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sábado, 2 de julio de 2011

Salir a correr sin ser atleta profesional
o "El Síndrome de la Rueda de Hamster".
(Clasificación de enfermedades mentales no descubiertas)

A.- Sociales
Salir a correr sin ser atleta profesional (III) 




A Patricia D...

Una de las características humanas que más me ha llamado la atención en mis años de práctica, es la capacidad que tiene la mente de recuperarse de muchos trastornos y del cansancio mental a través del ejercicio físico. El asunto, sin embargo, no se hizo patente hasta que me descubrí mirando a un grupo de pacientes que salía a correr todas las mañanas con una disciplina militar.

Puede que sea necesario aclarar en este punto que ninguno de ellos tenía desordenes asociados a la compulsión o a la obsesión, y quizás esa sea también la razón por la cual me quedara como hipnotizado por ellos.

Así las cosas, no  era extraño que los pacientes se ejercitaran, lo que sí era extraño era que una de los pacientes que atendía  a diario en el mismo centro, no solo se negara al ejercicio, sino que además lo cuestionara como método para ayudar a la mejoría para cualquier afección mental. Al menos el ejercicio como nosotros lo entendemos.

Su nombre era Ximena y nunca en su vida, según su propio discurso, había sufrido de stress o de cansancio mental. Ella, por lo demás, no era una profesional que estuviese expuesta a las presiones de la vida laboral, sino una mujer que se había dedicado su vida a ser dueña de casa, teniendo a su servicio empleadas para lo que fuese necesario. Pero no nos adentremos más en su vida privada, que no nos interesa tanto como el asunto que disparó mis investigaciones: su hamster

También es importante mencionar que ella sí creía que en realidad se ejercitaba, que todas las mañanas trataba concientemente de estar mejor por medio del ejercicio, no el que hiciera ella, sino el que hacía su hamster: Tomás.

Ella levantaba todos los días a Tomás a la misma hora que se levantaba, ponía un poco de comida en su jaula, lo veía llenarse el hocico y volver a su madriguera –un calcetín-, y mientras Tomás comía en su hogar, fuera de la vista de todos, Ximena desayunaba, luego se estiraba, se vestía y golpeaba la jaula del roedor. Tomás salía, se subía a su rueda y se ponía a correr. Ximena lo miraba abstraída, obserando las patitas del animal y contando las vueltas que daba.

“Yo había sabido desde siempre por qué corren los hamster, me dijo un día, o al menos lo supe desde el momento que ví uno. La mayoría de la gente cree que los esos ratoncitos corren porque no tienen nada mejor que hacer que correr en su rueda sin llegar a ninguna parte, que el instinto los llama a la rueda, y corren hasta que sienten que han cumplido con lo que tienen que hacer, aunque no hayan cumplido nada. Tomás suele correr una hora seguida ciertos días y otras corre cinco minutos y descansa, y luego vuelve a correr. Así sigue hasta que completa la hora. Todos los días completa la misma hora.”

“Él, me imagino, corre porque tiene que correr, porque los hamster corren en las jaulas todos los días en todas partes, pero ninguno sabe por qué corre y yo sí, por la misma razón que corre todo el mundo…”. No dijo nada más ni quise preguntar por el momento.

Días después, en una de mis rondas, por la mañana, vi que miraba correr a los pacientes alrededor de la cancha, y súbitamente me miró y dijo: “todos corren porque quieren salir”. Y así es en efecto.

En este ciclo de conferencias que querido mostrar la existencia de enfermedades y síndromes no descubiertos que se hace necesario investigar. En este caso el síndrome estaría provocado por cualquier tipo de encierro -físico o metafísico- y su síntoma más común, el hecho de correr, ni siquiera en forma compulsiva, sino simplemente correr, como si se entrenara para una maratón o si se quisiera tener mejor estado físico, sin llegar a ninguna parte.

