. Esa es la mejor forma de describir cualquier cosa.
Así todos los días nos levantamos como si hubiese algo a lo largo del día, como si supiésemos que ese día veremos el sol ponerse y respiraremos, hasta que dejemos de hacerlo, sin pensar que dejaremos de ver formas y escuchar sonidos, como si ese porvenir fuese un eterno futuro en el cual siempre estaremos incluidos. Y es que cuando no estemos desaparecerá lo que somos, lo que tuvimos, no quedará absolutamente nada o quedará eternamente todo, pero el peso de nuestra propia forma, su masa metafísica, si es que puede llamarse así, habrá pasado, se encontrará totalmente desequilibrada, nuestra vida no será más que la repetición de un momento vacío, de un árbol que sonó en el bosque sin que nadie estuviese ahí para escucharlo. La enunciación de la creación del mundo por parte de un demiurgo.
La paciencia, así, solo existe para llegar a un momento que hemos perdido para siempre y que anhelamos de regreso o esperamos que se pierda en los pasajes de nuestra inconciencia. Porque, al fin y al cabo, siempre tendemos a desaparecer y que de nosotros solo queden huellas de formas que nunca se corresponderán con nada de lo que realmente somos o queremos.
Todas nuestras voliciones se vuelven hacia nosotros como un deseo incumplido y que desea cumplirse, y cuando es cumplido o se lo desea nuevamente hasta el infinito o ya pasó y dejó de ser necesario.
Ahí estamos todos, repitiéndonos a nosotros mismos como si existiéramos en un tiempo diferente al nuestro. Pero no se pueden vivir las cosas de otra manera, somos siempre un ser dislocado en el tiempo –descontrucciones temporales si quisiéramos decirlo postmodernamente-, añorando todo aquello que pasó y que vendrá.
Nosotros queremos viajar en el tiempo, queremos estar presentes en todo el universo, queremos escuchar y ver todo lo que nos rodea. Reconstruir el pasado y prever el futuro, manejar el presente y dejar que las formas permanezcan siempre. Nosotros nunca estamos en ninguna parte, porque ahí y cuando debemos estar, preferimos no estar.
Por lo tanto somos el sonido del árbol, sin árbol o el árbol cayendo sin sonido; somos una ambulancia corriendo sin sonido; somos un símbolo vacío con una raya en el centro.
Al menos somos algo: un caos organizado en torno al olvido de nosotros mismos.
Así todos los días nos levantamos como si hubiese algo a lo largo del día, como si supiésemos que ese día veremos el sol ponerse y respiraremos, hasta que dejemos de hacerlo, sin pensar que dejaremos de ver formas y escuchar sonidos, como si ese porvenir fuese un eterno futuro en el cual siempre estaremos incluidos. Y es que cuando no estemos desaparecerá lo que somos, lo que tuvimos, no quedará absolutamente nada o quedará eternamente todo, pero el peso de nuestra propia forma, su masa metafísica, si es que puede llamarse así, habrá pasado, se encontrará totalmente desequilibrada, nuestra vida no será más que la repetición de un momento vacío, de un árbol que sonó en el bosque sin que nadie estuviese ahí para escucharlo. La enunciación de la creación del mundo por parte de un demiurgo.
La paciencia, así, solo existe para llegar a un momento que hemos perdido para siempre y que anhelamos de regreso o esperamos que se pierda en los pasajes de nuestra inconciencia. Porque, al fin y al cabo, siempre tendemos a desaparecer y que de nosotros solo queden huellas de formas que nunca se corresponderán con nada de lo que realmente somos o queremos.
Todas nuestras voliciones se vuelven hacia nosotros como un deseo incumplido y que desea cumplirse, y cuando es cumplido o se lo desea nuevamente hasta el infinito o ya pasó y dejó de ser necesario.
Ahí estamos todos, repitiéndonos a nosotros mismos como si existiéramos en un tiempo diferente al nuestro. Pero no se pueden vivir las cosas de otra manera, somos siempre un ser dislocado en el tiempo –descontrucciones temporales si quisiéramos decirlo postmodernamente-, añorando todo aquello que pasó y que vendrá.
Nosotros queremos viajar en el tiempo, queremos estar presentes en todo el universo, queremos escuchar y ver todo lo que nos rodea. Reconstruir el pasado y prever el futuro, manejar el presente y dejar que las formas permanezcan siempre. Nosotros nunca estamos en ninguna parte, porque ahí y cuando debemos estar, preferimos no estar.
Por lo tanto somos el sonido del árbol, sin árbol o el árbol cayendo sin sonido; somos una ambulancia corriendo sin sonido; somos un símbolo vacío con una raya en el centro.
Al menos somos algo: un caos organizado en torno al olvido de nosotros mismos.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
A causa de la verdad
“El hombre que dice una verdad injuriosa
por miedo a que no se salve
su alma si hace lo contrario,
debería pensar que esa clase de alma
estrictamente hablando no vale la pena salvarla”
por miedo a que no se salve
su alma si hace lo contrario,
debería pensar que esa clase de alma
estrictamente hablando no vale la pena salvarla”
La decadencia en el arte de mentir – Mark Twain
“Y conocerán la verdad y la verdad los hará libres”
Juan 8; 32
Hace un par de días leí en El País de España que hubo dos muertos en un bar en Francia a causa de la franqueza… me causó gracia aquello de que la causa de muerte fuera la franqueza; es decir, se asumieron que la cusa primigenia de la muerte fue decir la verdad.
La noticia hablaba de tres hombres, según los informes, que estaban en un bar que ya había cerrado en los arrabales de París. Uno de ellos era el dueño y otro de los hombres era su amigo, el tercero era un desconocido del que, hasta el momento en el que escribo, no se sabía su identidad. Lo que sabían de él, por el testigo que sobrevivió, era que hablaba un perfecto francés, aunque con un dejo de acento extranjero, y que parecía amable, los demás son datos que evidentemente maneja la policía: su estura, peso, manera en que iba vestido, etc. Una de las cosas que más llamaba la atención, según el testigo, era el carácter del hombre, que se mantenía sereno incluso cuando estaba a punto de morir y que nunca, por más difícil que fuera la situación, se tornó violento.
Los hechos, según cuenta la noticia, basada en el informe policial, con la ayuda del testigo y datos de la investigación, se desarrollan luego que el bar cierra. Dentro de él quedan los tres hombres, los dos amigos y el tercer hombre, ya bastante borrachos, dispuestos a estar ahí hasta que amaneciera, yendo de una conversación a otra mientras se servían diferentes tragos. Así estuvieron hasta pasadas las 5 AM, momento en el cual el dueño del bar le pregunta al desconocido que qué opina de su mujer. El desconocido contesta que es imposible que conteste esa pregunta porque no la conoce. La conoces, le dice el dueño, es la mujer a la que le estuviste coqueteando la mitad de la noche. Cuando el dueño termina la frase, el desconocido suelta una carcajada y contesta que no le estuvo coqueteando, que simplemente quería conversar con alguien y es más fácil con hablar con una mujer que con un hombre, y que, contestando a su pregunta, le parecía una de las mujeres más feas que había conocido. El dueño del bar y el testigo quedan anonadados (sic) por la respuesta, porque precisamente todos creían que la chica era una de las más lindas y, acto seguido, le piden al hombre que repita lo que dijo y por qué cree eso. “Porque es la verdad”, contesta.
