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miércoles, 13 de abril de 2011

Escribir en las paredes, árboles, baños, etc.
(Clasificación de enfermedades mentales no descubiertas)

A.- Sociales
Escribir en las paredes, árboles, baños, etc.(II) 
Animita popular "Romualdito" en Chile
“El amor es eterno mientras dura”
“Aquí me la chupó Emilia”


Baño Público

Esta enfermedad está en todas las esquinas de nuestras ciudades y en muchos de los árboles y piedras de la naturaleza que ha tocado el hombre. Más bien dicho, esta enfermedad no-descubierta ha ido evolucionando desde que el hombre descubrió que podía dejar una marca propia en algunos lugares, una marca trascendente (en su sentido más terrenal, aunque suene raro).

Al principio ni siquiera debía tener muy claro lo que lograba: dejar una marca que durara más que su paso nómada por una cueva, mientras era cazador y recolector, que durara más incluso que las marcas biológicas de los animales. De hecho, esta misma marca no pretendía, al parecer, ser más que una muestra de que alguien, diferente al que la encuentra, estuvo ahí en un momento determinado antes que el observador. Esta tautología no es tan evidente cuando pensamos que quizás el otro, quien dejó ese signo –me atrevo a usar esa palabra-, nunca pensó necesariamente que alguien pudiera encontrarla alguna vez.

Con el tiempo, esa sensación de no estar seguros de la intención de esa marca desaparece al tiempo que aparece la escritura. Los vedas, los fenicios, los egipcios, los griegos, los latinos, sobre todo los latinos y sus graffitis nos dejaron claro que lo que pretendían era que sus escritos por lo menos duraran un poco más que su paso por algún lugar: las galeras, las prisiones, los baños públicos, los árboles y un largo et cetera.

“No entre aquí nadie sin saber geometría”; “Conócete a ti mismo”; “Tiberio vale callampa (Tiberius putridus quid fongus)”; “Quisquis amat. veniat. Veneri volo frangere costas / fustibus et lumbos debilitare deae./ Si potest illa mihi tenerum pertundere pectus/ quit ego non possim caput illae frangere fuste?” (Como sea el amor se va. Quiero quebrarle las costillas a Venus/ con un palo y romper el lomo* de la diosa/ Si ella puede perforar mi tierno pecho/ porque no puedo romper su cabeza con un palo?). Estos son algunos de los rayados que se han encontrado en diferentes excavaciones a lo largo de los siglos, mostrando que al hombre siempre le ha interesado la trascendencia de lo esencial.

La enfermedad no-descubierta que se relaciona con este comportamiento no tiene que ver necesariamente con la compulsión de rayar cualquier cosa –esa enfermedad sí existe-, sino más bien con una disfunción en la que influye directamente la presión social.

Imaginemos un joven en cualquier época, incluso imaginemos jóvenes felices en cualquier época, que se consideren a sí mismos felices, como en un estado constante de dar y recibir amor. Jóvenes totalmente extrovertidos. Incluso ellos tienen deseos y secretos que prefieren no contar a nadie, pero que les encantaría que el mundo supiera. Una dicotomía volitiva si se quiere, entre una parte que los impele al exhibicionismo y otra que los hace retrotraerse al anonimato, de hecho, supongo que la enfermedad sería probablemente impactaría mucho menos a la sociedad si se formaran grupos con lemas en forma de corazón que llevasen escrito dentro “___________ y __________ se aman”, generando dinámicas como las de rehabilitación de adicciones o superación del dolor o de enfermedades terminales.

Sin duda esta enfermedad no-decubierta podría causar  graves daños a diversos tipos de servicios que proporcionan los estados, considerando que puede llegar a ser tan contagiosa que los mismos rayadores pueden verse sobrepasados por la sensación (podría describirse primordialmente como angustia, pero no es un sentimiento tan concreto) de que, sea lo que sea que quieran expresar, no solo va a ser borrado para mantener el orden y la limpieza de las ciudades, sino que también corre el peligro de que, por una posible pandemia, sus escritos queden borrados en pocas semanas por los escritos de los demás, obligando al sujeto a marcar su propia permanencia una y otra vez o reprimir su deseo.