La gente que sufre este mal suele inscribirse en todas las competencias que les parezcan atractivas (que suelen ser casi todas) y que calce con sus modus vivendi para no parecer una persona anormal. Este último punto es el más importante, ya que ayuda a la justificación del “Síndrome del la Rueda de Hamster”, provocando que el paciente solo asocie el correr al bienestar físico y la competencia a un acto social.

Hasta aquí todo debiese estar en orden. Todas las personas suelen producir espontáneamente endorfinas luego del ejercicio y esa es justificación suficiente para correr, no obstante no es razón suficiente para inscribirse en competencias. De hecho, si lo pensamos racionalmente, una persona que se inscribe en cualquier competencia, lo hace pensando que tiene alguna oportunidad de ganar, si no, no sería necesario todo el ritual que siempre se hace en esos casos –inscripción pagada, asignación de una identificación numérica, reglas de eliminación, etc.-, ni tampoco sería necesaria la existencia otro premio que no sea el mismo hecho de competir y convertirse en un primus inter pares, si no se encuentran en un nivel profesional. Incluso, de necesitar estar entre un grupo que reafirme socialmente, como institución, el hecho de ser un ganador, puede crearse una fundación o grupo, dividido en niveles, que mida constantemente el progreso de los miembros, permitiendo al ganador de un nivel ascender al siguiente en función de sus logros. Pero podemos reducir más toda esa problemática dejando que el corredor solo se vaya midiendo con personas que tengan un nivel mayor.

A pesar de lo anterior y según los resultados de mis investigaciones, creo que los corredores no aceptarían aquellos métodos que no formaran parte de una competición tradicional, como las conocemos hoy. Y voy más allá del hecho de medirse en una competencia real, ya que si tienen la disciplina suficiente –que al parecer, la tienen-, bastaría con que todos los que tuviesen la misma corrieran juntos para que fuera una experiencia “real”, válida, y no un entrenamiento o “ensayo”.

De ahí que, sabiendo que muchos de ellos no se entrenarán nunca lo suficiente para ganar una carrera, y/o que se inscriben constantemente en carreras teniendo la seguridad que les será imposible ganar, las preguntas que aparecieron en mi investigación son ¿Para qué se inscriben? y ¿Por qué corren? La respuesta pareciese ser para escapar ¿De qué? Nadie sabe, por eso no se ha descubierto esta enfermedad.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Sindrome Cobain


Primero que todo, debo pedir disculpas a mis lectores asiduos y a los que pasan a ver las imágenes, se las roban y se van, porque he cortado la serie que correspondía y he pasado a otro tema, esto de ninguna manera significa que deje la serie de lado, sino más bien, profundiza en el conocimiento de la misma. Pero dejémosnos de rodeos y vamos al grano.

El título de la entrada no tiene nada que ver con el suicidio de Cobain -al menos no en primera instancia-, no es una enfermedad no descubierta, ni siquiera se sabe a ciencia cierta si es que en realidad era una enfermedad o una forma de vida que induce una y otra vez a circulos viciosos continuos.

Cierto, todos vivimos en constantes circulos viciosos, de una u otra manera: la rutina, el trabajo, las vacaciones, los días de la semana, los años, los demás; y cuando salimos de uno de estos círculos entramos en otros, más breves o más cortos, pero igual de centifugos.

Cobain vivió eso como un dolor de tripas. No es, evidentemente, que pusiera todas sus tripas en sus presentaciones o que en sus canciones se desangrara siempre, en sentido metafórico o metonímico si se quiere, sino que cantaba como un vómito del alma: Cobain literalmente vomitaba sus canciones -muchas de ellas se inspiraron en sus vómitos-, les dedicaba canciones a sus vómitos de sangre, a la sangre rodeada por mierda que quedaba flotando en el baño.

Normal. A casi todos les pasa alguna vez, eso de estar en el fondo del baño esperando desangrarse. No es ninguna maravilla, no se necesita ser una estrella del rock ni un retardado mental para sufrir una enfermedad del tracto digestivo, pero seguramenete la mayoría de nosotros hacemos canciones de eso.