Hasta aquí la historia parece más bien una tomadura de pelo o una noticia inventada, algo de la prensa roja. Pero lo que me llamó la atención realmente de la noticia, es lo que viene después.
Entonces habla el dueño del bar y le pregunta al hombre que si esa es la verdad, por qué ninguno de sus amigos se lo había dicho alguna vez. El hombre contesta preguntándole si conoce el cuento del traje del rey, y que la cosa funciona más o menos así, con la diferencia que sus amigos ni borrachos le dirán la verdad, porque él les regala tragos. Luego le pregunta si quiere a la chica de la que habla. El dueño detrás de la barra contesta que sí, y el otro responde de vuelta que con mayor razón sus amigos le mentirán, "así eres feliz tu y los haces felices a ellos". “¿Y si mi felicidad es que me sean francos?”. “Entonces desde ahora serás un amargado de mierda”.
El dueño se altera, camina de un lado para otro insultando a sus amigos y a la vida, y finalmente saca un arma que tenía bajo la barra, la salta, toma al hombre por las solapas y le exige la verdad. Es esa, le responde el hombre, pregúntale a tu amigo. El me mentirá, y no estoy dispuesto a llevarlo en mi conci… La pistola se disparó y esparció la cara del hombre, a través de su nuca a lo largo de todo el wurlitzer. Acto seguido dijo, según el testigo: “No me queda nada”, y se dio un tiro.
El testigo se encontraba todavía en estado de shock al momento de la declaración.
La noticia hablaba de tres hombres, según los informes, que estaban en un bar que ya había cerrado en los arrabales de París. Uno de ellos era el dueño y otro de los hombres era su amigo, el tercero era un desconocido del que, hasta el momento en el que escribo, no se sabía su identidad. Lo que sabían de él, por el testigo que sobrevivió, era que hablaba un perfecto francés, aunque con un dejo de acento extranjero, y que parecía amable, los demás son datos que evidentemente maneja la policía: su estura, peso, manera en que iba vestido, etc. Una de las cosas que más llamaba la atención, según el testigo, era el carácter del hombre, que se mantenía sereno incluso cuando estaba a punto de morir y que nunca, por más difícil que fuera la situación, se tornó violento.
Los hechos, según cuenta la noticia, basada en el informe policial, con la ayuda del testigo y datos de la investigación, se desarrollan luego que el bar cierra. Dentro de él quedan los tres hombres, los dos amigos y el tercer hombre, ya bastante borrachos, dispuestos a estar ahí hasta que amaneciera, yendo de una conversación a otra mientras se servían diferentes tragos. Así estuvieron hasta pasadas las 5 AM, momento en el cual el dueño del bar le pregunta al desconocido que qué opina de su mujer. El desconocido contesta que es imposible que conteste esa pregunta porque no la conoce. La conoces, le dice el dueño, es la mujer a la que le estuviste coqueteando la mitad de la noche. Cuando el dueño termina la frase, el desconocido suelta una carcajada y contesta que no le estuvo coqueteando, que simplemente quería conversar con alguien y es más fácil con hablar con una mujer que con un hombre, y que, contestando a su pregunta, le parecía una de las mujeres más feas que había conocido. El dueño del bar y el testigo quedan anonadados (sic) por la respuesta, porque precisamente todos creían que la chica era una de las más lindas y, acto seguido, le piden al hombre que repita lo que dijo y por qué cree eso. “Porque es la verdad”, contesta.
Hasta aquí la historia parece más bien una tomadura de pelo o una noticia inventada, algo de la prensa roja. Pero lo que me llamó la atención realmente de la noticia, es lo que viene después.
Entonces habla el dueño del bar y le pregunta al hombre que si esa es la verdad, por qué ninguno de sus amigos se lo había dicho alguna vez. El hombre contesta preguntándole si conoce el cuento del traje del rey, y que la cosa funciona más o menos así, con la diferencia que sus amigos ni borrachos le dirán la verdad, porque él les regala tragos. Luego le pregunta si quiere a la chica de la que habla. El dueño detrás de la barra contesta que sí, y el otro responde de vuelta que con mayor razón sus amigos le mentirán, "así eres feliz tu y los haces felices a ellos". “¿Y si mi felicidad es que me sean francos?”. “Entonces desde ahora serás un amargado de mierda”.
El dueño se altera, camina de un lado para otro insultando a sus amigos y a la vida, y finalmente saca un arma que tenía bajo la barra, la salta, toma al hombre por las solapas y le exige la verdad. Es esa, le responde el hombre, pregúntale a tu amigo. El me mentirá, y no estoy dispuesto a llevarlo en mi conci… La pistola se disparó y esparció la cara del hombre, a través de su nuca a lo largo de todo el wurlitzer. Acto seguido dijo, según el testigo: “No me queda nada”, y se dio un tiro.
El testigo se encontraba todavía en estado de shock al momento de la declaración.
lunes, 29 de noviembre de 2010
El hombre invisible v/s la mujer invisible
Hace unos días tuve una discusión virtual con una serie de mujeres que se decían a sí mismas Feministas. Yo también me digo a mí mismo feminista, pero en la acera contraria, desde mi dimensión de hombre ¿Por qué? Simplemente porque me es imposible, en esta vida, ser y sentirme como mujer.
Pero esto es secundario a estas alturas, porque en esa discusión nunca tuve siquiera tiempo para demostrar que tenía razón o para que la contrapartida demostrara mi equivocación, simplemente fui reducido a un montón de escombros emocionales, porque yo era incapaz de entender lo que era sentirse invisible, y por ende, todo lo que dijera quedaba invalidado, a nivel racional, porque a nivel emocional me era imposible entender.
Entonces caí en cuenta: estamos solos.
No vale la pena que empiece el discurso con el individualismo al que nos han llevado las filosofías postmodernas, ni que la gente bienpensante (a fuerza de puro discurso) de izquierda o derecha (eje obsoleto a mi entender) quiera lo mejor para todos, aunque solo piensen en sí mismos, escondiéndose en un discurso que tan repetitivo se vuelve vacío. Algo así como un “te amo” que de tanto repetir se gasta, así como el nombre de una calle, que de tanto repetirlo se vuelve calle antes que General del Congo Estrecho.
Entonces la gente se esconde detrás de lo que consideran que han hecho mal con ellos, que todo el mundo o está con ellos o en su contra, porque no logran entender que hay otro en la vereda del frente que lo puede estar pasado mal en otro sentido. Si no es en el sentido que uno piensa que es, no existe. Nadie existe además de mi. YO, YO, YO, YO.