Animita de novia muerta
Quizás, la mejor solución del asunto sea crear santos populares que se comprometan tanto a cumplir las promesas que les piden, para que luego los “ayudados” dejen un rayado con su agradecimiento; como a desperdigar todos los secretos anónimos que las personas podrían dejar en un papelito doblado en su animita, para luego agradecer con una placa o un rayado el favor concedido.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Sindrome Cobain


Primero que todo, debo pedir disculpas a mis lectores asiduos y a los que pasan a ver las imágenes, se las roban y se van, porque he cortado la serie que correspondía y he pasado a otro tema, esto de ninguna manera significa que deje la serie de lado, sino más bien, profundiza en el conocimiento de la misma. Pero dejémosnos de rodeos y vamos al grano.

El título de la entrada no tiene nada que ver con el suicidio de Cobain -al menos no en primera instancia-, no es una enfermedad no descubierta, ni siquiera se sabe a ciencia cierta si es que en realidad era una enfermedad o una forma de vida que induce una y otra vez a circulos viciosos continuos.

Cierto, todos vivimos en constantes circulos viciosos, de una u otra manera: la rutina, el trabajo, las vacaciones, los días de la semana, los años, los demás; y cuando salimos de uno de estos círculos entramos en otros, más breves o más cortos, pero igual de centifugos.

Cobain vivió eso como un dolor de tripas. No es, evidentemente, que pusiera todas sus tripas en sus presentaciones o que en sus canciones se desangrara siempre, en sentido metafórico o metonímico si se quiere, sino que cantaba como un vómito del alma: Cobain literalmente vomitaba sus canciones -muchas de ellas se inspiraron en sus vómitos-, les dedicaba canciones a sus vómitos de sangre, a la sangre rodeada por mierda que quedaba flotando en el baño.

Normal. A casi todos les pasa alguna vez, eso de estar en el fondo del baño esperando desangrarse. No es ninguna maravilla, no se necesita ser una estrella del rock ni un retardado mental para sufrir una enfermedad del tracto digestivo, pero seguramenete la mayoría de nosotros hacemos canciones de eso.

Generalmente entendemos este hastío del grunge/garage de Seattle como la expresión de una juventud nihilista o existencialista: la importancia del vivir o no y para qué. En realidad, a lo que le cantaba Cobain era al dolor de panza, a las tripas literalmente destripadas, que todos lo vieran como otra cosa es problema de los demás.

En este punto es imposible no recurrir a Braveheart, pensando en cómo William Wallace es capaz de gritar FREEEEEEEDDDDDDOOOOOOOOOMMMM!!!! mientras el verdugo lo destripa. El despliegue de coraje hace que cualquiera con corazón suelte una lágrima, más todavía cuando desde la torre lo escucha la mujer que lo ama. No quiero pensar en el personaje histórico Wallace, prefiero pensar en Cobain y en su sindrome, que quizás también podría ser el sindrome Gibson, pero con una diferencia: Cobain sentía que se moría porque quizás tenía un caso agudo de cólon irritable que necesitaba algún tipo de paliativo, el problema es que el cólon solo necesita de algunos antinflamatorios que lo alivian parcialmente, el alivio total de esta enfermedad viene por la felicidad y la despreocupación. Por su parte, Gibson, solo pensaba en la representación dramática de la muerte de un héroe escocés que no alcanzó más que una vida pírrica en la realidad, pero que se transformó en una especie de animal mitológico medieval. Aunque los dos gritaban su destripamiento al mundo.