Generalmente entendemos este hastío del grunge/garage de Seattle como la expresión de una juventud nihilista o existencialista: la importancia del vivir o no y para qué. En realidad, a lo que le cantaba Cobain era al dolor de panza, a las tripas literalmente destripadas, que todos lo vieran como otra cosa es problema de los demás.

En este punto es imposible no recurrir a Braveheart, pensando en cómo William Wallace es capaz de gritar FREEEEEEEDDDDDDOOOOOOOOOMMMM!!!! mientras el verdugo lo destripa. El despliegue de coraje hace que cualquiera con corazón suelte una lágrima, más todavía cuando desde la torre lo escucha la mujer que lo ama. No quiero pensar en el personaje histórico Wallace, prefiero pensar en Cobain y en su sindrome, que quizás también podría ser el sindrome Gibson, pero con una diferencia: Cobain sentía que se moría porque quizás tenía un caso agudo de cólon irritable que necesitaba algún tipo de paliativo, el problema es que el cólon solo necesita de algunos antinflamatorios que lo alivian parcialmente, el alivio total de esta enfermedad viene por la felicidad y la despreocupación. Por su parte, Gibson, solo pensaba en la representación dramática de la muerte de un héroe escocés que no alcanzó más que una vida pírrica en la realidad, pero que se transformó en una especie de animal mitológico medieval. Aunque los dos gritaban su destripamiento al mundo.

Así, la depresión de Cobain tenía un origen anatómico: calza perfecto con sus vómitos y diarreas, con su colon irritable y, luego, su adicción a la heroína como alivio de ese mal: "si ya parezco un Junkie, pensaba, por qué no serlo completo si me alivia". El circulo vicioso se va cerrando hasta convertirse en un punto negro que es fácil de sacar con cualquiera de esas banditas anti puntos negros. Todos los circulos viciosos se cierran, todos los puntos negros desaparecen -aunque la ley de Lavoisier diga lo contrario-, y toda la naturaleza continúa sin nosotros. El único problema que nos queda por solucionar es el problema metafísico, ese de cuando nos preguntamos cuándo vamos a cerrar este círculo -sea a lo que sea que esa pregunta se refiera- que nunca terminamos de cerrar.

El sindrome Cobain, entonces, se entiende como los circulos viciosos que llevan a suicidio que seguramente nos llevará a otro circulo vicioso.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Llorar en la Calle
(Clasificación de enfermedades mentales no descubiertas)

A.- Sociales

Llorar en la Calle (I)

El entorno donde he hecho estas observaciones suele ser el centro de la mayoría de las ciudades en las que he estado, porque el desconocimiento geográfico y social de ellas me dejó atrapado en ese espacio –imagino que en muchas habrá lugares especiales para desahogar las penas, lugares para llorones que yo no conocía-, dónde también tuve la posibilidad de ver toda la mierda de las ciudades las veinticuatro horas del día.

Ahí ví gente llorar, y cuando digo gente me refiero a toda clase de personas: ancianos, jóvenes, ateos, presuntos terroristas, homicidas, niños, abuelos, huérfanos de diferentes edades, etc. También las razones por las que lloraban eran diferentes: porque habían perdido un dulce, porque el amor de alguien los había dejado (en la mayoría de los casos de manera física), porque sus vidas no seguían el camino deseado o justamente por la razón opuesta. Además, todos ellos son quienes generan y ayudan a propagar la enfermedad, la entregan a otros para que la porten, y los brotes tienden a asemejarse al resfrío común, ya que se extiende mucho y muy rápido, principalmente por el morbo de la gente.