Pensé ¿Es que acaso no se dan cuenta que yo he sido invisible también?¿Que he sido pisoteado libremente por esos que dicen defender la libertad de opinión y la fuerza de los argumentos?¿Es que si no son argumentos en de sus propias creencias no hay pensamiento o sentimiento que valga?
Yo soy mi mundo y lo que me rodea. Yo lo fundo. Yo lo creo. Yo soy el Demiurgo de mi propia realidad. ¿Es que acaso somos responsables de todo un mundo para llevarlo a cuestas?¿Es que acaso somos tan soberbios que no reconocemos (re-conocer) al otro sino en función de mí mismo? Pero es que ni siquiera se trata de eso, sino simplemente de reconocer internamente que el otro puedo ser yo mismo. Que mí mundo es tan válido como el de cualquiera. Que todos somos egoístas y prejuiciosos. Eso lo tenemos todos. Eso nos hace iguales.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Dios está en cada una de las entrañas de las vacas que van al matadero... esperando por salir. (Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut)
“¿Y qué dicen los pájaros?
Todo lo que se puede decir
sobre una matanza; algo así como
«¿Pío-pío-pi?»”
Todo lo que se puede decir
sobre una matanza; algo así como
«¿Pío-pío-pi?»”
Una vez caminé por el cementerio de la ciudad en la que crecí. Esta se encontraba en medio del desierto, así que nunca estuvo muy poblada, excepto por los últimos seis años en los que no he ido.
Y es por eso, tal vez, que solo había tres cementerios no muy grandes, cementerios a la antigua, y un parque para el reposo de las almas (lo que se entiende actualmente como cementerio).
Una de las cosas curiosas de estos cuatro cementerios, es que, por más que busqué dentro de la ciudad nunca encontré el cementerio número 2, y lo busqué mientras caminaba por entre los demás cementerios. Así estuve hasta que alguien me dijo que ese lugar de reposo, así dijo, había sido destruido hace más de veinte años y sobre el habían edificado casas.
La otra curiosidad tiene que ver con la poca “gente” que poblaba esos lugares, porque siempre encontraba nichos vacíos, a pesar que muchas de las tumbas que habían databan del siglo XIX y que habían pagado su lugar a perpetuidad, por lo que no podían ser removidos… perdón, sus restos no podían ser removidos nunca más por el resto de la eternidad. Los demás, lo otros restos, iban a un crematorio que había al fondo del lugar donde eran incinerados todos los “desechos” de las tumbas, así se hace más lugar para los muertos más frescos que llegaban al lugar, y que tenían deudos que podían mantener sus tumbas. Es decir, la sobrepoblación de muertos de una cuidad no la lograba ver por su poca población; porque uno de los cementerios había sido destruido; el otro reciclaba los espacios; y el primero de los públicos, el número 1, donde se enterraban los primeros muertos que no tenían en su cuerpo a Dios –a los demás se los enterraba en la iglesia y sus alrededores-, era un monumento nacional que no podía ser tocado.
Y es aquí donde entra Vonnegut en oposición a Lanzmann, Levi y Frankl, entre otros, y posicionándose un poco en la misma línea de Imre Kertz. Esto porque Billy Pilgrim, protagonista de Matadero Cinco, de este autor, vive la Segunda Guerra, no como un sobreviviente de un campo de concentración ni como un soldado, sino como el ayudante de un sacerdote que nunca encontró, sin armas y vestido de civil. Así presenció la carnicería de Dresde.
Y, a pesar de lo atroz que fue la matanza de Dresde, tan atroz como cualquier matanza –como la Shoah, como los GULAG, o como los experimentos de los chinos sobre su propia población-, el problema queda para los vivos, nunca será un problema para los muertos. Ellos ya están en otra dimensión de cosas, sin necesariamente un cuerpo material, si es que se puede decir así, con el que sufrir. A ellos ya no le preocupa el dolor, por lo menos como nosotros lo conocemos, y si hemos sido buenos en nuestra vida y creemos en algo superior, puede que en ese estado hasta estemos mejor de lo que estábamos en vida.
El problema de los muertos es para los vivos, todos esos que vieron la matanza y el sufrimiento, que tienen algo de conciencia y que, a su vez necesitan descargarla de alguna manera.
Yo no he visto muertos. Yo no he visto la carne humana destrozada, chamuscada o a colgajos desde un hueso o parte de él. Yo no puedo sentir lo que Vonnegut o Frankl, me es imposible, aunque quiera empatizar, son experiencias humanas que no están a mi alcance, y sinceramente espero que nunca lo estén.
Theodor Adorno dijo que después de Auschwitz es una barbarie escribir poesía, entonces somos bárbaros. Porque no se puede negar que nos hemos mantenido adelante a pesar de eso.
Y por eso es que nuestra memoria es tan frágil, porque es parte de lo que tenemos que hacer para seguir viviendo.
Los Trafalmadorianos, raza extraterrestre que aparece en este libro, le dice a Billy que conocen todo el tiempo y lo ven todo: desde el inicio del universo hasta la desaparición del mismo, y aunque saben cómo se destruirá y tienen forma de evitarlo, no lo harán, porque el tiempo es un eterno presente en el que todos están muriendo y sufriendo, pero en el que, al mismo tiempo, todos están vivos y felices. Los muertos están muertos para nosotros porque no podemos ver que siguen vivos y felices en el instante que siguen así, un instante de presente eterno, en otro tiempo. Y la idea de que eternamente siguen sufriendo es la idea de que ellos siguen así, sufriendo muertos.
Entonces, más que culpa por estar vivos, los hombres debiesen estar agradecidos que los demás los hayan dejado estar vivos o tienen como alternativa creer que podrían hacer algo por ese eterno presente de sufrimiento o culparse por no estar muertos y cargar con todos los muertos, y sufrir eternamente un presente que quedó en el recuerdo.
La última alternativa es el suicidio.
martes, 19 de octubre de 2010
Miguel Ángel y las inconclusas: Manos de Hombre (Segunda parte de la completitud)
La expresión de la voluntad
(1) R. Hodson (2000) p. 110
(Fine)
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| Piedad de Rondanini (1564) |
Escapar al momento final, a cualquier final de todos los ciclos que vive el hombre durante su vida, incluso llegar al final de la misma produce miedo, un miedo que tiene que ver con acabar, con llegar al final de un camino que se ha caminado seguro, aunque no se sepa adónde lleva. Sin embargo, Miguel Ángel siempre supo los finales de sus esculturas: desde que veía un bloque de mármol sabía exactamente lo que había en él, lo que debía ser revelado, no importa en realidad si lo hacía para sí mismo o para los demás.
Los dedos estaban ahí, la cabeza estaba ahí cuando empezaba la obra, sin darle descanso, manteniendo el pulso como un hombre lo debe mantener al tomar una espada o un fusil para sobrevivir, para cazar, pero este hombre solo trabajaba en la perfección, ni siquiera en la perfección de sí mismo, sino en la que le era impuesta por la divinidad, sea cual sea.