Así, la depresión de Cobain tenía un origen anatómico: calza perfecto con sus vómitos y diarreas, con su colon irritable y, luego, su adicción a la heroína como alivio de ese mal: "si ya parezco un Junkie, pensaba, por qué no serlo completo si me alivia". El circulo vicioso se va cerrando hasta convertirse en un punto negro que es fácil de sacar con cualquiera de esas banditas anti puntos negros. Todos los circulos viciosos se cierran, todos los puntos negros desaparecen -aunque la ley de Lavoisier diga lo contrario-, y toda la naturaleza continúa sin nosotros. El único problema que nos queda por solucionar es el problema metafísico, ese de cuando nos preguntamos cuándo vamos a cerrar este círculo -sea a lo que sea que esa pregunta se refiera- que nunca terminamos de cerrar.

El sindrome Cobain, entonces, se entiende como los circulos viciosos que llevan a suicidio que seguramente nos llevará a otro circulo vicioso.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Llorar en la Calle
(Clasificación de enfermedades mentales no descubiertas)

A.- Sociales

Llorar en la Calle (I)

El entorno donde he hecho estas observaciones suele ser el centro de la mayoría de las ciudades en las que he estado, porque el desconocimiento geográfico y social de ellas me dejó atrapado en ese espacio –imagino que en muchas habrá lugares especiales para desahogar las penas, lugares para llorones que yo no conocía-, dónde también tuve la posibilidad de ver toda la mierda de las ciudades las veinticuatro horas del día.

Ahí ví gente llorar, y cuando digo gente me refiero a toda clase de personas: ancianos, jóvenes, ateos, presuntos terroristas, homicidas, niños, abuelos, huérfanos de diferentes edades, etc. También las razones por las que lloraban eran diferentes: porque habían perdido un dulce, porque el amor de alguien los había dejado (en la mayoría de los casos de manera física), porque sus vidas no seguían el camino deseado o justamente por la razón opuesta. Además, todos ellos son quienes generan y ayudan a propagar la enfermedad, la entregan a otros para que la porten, y los brotes tienden a asemejarse al resfrío común, ya que se extiende mucho y muy rápido, principalmente por el morbo de la gente.

A partir de estas observaciones, he detectado que quien sufre esta enfermedad, a pesar de lo que se puede creer, es quien mira al llorón. Quien mira al llorón siente una especial simpatía, una simpatía particular sobre todo si el llorón es un desconocido, lo que se conjuga además con la empatía, que lleva a desviar la mirada, apretar los párpados con fuerza y seguir camino, como si nada, a pesar que en su cabeza quedan dando vueltas las razones que llevan a una persona a llorar en la calle, lejos de la intimidad y sin razón trágica-accidental aparente. Esta misma serie de razones, más la empatía, generan un estado de melancolía que lleva al no-descubierto-paciente a reflexionar acerca de los errores cometidos cuando niño; la decisión esa tarde de llegar a casa por el camino más largo y no por el más fácil; de olvidar a propósito como andar en bicicleta; entre otras, pero que venían de ninguna parte –el no-descubierto-paciente siempre contesta que no lo recuerda, que no sabe, que fue una idea que se anidó del a nada en su cabeza-; y otros, que son siempre invariables y no tienen mayor importancia en el presente, pero que pueden ser tan intensos que pueden eventualmente llevar a la muerte por licuefacción: el paciente cae en un estado de melancolía profundo que lo lleva a llorar por las calles sin razón aparente –lo que contagia la enfermedad-, hasta que se licuefacciona en el ultimo lugar que se lo vio llorar, que suele ser, por lo general en el medio de la calle. Esta es la causa de la muerte-desaparición del sujeto, porque, hasta donde tenemos conocimiento hoy, sería imposible identificar el líquido que se encuentra en un lugar con alguna de las personas desaparecidas.

No me es posible entregar más detalles de los que he entregado con respecto a  esta primera clasificación, así que en esta, como en las demás, aceptaré cometarios pero no preguntas.

jueves, 10 de marzo de 2011

Clasificación extensa de enfermedades mentales no descubiertas.