A partir de estas observaciones, he detectado que quien sufre esta enfermedad, a pesar de lo que se puede creer, es quien mira al llorón. Quien mira al llorón siente una especial simpatía, una simpatía particular sobre todo si el llorón es un desconocido, lo que se conjuga además con la empatía, que lleva a desviar la mirada, apretar los párpados con fuerza y seguir camino, como si nada, a pesar que en su cabeza quedan dando vueltas las razones que llevan a una persona a llorar en la calle, lejos de la intimidad y sin razón trágica-accidental aparente. Esta misma serie de razones, más la empatía, generan un estado de melancolía que lleva al no-descubierto-paciente a reflexionar acerca de los errores cometidos cuando niño; la decisión esa tarde de llegar a casa por el camino más largo y no por el más fácil; de olvidar a propósito como andar en bicicleta; entre otras, pero que venían de ninguna parte –el no-descubierto-paciente siempre contesta que no lo recuerda, que no sabe, que fue una idea que se anidó del a nada en su cabeza-; y otros, que son siempre invariables y no tienen mayor importancia en el presente, pero que pueden ser tan intensos que pueden eventualmente llevar a la muerte por licuefacción: el paciente cae en un estado de melancolía profundo que lo lleva a llorar por las calles sin razón aparente –lo que contagia la enfermedad-, hasta que se licuefacciona en el ultimo lugar que se lo vio llorar, que suele ser, por lo general en el medio de la calle. Esta es la causa de la muerte-desaparición del sujeto, porque, hasta donde tenemos conocimiento hoy, sería imposible identificar el líquido que se encuentra en un lugar con alguna de las personas desaparecidas.

No me es posible entregar más detalles de los que he entregado con respecto a  esta primera clasificación, así que en esta, como en las demás, aceptaré cometarios pero no preguntas.

jueves, 10 de marzo de 2011

Clasificación extensa de enfermedades mentales no descubiertas.

Hoy en día no se tienen estudios confiables acerca de todas las enfermedades que no han sido descubiertas y que eventualmente podrían poner en peligro la supervivencia de la especie humana, por lo que he dedicado mi vida completa a generar una serie de estudios que me permitan predecir las enfermedades que nos podemos encontrar en el futuro en todos los contextos posibles de existencia. Sin embargo, los resultados no los he podido traducir en enfermedades biológicas y solo he podido extenderme en el campo de mi especialidad: la psicología

La Metodología ha sido poco Ortodoxa, simplemente he tomado algunos comportamientos de mi realidad más adyacente y he tratado de explicarlos por medio de la posibilidad que impliquen una enfermedad mental en el futuro, es decir, he imaginado los problemas que podrían desarrollar las personas de acuerdo a estos comportamientos. Con todo, no he podido llegar a resultados concluyentes respecto de las enfermedades futuras. Es por eso que lo que presentaré como enfermedades no descubiertas los comportamientos que les dan origen.

Así el listado se divide de la siguiente manera:

A.- Sociales

-    Llorar en la calle (I)
-    Escribir en las paredes, árboles, baños, etc. (II)
-    Salir a correr sin ser atleta profesional (III)
-    Discutir con todo el mundo (IV)
-    Esconderse en el baño ante cualquier problema (V)

B.- Individuales

-    No soñar constantemente (VI)
-    Poner atención a los pájaros cuando cantan (VII)
-    Desear fin satisfacer el deseo por imposibilidad (VIII)
-    Hablar solo sin ponerse atención a sí mismo (IX)
-    Masturbarse en secreto (X)

Los comportamientos antes descritos no solo pueden llevar, en su gran mayoría, a problemas de personalidad, sino también a raquitismo, enfermedades al corazón (taquicardia y bradicardia crónicas) y, eventualmente, escorbuto. Lo más probable es que estas enfermedades sean somatizaciones del mal funcionamiento mental y que tengan que ver siempre con la falta o sobredosis de algún elemento (sic).

Para el caso no es preciso que las descripciones sean exhaustivas sino en la medida que sea necesaria para apuntalar el comportamiento y a la posible enfermedad que puede indicar. Así la información queda a disposición de ustedes, para que también, si les interesa, puedan trabajar sobre ella.

Continuaremos en la próxima sesión.