La misma divinidad era la que guiaba la mano, como si de una profecía ya escrita en el seno de la piedra se tratara y él fuera el encargado de escribirla, pero no con su propia redacción, sino siguiendo las líneas que ya habían sido marcadas, como si fuera un niño que debe apretar el pulso para marcar todo aquello que debe aprender al escribir, al sumar, al dibujar. Miguel Ángel, no obstante, no aprendía nada, simplemente estaba atrapado por la forma primero, y luego por una imagen completa, y a ella se dedicaba, en ella depositaba todo.
Hablar de todo lo que acabó así no tiene sentido. Hablar de todo aquello que lo hizo trascender, que llega hasta nosotros, es una cuestión de mera formalidad arqueológica. Más vale estar de pie junto a todo aquello que destruyó o que no acabó, porque ahí está todo lo que no sabemos de él, está puesta toda su pasión y la voluntad de tratar de acabar algo que no acabó. Ahí no vale la disciplina, como si fuera una droga que nos permite y obliga a vivir. Este no es un soldado que obedece a lo que algo o alguien le ordena. Es lo contrario exactamente. Es trabajar sobre la base de la no supervivencia, es dejarse matar un poco por ver que otra cosa se entrega, es como si nosotros moldeáramos el barro y le diésemos vida, un poco de nuestra vida cada vez, para que pudiera mantenerse solo en el tiempo. Así, por lo tanto, es nuestra voluntad morirnos un poco o totalmente para que la pintura, tinta o mármol se mantengan en el tiempo.
Pero dónde está la voluntad en aquello inacabado. Está en no acabarlo, porque se hace innecesario para la pasión, se hace innecesario para la voluntad alentada por esta pasión. No es un mero acto de disciplina el acabarla.
El hombre que empezó a pulir una piedad florentina para luego destruirla, responde que una de las razones para su destrucción era “porque su criado le había importunado con sus sermones diarios para que la terminara y otra porque se había roto una pieza del brazo de la Virgen. Y todo esto, dijo, así como otras desgracias, incluyendo el descubrimiento de una grieta en el mármol, le habían hecho odiar la obra, había perdido la paciencia y la había roto” (1) . Y es que los esfuerzos siguieron quizás más allá de su propia voluntad, dejando la mano antes a la disciplina, para ver destruido todo por culpa de ella, y siguiendo su voluntad, la destruyó.
Lo mismo ocurre con los esclavos o prisioneros inacabados para la tumba del Papa Julio II, pero modelados hasta el punto que parecen salir, emerger de la roca pero a la vez contenidos, prisioneros por el propio escultor para nunca emerger del lugar donde pertenecen. Quizás ellos también están junto a Caronte, como en la Capilla Sixtina, hombres condenados a tratar de escapar del lugar adonde pertenecen, del que son parte, pero, a la vez, obligados a permanecer ahí, y aunque su esfuerzo sea enorme les es imposible ascender hasta el lugar donde deben/quieren llegar. Es por lo mismo que estas esculturas parecen más humanas, como si no pudieran despegarse de su propia expresividad, de su propia humanidad. Las demás obras del escultor italiano, las acabadas, son o parecen ser casi perfectas, divinas si se quiere (lo llamaban el divino), son los pasos que se siguen en el mármol, desde el infierno al purgatorio para llegar al paraíso, acabando al hombre en su completitud, como obra.
En todas las inacabadas quiso llegar a la perfección y quiso poner un soplo de su propia vida, y a pesar de no terminarlas lo hizo, invirtió y entregó vida, se deshizo de algo de él para luego destruirlo. Es como si todas las manos rotas, los cayos más endurecidos por esta obra, las noches sin dormir, el hambre, el frío y el cansancio no hubiesen servido a nada más que a la destrucción de sí mismo o de una parte de sí, y si es así, entonces sigue primando la voluntad y la pasión. O tal vez el logro de su perfección sea justamente entregarle el soplo de aquello que él mismo era: autorretratos más sencillos, más iguales a él.
Puede que también la Piedad de Rondanini haya tenido esa pequeña perfección de lo que nunca acabo, sin embargo no podemos saber, sobre todo en esta, si fue en realidad su voluntad, si logró a pesar de todo llevar al punto culmine su obra pero sin esa presentación formal que requieren las obras terminadas o el olvido que la voluntad impone a las obras inacabadas.
Entonces las estatuas lloran la muerte del redentor en todas las piedades, pero en esta una madre inacabada llora a su hijo inacabado, juntos, tratando ella de que su hijo muerto no caiga bajo sus pies. No logramos ver claramente la tristeza en su cara, no logramos ver tampoco la expresión de la muerte de cristo en el rostro, pero entendemos que más allá de esta forma inconclusa hay algo que se muestra por completo aunque sin acabar. Ahí están marcadas las manos de un hombre muerto hace más de cuatrocientos años y su voluntad.
(1) R. Hodson (2000) p. 110
(Fine)
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lunes, 27 de septiembre de 2010
Miguel Ángel y las inconclusas: Manos de Hombre (Primera parte de la completitud)
A falta de prólogo o lo que importa viene después
Esta entrada la escribí hace años, con errores, con una serie de faltas que para mi hoy serían imperdonables, pero hay algo de añoranza en ella, hay un algo de aquella época que no es que se añore realmente, si lo hiciera estaría renegando prácticamente de todo lo que he hecho hasta el día de hoy, y no es que me arrepienta de cosas, de muchas, sino mas bien de cerrar ciclos y volver a eso, a lo que deje en ese momento y que me veo en la obligación de completar, para completar todo lo que haga falta, porque no se pueden dejar cabos sueltos, porque las barcas se pierden en el mar y por primera vez en mucho tiempo, creo, puedo confiar en que las barcas no se van a perder; y podré dormir toda la noche como es debido y no preocuparme de lo que puede ser o no, porque, así como la luna obliga al mar a subir o a bajar, mientras los cabos estén atados, la barca no se va a perder, y si lo hace, será guiada por las mareas, y estas a su vez por la luna. De la misma manera hay gente que influye en lo que he sido y seré.
Este post no es el primero de este blog, pero sin duda es el que le da sentido, un sentido de mosaico significativo, que conste de cada una de sus partes pero sea imposible de observar: un mosaico caleidoscópico si se quiere. Y tal vez, tenga que ver también con el sentido de cada una de las palabras, como pequeños mosaicos, que nunca se sostienen por sí mismas (nada hay que se sostenga a sí mismo), sino por aquello a lo que hacen referencia: los sonidos, las cosas, a un mundo que puede que exista o no (como Plutón), pero que también sostienen lo demás, y que al fin y al cabo está, y está bien.
El post que van a leer a continuación ha sido modificado mínimamente, en sus errores, en su estructura y apunta a algo que voy a finalizar la próxima semana, porque todos y cada uno de los que me leen, y sobre todo yo, se merecen que haga lo que trato de hacer de la mejor manera posible. Así, este blog se ha transformado en algo más que un espacio en el cyberespacio, pero a la vez en algo que no existe en ninguna parte...