Hoy en día no se tienen estudios confiables acerca de todas las enfermedades que no han sido descubiertas y que eventualmente podrían poner en peligro la supervivencia de la especie humana, por lo que he dedicado mi vida completa a generar una serie de estudios que me permitan predecir las enfermedades que nos podemos encontrar en el futuro en todos los contextos posibles de existencia. Sin embargo, los resultados no los he podido traducir en enfermedades biológicas y solo he podido extenderme en el campo de mi especialidad: la psicología

La Metodología ha sido poco Ortodoxa, simplemente he tomado algunos comportamientos de mi realidad más adyacente y he tratado de explicarlos por medio de la posibilidad que impliquen una enfermedad mental en el futuro, es decir, he imaginado los problemas que podrían desarrollar las personas de acuerdo a estos comportamientos. Con todo, no he podido llegar a resultados concluyentes respecto de las enfermedades futuras. Es por eso que lo que presentaré como enfermedades no descubiertas los comportamientos que les dan origen.

Así el listado se divide de la siguiente manera:

A.- Sociales

-    Llorar en la calle (I)
-    Escribir en las paredes, árboles, baños, etc. (II)
-    Salir a correr sin ser atleta profesional (III)
-    Discutir con todo el mundo (IV)
-    Esconderse en el baño ante cualquier problema (V)

B.- Individuales

-    No soñar constantemente (VI)
-    Poner atención a los pájaros cuando cantan (VII)
-    Desear fin satisfacer el deseo por imposibilidad (VIII)
-    Hablar solo sin ponerse atención a sí mismo (IX)
-    Masturbarse en secreto (X)

Los comportamientos antes descritos no solo pueden llevar, en su gran mayoría, a problemas de personalidad, sino también a raquitismo, enfermedades al corazón (taquicardia y bradicardia crónicas) y, eventualmente, escorbuto. Lo más probable es que estas enfermedades sean somatizaciones del mal funcionamiento mental y que tengan que ver siempre con la falta o sobredosis de algún elemento (sic).

Para el caso no es preciso que las descripciones sean exhaustivas sino en la medida que sea necesaria para apuntalar el comportamiento y a la posible enfermedad que puede indicar. Así la información queda a disposición de ustedes, para que también, si les interesa, puedan trabajar sobre ella.

Continuaremos en la próxima sesión.

martes, 22 de febrero de 2011

Remake de “La vida de los Peces”
(Teoría acerca de los pingüinos y los peces )




Siempre me ha causado gracia eso de que los peces se ahoguen en tierra, digo, tratar de respirar oxígeno del aire, no del agua, y como no tienen extremidades útiles en tierra, se retuercen como todos nos retorceríamos bajo el agua. Era un buen negativo. También me llama la atención eso de que salten en la tierra, como si le pudieran dar dirección al movimiento y salvarse.

Los pingüinos me gustan por eso, porque aunque no son buenos moviéndose en la tierra por lo menos pueden darle dirección. También pueden volar bajo el agua, haciendo mejores piruetas que las de las aves de caza. Pero a ellos también se los comen… las Orcas.

Así, algunos podemos ser peces, nadar por donde nos plazca o por donde vaya un cardumen definido, dependiendo de la especie a la que pertenezcamos. Seguramente la mayoría de nosotros podemos ser gregarios y trataremos de protegernos con, nunca de proteger  al cardumen –aunque la única protección de los cardúmenes es la masa, el colectivo en sí mismo-. Podemos guiar y dejarnos guiar al mismo tiempo por todos los individuos, casi como si cada uno de los peces que forman en conjunto un solo ser vivo compuesto de neuronas en movimiento: las mismas neuronas son el cuerpo. Todos siguiendo a todos en un acuerdo. Como un ballet, pero con casi nada de Ballet. Al poco o mucho andar, los atrapan en una red y ni siquiera pueden retorcerse porque han sido aplastados por el peso de las otras partes de su cuerpo, y a los que se quedaron encima se les acabo la fiesta retorciéndose y pudiéndose en conjunto.