Las manos del Hombre
Cuando se habla de la Biblia se dice que los versos que en ella están escritos son de inspiración divina, dictados por boca de Dios a los hombres y mujeres que redactaron todas y cada una de las palabras que ahí aparecen. Pero ese soplo divino fue ejercido, ejecutado por manos de carne y hueso. No vamos a discutir aquí la legitimidad de lo que fue inspirado por Dios o si lo fue, sino hablar de algo más concreto: de hombres y de manos, de las cosas hechas.
Se dice del hombre que piensa, y que todo logro es fabricado con sus manos, diez dedos dispuestos a realizar cualquier cosa que comande la cabeza, por lo tanto, comandado por nuestro pensamiento. La división del trabajo tiene que ver con lo que hace el hombre: una parte primero se organiza, se piensa, se hace estrategia, para luego pasar a la acción, y sin embargo, no todo se comanda de esa manera, no todo es movido por la razón, sino también por otras razones menos explicables y entendibles, sensaciones del espíritu si se quiere, liberaciones del mismo. A estas liberaciones del espíritu se les puede llamar emociones. Pero no me interesa hablar de todas ellas, porque no todas ellas nos comandan sino hasta cuando se exaltan, y ahí está la pasión, eso es lo que me interesa.
El hombre se deja guiar por la pasión para matar a la mujer que ama, por ejemplo, y ahí esta el problema, no la mata porque la ame, la mata porque lo apasiona. Entonces, el hecho de matarla no necesitaría mayor explicación, como tampoco el descuartizarla, el arrancar cada uno de los pedazos de su cuerpo tratando de convertirla en un puzzle imposible de reconstruir, porque no existe razón para aquello. Como tampoco existe al momento de maquillar su cara, separada ya la cabeza de su cuerpo, esperando que toda banalidad desaparezca: su sexo, sus senos, sus brazos y piernas, para que quede sólo ella, la residencia de todo en la cabeza, incluso dejando de lado los músculos o las bombas que distribuyen los fluidos al rededor del cuerpo. La cabeza y su cara maquillada, como un acto de arte, en el que no se encuentra a nadie sufriendo. Luego, la sube a su auto en el asiento del copiloto, dejando que duerma todo lo que desee, no interrumpiendo su sueño. Deja que lo acompañe a ver la puesta de sol, después de toda una noche juntos, y se sienta tranquilo junto a ella, como si en realidad nada hubiese pasado.
No se necesita, creo, describir más: esto lo hizo un hombre, y necesitó de sus diez dedos para hacerlo, necesitó de la fuerza de su brazo, necesito ser guiado hasta el cansancio por su razón para realizar los cortes, el maquillaje, pero esa razón fue movida antes por sus deseos para cometer el acto mismo, por la pasión. Esa fuerza que movió sus músculos es la misma que mueve a Miguel Ángel a crispar las manos alrededor de la piedra, y sacar de ella toda la materia que nos nubla la vista de lo que hay detrás.
Las estatuas que lloran
La cabeza envía toda una serie de señales a lo largo del cuerpo, a cada momento, incluso estando inconcientes, actos involuntarios que permiten que vivamos. Los actos voluntarios, que nos ayudan a vivir también pueden ser movidos por actos involuntarios: matar un animal para comer; preparase para la conquista, construir una planta de purificación de agua. Pero el acto voluntario de enviar señales a todos nuestros músculos para que se pongan en tensión, porque se prepara para dar un golpe a una roca virgen, no nos ayuda a pervivir, teniendo como resultado una figura humana o divina. En este caso, los músculos del brazo alimentados constantemente para llegar a dar un golpe, con un martillo sostenido por cinco dedos y sus callos, labrados ellos mismos de tanto labrar, no sirve necesariamente para nada al acto de supervivencia individual o de la especie humana, es una perdida de tiempo, es un acto gratuito que nuestra especie – si es que podemos hablar en esos términos – es capaz de realizar.
Los primates tienen manos y patas que parecen manos, y son tan hábiles como para trabajar con ellos y ellas, y algunos hasta fabrican herramientas. Las hormigas no tienen manos, ni siquiera son tan hábiles con su cuerpo, pero el cuerpo y las manos de las hormigas son todas ellas, y pueden construir galerías tan complejas como el hombre pueda imaginar, pero son todas las galerías iguales, no responden a nada más que a un lugar de habitación. Los elefantes son capaces de hacer maravillas con el extremo de su trompa, son capaces de tomar suavemente los huesos de sus muertos y llevarlos a un lugar común, donde serán venerados por los años que les queden a los elefantes.
El hombre es capaz de construir edificios cuadrados como cuevas, que son útiles para vivir, que protegen de la lluvia, el viento y el frío. Esto lo fabrica con miles de dedos y sus herramientas, que a su vez han sido fabricadas con moldes y robots, que a su vez han sido fabricados con ingenio y con sus dedos, que a su vez están en fábricas que han sido echas con los dedos y con ingenio. Han construido cementerios. Han matado manadas de animales. No han hecho nada que no haya hecho un animal con sus habilidades y sin manos. Aléguenme que son más complejas, más sofisticadas, que el hombre ha evolucionado de una manera que permite a los hombres pensar en las estrellas y llegar hasta allá. Pero no ha hecho nada que no pudiese haber hecho, en el sentido que he mencionado, otro animal que necesita satisfacer sus necesidades de la forma más eficiente posible ¿Dónde está la voluntad del acto? Todo reducido a necesidad.
La cabeza y su cerebro le fue dado al hombre por la naturaleza, por Dios, por Yahvé, por Alá, o por algún experimento de alguna “raza” extraterrestre, que es similar en muchas formas al de los demás animales, e inclusive, hay especies que lo tienen más desarrollado que el nuestro en algunos aspectos, y sin embargo sería uno más entre ellos si no tuviéramos el soporte adecuado y la voluntad… adecuada.
Somos uno de los pocos que podemos suicidarnos, somos uno de los pocos que podemos dejar de comer, somos unos de los pocos que podemos evitar tener hijos y dejarnos llevar por el placer del acto sexual, somos unos de los pocos que podemos comer solamente para hacer cosas inútiles a nuestra propia existencia. Rompernos las manos y no para cultivar; herirnos para darle el tono adecuado al rojo de la sangre del ser que tratamos de representar, y que se está muriendo, y que nos da pena; retratar un campo de flores que sólo tiene colores que son eficientes sólo para ellas mismas, pero que queremos que quede impreso de forma indefinida en cada uno de los conos y bastones del iris, y detrás de ellos. Esto con dedos, y quizás no con todos.
En medio de esto está el hombre que he mencionado, que a los veintitrés años dibujó y esculpió “La Piedad” de la Basílica de San Pedro. A los veintinueve nos mostró como debía ser un hombre perfecto, David. Y usó toda la fuerza de su cuerpo para llegar a eso, para moldear cada una de las cosas que estaban bajo el mármol, pero, sobretodo, usó la fuerza de los dedos para moldear cada uno de los contornos, llegar hasta la tensión de los tendones en los pies, o las venas del brazo luego del esfuerzo. También hay fuerza en lo que es plano, hay fuerza en los colores que no parecen colores o coloreado, parecen parte te algo que está vivo, que se confunde entre lo dibujado y lo esculpido, o entre lo vivo o lo muerto. La Capilla Sextina se abalanza con todo el peso de esas personas sobre ti, con el peso de los ropajes desde el techo, y solo Dios es sostenido por los ángeles, para que no caiga sobre nosotros, porque adán no podrá sostenerse una vez que Dios aleje su dedo. Los que escalan las paredes de la capilla pesan y hacen fuerza con cada uno de sus músculos para escapar del fuego, de un Caronte que tensiona sus brazos en un remo, con la ira de quien va a matar a alguien que está muerto. Algunos son ayudados por los que están arriba, otros son abrazados por los mismos castigados para sumarle peso al propio peso.
La única manera que queda para escapar es dejando que la manos hagan la fuerza necesaria para que el pincel no pase de largo, para que el cincel no pase de largo. Es la redención que buscan los que tienen la desesperación pintada en la cara, los que tienen la tranquilidad están al lado del Hijo. Los que están bajo un látigo casi infernal son los que ayudan a Miguel. Ellos eran la extensión de lo que no necesitaba hacer.
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sábado, 18 de septiembre de 2010
Gainsbourg, el arte de la exageración: J'fais des trous, des p'tits trous…
Las orejas de mosieur Gainsbourg eran enormes, enormes hasta para un orejón. Ellas parecen dos caracoles prehistóricos ajustados estéticamente a los lados de la cabeza, simétricamente puestos para un contrapeso justo, como el de los ascensores, para que los sonidos cupiesen con toda su energía en ellos y anidaran.
Las orejas de mosieur contienen no solo sonidos, contienen al mundo, un mundo que no fue revelado sino hasta cuando llegó a la composición, de la mano de la trompeta con patas de Vian, de Boris Vian.
Ni hablar de su cabeza, una cabeza Magrittiana, una cabeza verde azul, de col, con caracoles escondidos bajo sus hojas, dos grandes caracoles moribundos.
Y qué serían los caracoles y la cabeza de col sin un corazón gigante que se dejaba llevar por la belleza de la música y de la carne.
No es necesario pensar en la risa negra que completa el conjunto, una risa que se rie de la pena judía en el corazón de sheriff del niño Lucien, que Serge no había nacido aún, era la sombra de un monstruo imaginario por nacer, que vería la luz algunos años antes que Altazor, pero con el mismo gusto por la vida, tratando de vivirla a ver si es capaz de morir en el intento.
Les extraits du Reader Digest (los extractos del Reader’s Digest
Et dans c'bouquin y a écrit y en este libro está escrito
Que des gars s'la coulent douce à que los chicos disfruten en
Miami Miami
Pendant c'temps que je fais l'zouave mientras trabajo como un tonto
Au fond d'la cave al fondo de un sótano
Paraît qu'y a pas d'sot métier parece que no hay trabajo
Pendant c'temps que je fais l'zouave mientras trabajo como un tonto
Au fond d'la cave al fondo de un sótano
Paraît qu'y a pas d'sot métier parece que no hay trabajo
[más estúpido
Moi j'fais des trous yo, haciendo pequeños hoyos
dans des billets* en los billetes)Moi j'fais des trous yo, haciendo pequeños hoyos
Y es así.
La cabeza, los caracoles, el corazón, la risa negra y una nariz judía opacada por el resto, se nos presentan de frente con un collage de fondo: al lado del corazón la Bardot, Birkin y Charlotte, con fotografías antiguas pero en color, un poco amarillas y desteñidas por el tiempo, pero de pie. Sobre dentro de la cabeza de col Vian y los surrealistas, retratados en blanco y negro, más en un negro profundo, como una borrachera con sombra, algo que se desvanece totalmente.
J'en ai marre j'en ai ma claque (Estoy cansado de eso,
[he tenido suficiente
De ce cloaque de esta cloaca
Je voudrais jouer la fill'' de l'air querría jugar a la chica del aire
Laisser ma casquette au vestiaire dejar mi gorra en el guardarropa
Un jour viendra j'en suis sûr el día vendrá, estoy seguro
Où j'pourrais m'évader dans la nature en el que me podré evadir
De ce cloaque de esta cloaca
Je voudrais jouer la fill'' de l'air querría jugar a la chica del aire
Laisser ma casquette au vestiaire dejar mi gorra en el guardarropa
Un jour viendra j'en suis sûr el día vendrá, estoy seguro
Où j'pourrais m'évader dans la nature en el que me podré evadir
[en la naturaleza
J'partirai sur la grand'route me iré por la gran ruta
Et coûte que coûte y cueste lo que cueste
Et si pour moi il n'est plus temps y si no hay más tiempo para mi
Je partirai les pieds devant partiré con los pies por delante)
J'fais des trous, des p'tits trous, (yo hago los hoyos, pequeños hoyos,
J'partirai sur la grand'route me iré por la gran ruta
Et coûte que coûte y cueste lo que cueste
Et si pour moi il n'est plus temps y si no hay más tiempo para mi
Je partirai les pieds devant partiré con los pies por delante)
J'fais des trous, des p'tits trous, (yo hago los hoyos, pequeños hoyos,
encor des p'tits trous aún más pequeños hoyos
Des p'tits trous, des p'tits trous, pequeños hoyos, pequeños hoyos
Des p'tits trous, des p'tits trous, pequeños hoyos, pequeños hoyos
toujours des p'tits trous siempre pequeños hoyos)
Y a d'quoi d'venir dingue y eso es lo que me tiene chalado
De quoi prendre un flingue lo que me hace tomar un arma
S'faire un trou, un p'tit trou, y hacer un hoyo, un pequeño hoyo,
Y a d'quoi d'venir dingue y eso es lo que me tiene chalado
De quoi prendre un flingue lo que me hace tomar un arma
S'faire un trou, un p'tit trou, y hacer un hoyo, un pequeño hoyo,
un dernier p'tit trou un último pequeño hoyo
Un p'tit trou, un p'tit trou, un pequeño hoyo, un pequeño hoyo,
Un p'tit trou, un p'tit trou, un pequeño hoyo, un pequeño hoyo,
un dernier p'tit trou un último pequeño hoyo
Et on m'mettra dans un grand trou y me meterán en un gran hoyo
Où j'n'entendrai plus parler d'trou donde nunca más escucharé hablar
[de hoyos
De petits trous Pequeños hoyos….
Toda la risa encapsulada en lágrimas.
La muerte sin duda no lo persiguió a él en particular, la muerte no persigue a nadie, nosotros perseguimos la muerte, siempre vamos un paso detrás de ella y él nunca la quiso alcanzar, simplemente quiso perderse un poco de todo, reírse de sí, reírse del amor perdido de Bardot, reírse de la alegría a medias con Birkin, llorar de risa con la estupidez de los periodistas y de la gente.