Los pingüinos son un poco más inteligentes. Son aves y no vuelan, nadan casi tan bien como los peces, pero no pueden respirar bajo el mar: son casi todo. Son animales únicos en lo que respecta a su parecido con otros –no parecen pájaros realmente, me son más cercanos a un niño aprendiendo a caminar con un smoking apretado-. Los pingüinos en tierra viven en comunidad, pero pueden perderse, eventualmente, algunos solitarios. Sin embargo, tienden a vivir en comunidad, porque es su forma de sobrevivir como especie. Pero tienen depredadores con bocas relativamente pequeñas para el tamaño de muchos pingüinos, lo que provoca que la muerte de muchos sea innecesariamente dolorosa. Digo innecesariamente, porque si sus depredadores tuvieran bocas más grandes, podrían destrozarlos de una vez, o partirlos por la mitad; pero no como lo hacen, lanzándolos contra las rocas o con fuerza hacia el aire para que crezcan las heridas y se despedacen en vuelo.

A pesar de todo, no sé si me gustaría vivir en un acuario, sigo prefiriendo el mar.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Por qué todos odiamos a Banksy?
(Tercera parte y Final: The answer)

Entonces, por qué odiamos a Banksy?















Tal vez porque todos nosotros hemos escondido aquello que nos atrae de los niños de pintados en las paredes; de la naturaleza; de lo primitivo; y, por tanto, queremos esconder aquello que somos también, aquello que nos hace vulnerables: queremos alienarnos del dolor propio y proyectarlo en quienes todavía lo sufren para nuestro propio alivio -siempre habrá alguien en peores condiciones que yo... ¡qué alivio!-.

Todo en Banksy es nuestra propia realidad moral y ética que destruye lo que nos rodea y nos aleja de lo que podríamos llegar a ser. Relativiza absolutamente el progreso, la caridad, el sufrimiento, en definitiva, una serie de valores que consideramos correctos, pero que sin embargo nos han llevado a cosas como estas:





Así, también, todo en Banksy nos restriega en la cara nuestros sutiles olvidos, nuestro entrar absolutamente en un juego que nos va a matar, que va a matar a nuestros niños y que no queremos ver, porque es más fácil reír y pensar en el buen chiste que nos muestra, en una crítica lite a la sociedad, y no ver que todo eso que está ahí, que fue, es y será nosotros. Todas las paredes que están a nuestro alrededor somos nosotros
y él se gana la vida a costa de ellas, a costa de nuestra estupidez.

La esperanza que nos queda es tratar de entender lo que dicen las calles de las cuidades donde vivimos y hemos vivido, desnudar el concreto, mirar de frente a la gente que nos cruza y mirarse a sí mismo dentro de este micromundo que consideramos nuestro -me refiero a nuestra propia vida-, y ver si podemos vivir con el peso de nuestro propio reflejo.





Si fuéramos concientes de eso, todos odiaríamos a Banksy. Pero, a lo sumo nos causa envidia que critique al sistema y lo use para su propia supervivencia. A eso, NOSOTROS, lo llamamos contradicción. De todas maneras lo odiamos ¿o no?







http://www.banksy.co.uk/
(FIN...)

sábado, 28 de agosto de 2010

Por qué todos odiamos a Banksy?
(Segunda parte: The land of the bro-ken dreams)

 “Come hither! bury thyself in a life which, to your now equally
abhorred and abhorring, landed world, is more oblivious than death”
Herman Melville.
Moby Dick or the White Whale. CX
I


Más allá de la risa, de la ironía y del sarcasmo está otro Banksy, uno más inocente que al parecer no cree en el mundo, pero pone toda su fe en él. Y me refiero a FE, algo en lo que racionalmente no podemos creer, pero que se aloja en alguna parte de nosotros –el corazón si se quiere-. Y es a la vez, esta misma fe la que produce la desazón de sus niños y hombres retratados, porque muchos de esos seres han perdido la esperanza, la inocencia o, por el contrario, la mantienen.