Je vis au cœur d'la planète (vivo en el corazón del planeta
J'ai dans la tête tengo en mi cabeza
Un carnaval de confettis un carnaval de confeti
J'en amène jusque dans mon lit que traigo hasta mi cama
Et sous mon ciel de faïence y bajo mi cielo de loza
Je n'vois briller que les correspondances Todo lo que veo brillar son las
[luces de los enlaces del metro
Parfois je rêve je divague A veces yo sueño, divago
Je vois des vagues veo vacío)
J'ai dans la tête tengo en mi cabeza
Un carnaval de confettis un carnaval de confeti
J'en amène jusque dans mon lit que traigo hasta mi cama
Et sous mon ciel de faïence y bajo mi cielo de loza
Je n'vois briller que les correspondances Todo lo que veo brillar son las
[luces de los enlaces del metro
Parfois je rêve je divague A veces yo sueño, divago
Je vois des vagues veo vacío)
Hoy no conozco a nadie más clásico que él, heredero y portador de la chanson française, como si se tratara de un fuego prometéico, llevándola al rock, al disco, al reggae, como su Masellesa destronada, más clásica que todo lo anterior, de él, un francés por casualidad o por obligación de vivir.
Sin embargo, musieur nunca estuvo loco, nunca fue un exagerado, siempre tuvo los pies más en la tierra que los ángeles que él amaba.
En realidad todo era mentira, un cuento, una película de Joann Sfar…
Gainsbourg nunca existió, era simplemente Lucién niño que soñaba con ser Gainsbourg, con ser la cabeza de col, con Melody Nelson y Gainsberre, con ser un muerto enfermo del corazón el año 1991
*La letra corresponde a extractos de esta canción
Bonus track:
Je t'aime... moi non plus
Je bois (Boris Vian)
C'est tout
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sábado, 11 de septiembre de 2010
Envejecer cool electrónicamente: Losing My Edge - LCD Soundsystem.
"I hear everybody that you know
is more relevant
than everybody that I know"
LCD Soundsystem - Losing My edge
Losing My Edge: comentarios de Murphy sobre la canción, letra y traducción aproximada.
En general, nunca he sido un particular fan de la electrónica, me gustan ciertas bandas, ciertos dj's, ciertos temas, pero mi alma rock no me dejaba entrar a una fiesta rave o a un festival como lo era antaño Sonar, en Barcelona. Ambas constituían una experiencia insoportable, me era imposible entenderlo sin paraísos artificiales, hasta que me topé con LCD Soundsystem, y sobre todo, con su primer tema: Losing my edge.
El tema me dejó impresionado, no sólo por su carga de psicodélia, no sólo por su carga rock -a pesar de que es evidentemente un tema electrónico-, sino por el contenido de la letra en conjunto con el acompañamiento musical.
La canción es vieja, data del año 2002, cuando el autor tenía probablemente (aún no sé su edad con certeza y espero no saberla, como tampoco si es el único autor) 32 años, y fue lanzada como single.
En ella que quien habla ya se siente viejo, que el tiempo se le estaba pasando como se nos pasa a todos, pero no en un sentido como lo efímero de la vida o la muerte que se acerca, sino de algo que creo va mucho más allá. No es tampoco esa mentada “middlelife crisis”.
El tema, me parece, tiene que ver más con la sensación de añejo, de lo que se nos convierte en algo de otra época, pero reconocible. No me refiero a ese sentimiento existencialista del objeto para la vida, de la existencia de Dios, de mi apego a la vida; hablo más bien de un departamento empapelado, en el que podemos reconocer que el edificio pertenece a la década de los sesenta, y que el papel de las paredes pertenece a finales de los setenta, pero que no soportó el tiempo y el edificio se hizo anacrónico entre los demás, las habitaciones siguieron vacías por mucho tiempo y el sol quemó las paredes logrando que muchas de las puntas del empapelado cayera y se borronearan los colores transformándolos en un amarillo desteñido. Pero todo eso sigue en pie, rodeado de edificios nuevos, siendo útil pero sin uso a causa del mismo anacronismo. Tampoco será considerado una pieza de museo porque es igual que todos los demás edificios, sin una noción de identidad, un circo romano en ruinas, que no es el Coliseo, una torre inclinada que no es la de pisa, en suma, la última casa en pie de todas las casa de una villa, exactamente iguales, aunque esta haya sido la mejor villa de las villas de todas las épocas.
Así creo que la canción representa un alegato de quienes fuimos y quienes somos, como dinosaurios vivos inútiles, aunque hayamos sido los mejores de nuestra época, cosa que irremediablemente funciona como un edificio de pie, útil pero vacío.
La canción dice: estuve ahí el 68, el 74, el 88 en Ibiza; fui el primero, fui el mejor, pero ahora todos me están dejando atrás, fuera de onda.
Porque aunque todos seamos parte de la ola que viene, la hayamos creado, hayamos navegado en ella, inevitablemente reventará sin nosotros. Nuestra propia ola, la que reventó con nosotros, la hicimos reventar hace años, siglos nos puede llegar a parecer. Y, a pesar de todo, Murphy y compañía, con esa queja, a los supuestos 32 años –quizás 30- hizo reventar una ola y ahora navega en otra. La queja por lo tanto era cínica, o tal vez pensaba que hacía lo último y que su ola hace tiempo había reventado u otros la hicieron reventar.
Pero eso es lo de menos. Puede que todo lo que acá esté dicho esté mal.
Sea cómo sea “the kids are comming up from behind”.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Por qué todos odiamos a Banksy? (Tercera parte y Final: The answer)
Entonces, por qué odiamos a Banksy?
Tal vez porque todos nosotros hemos escondido aquello que nos atrae de los niños de pintados en las paredes; de la naturaleza; de lo primitivo; y, por tanto, queremos esconder aquello que somos también, aquello que nos hace vulnerables: queremos alienarnos del dolor propio y proyectarlo en quienes todavía lo sufren para nuestro propio alivio -siempre habrá alguien en peores condiciones que yo... ¡qué alivio!-.
Todo en Banksy es nuestra propia realidad moral y ética que destruye lo que nos rodea y nos aleja de lo que podríamos llegar a ser. Relativiza absolutamente el progreso, la caridad, el sufrimiento, en definitiva, una serie de valores que consideramos correctos, pero que sin embargo nos han llevado a cosas como estas:
Así, también, todo en Banksy nos restriega en la cara nuestros sutiles olvidos, nuestro entrar absolutamente en un juego que nos va a matar, que va a matar a nuestros niños y que no queremos ver, porque es más fácil reír y pensar en el buen chiste que nos muestra, en una crítica lite a la sociedad, y no ver que todo eso que está ahí, que fue, es y será nosotros. Todas las paredes que están a nuestro alrededor somos nosotros
y él se gana la vida a costa de ellas, a costa de nuestra estupidez.
La esperanza que nos queda es tratar de entender lo que dicen las calles de las cuidades donde vivimos y hemos vivido, desnudar el concreto, mirar de frente a la gente que nos cruza y mirarse a sí mismo dentro de este micromundo que consideramos nuestro -me refiero a nuestra propia vida-, y ver si podemos vivir con el peso de nuestro propio reflejo.