Lo que predomina en la obra de Banksy son los niños; los hombres y mujeres solitarios y tristes, o a punto de ser despojados de algo; lo primitivo, ya sea en forma de hombres primitivos o de naturaleza cruda; los objetos que desnudan la realidad en la que vivimos; la autoridad –en forma de policías o soldados-; y, finalmente, las intervenciones a obras clásicas. Sin embargo, lo que más me interesa es lo que no está relacionado con estos dos últimos puntos, es decir, todo lo que tiene que ver principalmente con la inocencia y la pérdida o recuperación de fe.











Los niños nos miran de frente. (no estamos perdidos)


Casi todos los niños que pinta Banksy están enfrentándose a algo, están cometiendo acciones, están de una u otra manera reb(v)elándose, estableciendo un caos, poniéndose a todo lo que somos a todo lo que son. No obstante, por momentos, pareciese que estos mismos niños se están haciendo cargo del anhelo de cada uno de nosotros, una suerte de retorno a esos juegos, casi sin maldad, pero que pueden caer en ella en cualquier momento, una suerte de paraíso perdido, pero sin lo infernal de William Golding, sino solo una especie de caos inocente que nos llamó en algún momento.

De todas maneras, es cierto que muchas de estas visiones de niños son desesperanzadoras, ya que la mayoría de ellos se encuentran en un mundo de adultos, liderado, vivido y pervertido por ellos, lo que provoca en nosotros la ternura de la inocencia perdida dentro de esta perversión: niños vestidos de adultos, jugando con cuestiones que no les está permitido, acercándose al peligro de lo que todos nosotros somos: viejos faltos de algo más puro, de una inocencia perdida en algún punto del camino a la maduración.


Y a pesar de todo lo anterior, ellos justamente son la esperanza, y no porque representen al “niño que todos llevamos dentro” o porque sean “el futuro del mundo”, porque no lo serán: el futuro que le espera al mundo está dominado en un eterno presente por los adultos, que pueden ser aún inocentes, pero ya corrompidos por un caos disfrazado de orden, que no sabemos si pertenece a algo externo o interno –y definitivamente no somos necesariamente un buen salvaje-. Y es este mismo caos el que combate Banksy, porque prefiere que las hipocresías se diluyan en un caos; caos, sin disfraces de ningún tipo. A fin de cuentas, ellos son la esperanza porque ellos permanecerán niños por los siglos de los siglos, o por el tiempo que permanezcan pintadas esas paredes, y porque ellos, cada vez que pasamos de frente a esos graffitis, nos recuerdan que todavía podemos ser inocentes, aunque seamos adultos jugando con juguetes de adultos, con lo que ellos juegan sin perder esa inocencia porque una figura nunca podrá perder ni evolucionar nada de lo dado.

Así mismo funciona la naturaleza, lo primitivo, pero más que una vuelta a ello o a una inocencia perdida, nos acerca a un tipo de ingenuidad, como los animalitos que se acercan por curiosidad a una trampa y terminan muertos, pero nos reímos de esa ingeuidad. 
Los hombres frente al abismo 

Ahí están parados, siendo sometidos por sí mismos, condenados por un pasado y un presente que no vemos y definitivamente sin ningún futuro. Ahí están, sodomizados por lo que no fueron capaces de luchar o por no tratar lo suficiente, o simplemente están a la espera de caer en el olvido. Sentados, mirando para todas partes. Solos, luego de pelear guerras que sirvieron a otros. Y Ahí se encuentran con los niños, jugando con las mismas armas que jugaron los niños, pero con una inocencia, no perdida, con una ingenuidad, no olvidada, sino escondida, como todo lo que no queremos ver y que es aquello que Banksy nos quiere mostrar.