Si fuéramos concientes de eso, todos odiaríamos a Banksy. Pero, a lo sumo nos causa envidia que critique al sistema y lo use para su propia supervivencia. A eso, NOSOTROS, lo llamamos contradicción. De todas maneras lo odiamos ¿o no?
http://www.banksy.co.uk/
(FIN...)
Tal vez porque todos nosotros hemos escondido aquello que nos atrae de los niños de pintados en las paredes; de la naturaleza; de lo primitivo; y, por tanto, queremos esconder aquello que somos también, aquello que nos hace vulnerables: queremos alienarnos del dolor propio y proyectarlo en quienes todavía lo sufren para nuestro propio alivio -siempre habrá alguien en peores condiciones que yo... ¡qué alivio!-.
Todo en Banksy es nuestra propia realidad moral y ética que destruye lo que nos rodea y nos aleja de lo que podríamos llegar a ser. Relativiza absolutamente el progreso, la caridad, el sufrimiento, en definitiva, una serie de valores que consideramos correctos, pero que sin embargo nos han llevado a cosas como estas:
Así, también, todo en Banksy nos restriega en la cara nuestros sutiles olvidos, nuestro entrar absolutamente en un juego que nos va a matar, que va a matar a nuestros niños y que no queremos ver, porque es más fácil reír y pensar en el buen chiste que nos muestra, en una crítica lite a la sociedad, y no ver que todo eso que está ahí, que fue, es y será nosotros. Todas las paredes que están a nuestro alrededor somos nosotros
y él se gana la vida a costa de ellas, a costa de nuestra estupidez.
La esperanza que nos queda es tratar de entender lo que dicen las calles de las cuidades donde vivimos y hemos vivido, desnudar el concreto, mirar de frente a la gente que nos cruza y mirarse a sí mismo dentro de este micromundo que consideramos nuestro -me refiero a nuestra propia vida-, y ver si podemos vivir con el peso de nuestro propio reflejo.
Si fuéramos concientes de eso, todos odiaríamos a Banksy. Pero, a lo sumo nos causa envidia que critique al sistema y lo use para su propia supervivencia. A eso, NOSOTROS, lo llamamos contradicción. De todas maneras lo odiamos ¿o no?
http://www.banksy.co.uk/
(FIN...)
sábado, 28 de agosto de 2010
Por qué todos odiamos a Banksy? (Segunda parte: The land of the bro-ken dreams)
“Come hither! bury thyself in a life which, to your now equally
abhorred and abhorring, landed world, is more oblivious than death”
Herman Melville.
Moby Dick or the White Whale. CXI
abhorred and abhorring, landed world, is more oblivious than death”
Herman Melville.
Moby Dick or the White Whale. CXI
Más allá de la risa, de la ironía y del sarcasmo está otro Banksy, uno más inocente que al parecer no cree en el mundo, pero pone toda su fe en él. Y me refiero a FE, algo en lo que racionalmente no podemos creer, pero que se aloja en alguna parte de nosotros –el corazón si se quiere-. Y es a la vez, esta misma fe la que produce la desazón de sus niños y hombres retratados, porque muchos de esos seres han perdido la esperanza, la inocencia o, por el contrario, la mantienen.
Lo que predomina en la obra de Banksy son los niños; los hombres y mujeres solitarios y tristes, o a punto de ser despojados de algo; lo primitivo, ya sea en forma de hombres primitivos o de naturaleza cruda; los objetos que desnudan la realidad en la que vivimos; la autoridad –en forma de policías o soldados-; y, finalmente, las intervenciones a obras clásicas. Sin embargo, lo que más me interesa es lo que no está relacionado con estos dos últimos puntos, es decir, todo lo que tiene que ver principalmente con la inocencia y la pérdida o recuperación de fe.
Los niños nos miran de frente. (no estamos perdidos)
Casi todos los niños que pinta Banksy están enfrentándose a algo, están cometiendo acciones, están de una u otra manera reb(v)elándose, estableciendo un caos, poniéndose a todo lo que somos a todo lo que son. No obstante, por momentos, pareciese que estos mismos niños se están haciendo cargo del anhelo de cada uno de nosotros, una suerte de retorno a esos juegos, casi sin maldad, pero que pueden caer en ella en cualquier momento, una suerte de paraíso perdido, pero sin lo infernal de William Golding, sino solo una especie de caos inocente que nos llamó en algún momento.
De todas maneras, es cierto que muchas de estas visiones de niños son desesperanzadoras, ya que la mayoría de ellos se encuentran en un mundo de adultos, liderado, vivido y pervertido por ellos, lo que provoca en nosotros la ternura de la inocencia perdida dentro de esta perversión: niños vestidos de adultos, jugando con cuestiones que no les está permitido, acercándose al peligro de lo que todos nosotros somos: viejos faltos de algo más puro, de una inocencia perdida en algún punto del camino a la maduración.
Y a pesar de todo lo anterior, ellos justamente son la esperanza, y no porque representen al “niño que todos llevamos dentro” o porque sean “el futuro del mundo”, porque no lo serán: el futuro que le espera al mundo está dominado en un eterno presente por los adultos, que pueden ser aún inocentes, pero ya corrompidos por un caos disfrazado de orden, que no sabemos si pertenece a algo externo o interno –y definitivamente no somos necesariamente un buen salvaje-. Y es este mismo caos el que combate Banksy, porque prefiere que las hipocresías se diluyan en un caos; caos, sin disfraces de ningún tipo. A fin de cuentas, ellos son la esperanza porque ellos permanecerán niños por los siglos de los siglos, o por el tiempo que permanezcan pintadas esas paredes, y porque ellos, cada vez que pasamos de frente a esos graffitis, nos recuerdan que todavía podemos ser inocentes, aunque seamos adultos jugando con juguetes de adultos, con lo que ellos juegan sin perder esa inocencia porque una figura nunca podrá perder ni evolucionar nada de lo dado.
Así mismo funciona la naturaleza, lo primitivo, pero más que una vuelta a ello o a una inocencia perdida, nos acerca a un tipo de ingenuidad, como los animalitos que se acercan por curiosidad a una trampa y terminan muertos, pero nos reímos de esa ingeuidad. Los hombres frente al abismo
Ahí están parados, siendo sometidos por sí mismos, condenados por un pasado y un presente que no vemos y definitivamente sin ningún futuro. Ahí están, sodomizados por lo que no fueron capaces de luchar o por no tratar lo suficiente, o simplemente están a la espera de caer en el olvido. Sentados, mirando para todas partes. Solos, luego de pelear guerras que sirvieron a otros. Y Ahí se encuentran con los niños, jugando con las mismas armas que jugaron los niños, pero con una inocencia, no perdida, con una ingenuidad, no olvidada, sino escondida, como todo lo que no queremos ver y que es aquello que Banksy nos quiere mostrar.
http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)
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