 




http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)

domingo, 22 de agosto de 2010

Por qué todos odiamos a BANKSY?
(Primera parte: The land of Anarchy)


“Sin embargo, todo siempre termina igual: llega el éxito y uno le vende los derechos a McDonald’s”
Carlos Piegari


Las últimas veces que ví a Banksy se me rompió algo dentro, como si en el camino se me hubiera caído la risa: desde la primera vez que ví uno de sus graffitis hasta que leí un post de Hooper escrito por un amigo se produjo la caída; y lo volví a mirar, un poco más de reojo, no tan de frente.
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La primera vez que ví a Banksy me hizo reír, me entretuve y consideré que los graffitis que hacía lograban de alguna manera un cometido mayor que cualquier ensayo de crítica social, pero no lograba llegar más allá de lo que me provocaban a primera vista: una sonrisa… y a veces indignación. Sin embargo, ayer eso dio paso a la desazón.
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Y no voy a referirme a su aparente contradicción entre su ideología en cuanto obra y lo que hace en su vida – ha vendido diferentes obras en subastas en las que ha alcanzado altos precios, ha trabajado para la marca Puma y MTV, como también lo ha hecho para Greenpeace-, ni menos en su recepción.
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…Pero hay que partir necesariamente, en su obra, por lo primero y más evidente: la carga de ironía y crítica que hay en sus obras, ya que cada una de ellas se inserta no sólo en lo que podríamos considerar un arte anárquico, sucio, de crítica social, político y políticamente incorrecto, sino también como un arte que huele a sublevación, una nueva vanguardia, si se quiere, pero hasta ahí llega el manifiesto y la forma.
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Porque todos nos podríamos reír con Banksy o mirar sus obras y pensar “eso me lo llevo puesto, lo imprimo en una polera –camiseta, remera o franela- y lo uso en la playa”. Es que parecen originales, parecen una humorada. Como si los dibujantes de viñetas de los diarios se hubiesen escapado de los periódicos y se hubiesen puesto a pintar en la calle.

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La segunda impresión que puede causar es sorpresa. Porque interviene el material con el que trabaja. Como decía en un post anterior, hoy ha desaparecido el “Oil on Canvas” como soporte principal de los pintores o dibujantes y se ha extendido a todos los soportes, y en este caso el soporte es la ciudad, o más bien dicho, la urbanidad, como construcción humana opuesta y superpuesta a la naturaleza. Pero no sólo eso, sino que, además, interviene justamente su soporte, del que saca partido como en las imágenes que se muestran a continuación.
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Utiliza la misma cuidad como parte de la obra, como si ella misma le diera la excusa para interactuar ahí, en medio de todo, para que también la gente interactúe con su propia obra, un arte no de intelectuales sino un arte de a pie. Y es por eso que tal vez que su arte sea considerado anarquista, porque interviene el orden de la ciudad, como si quisiese mostrar el caos permanente en el que vivimos, disfrazado de un orden feroz. Una cárcel disfrazada de libertad.
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Pero puede también que su anarquía sea considerada tal por sus problemas con la autoridad: un graffitero trabaja de noche a escondidas porque lo que hace esencialmente es algo así como la remodelación de la propiedad privada para el uso de una expresión identitaria –justamente juega con la expresión de lo identitario y lo privado, cubriendo su rostro y tratando de que toda su obra sea colectiva, no sólo en su creación, sino también tratando de eliminar su propiedad, más allá de su pseudónimo, toda su obra… entregándola a la gente-  o, en otras palabras, la destrucción de la propiedad privada o pública por un acto vandálico. Lo que ocurre es que en el arte rupestre esa expresión no tenía que ver con la propiedad pública o privada, sino solo con la expresión de lo que se veía o sentía porque no había modo de hacerlo de otra manera, más que en las piedras, paredes de cuevas o la tierra. Hoy, sin embargo, no hay otra manera para quien no tiene recursos ni mucha educación, que acceder a un “Oil on Canvas” en el suelo o en cualquier pared. Así, el graffitero tendrá que trabajar siempre de noche, enfrentando a la policía o cualquier autoridad que lo quiera enfrentar, y de ahí, quizás las figuras de autoridad y de anarquía que aparecen en sus obras.
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Ahora es el turno de la crítica social que pareciera ser el fin último de la obra de este autor, porque aquello que los graffitis de Banksy tratan de mostrar tiene que ver, en muchos sentidos con la decadencia de la sociedad en que vivimos. Y aquí, no hay mucho más que decir, es preferible ver sus obras...

 











http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)