lunes, 6 de septiembre de 2010
Por qué todos odiamos a Banksy? (Tercera parte y Final: The answer)
Tal vez porque todos nosotros hemos escondido aquello que nos atrae de los niños de pintados en las paredes; de la naturaleza; de lo primitivo; y, por tanto, queremos esconder aquello que somos también, aquello que nos hace vulnerables: queremos alienarnos del dolor propio y proyectarlo en quienes todavía lo sufren para nuestro propio alivio -siempre habrá alguien en peores condiciones que yo... ¡qué alivio!-.
Todo en Banksy es nuestra propia realidad moral y ética que destruye lo que nos rodea y nos aleja de lo que podríamos llegar a ser. Relativiza absolutamente el progreso, la caridad, el sufrimiento, en definitiva, una serie de valores que consideramos correctos, pero que sin embargo nos han llevado a cosas como estas:
Así, también, todo en Banksy nos restriega en la cara nuestros sutiles olvidos, nuestro entrar absolutamente en un juego que nos va a matar, que va a matar a nuestros niños y que no queremos ver, porque es más fácil reír y pensar en el buen chiste que nos muestra, en una crítica lite a la sociedad, y no ver que todo eso que está ahí, que fue, es y será nosotros. Todas las paredes que están a nuestro alrededor somos nosotros
y él se gana la vida a costa de ellas, a costa de nuestra estupidez.
La esperanza que nos queda es tratar de entender lo que dicen las calles de las cuidades donde vivimos y hemos vivido, desnudar el concreto, mirar de frente a la gente que nos cruza y mirarse a sí mismo dentro de este micromundo que consideramos nuestro -me refiero a nuestra propia vida-, y ver si podemos vivir con el peso de nuestro propio reflejo.
Si fuéramos concientes de eso, todos odiaríamos a Banksy. Pero, a lo sumo nos causa envidia que critique al sistema y lo use para su propia supervivencia. A eso, NOSOTROS, lo llamamos contradicción. De todas maneras lo odiamos ¿o no?
http://www.banksy.co.uk/
(FIN...)
sábado, 28 de agosto de 2010
Por qué todos odiamos a Banksy? (Segunda parte: The land of the bro-ken dreams)
abhorred and abhorring, landed world, is more oblivious than death”
Herman Melville.
Moby Dick or the White Whale. CXI
Más allá de la risa, de la ironía y del sarcasmo está otro Banksy, uno más inocente que al parecer no cree en el mundo, pero pone toda su fe en él. Y me refiero a FE, algo en lo que racionalmente no podemos creer, pero que se aloja en alguna parte de nosotros –el corazón si se quiere-. Y es a la vez, esta misma fe la que produce la desazón de sus niños y hombres retratados, porque muchos de esos seres han perdido la esperanza, la inocencia o, por el contrario, la mantienen.
Lo que predomina en la obra de Banksy son los niños; los hombres y mujeres solitarios y tristes, o a punto de ser despojados de algo; lo primitivo, ya sea en forma de hombres primitivos o de naturaleza cruda; los objetos que desnudan la realidad en la que vivimos; la autoridad –en forma de policías o soldados-; y, finalmente, las intervenciones a obras clásicas. Sin embargo, lo que más me interesa es lo que no está relacionado con estos dos últimos puntos, es decir, todo lo que tiene que ver principalmente con la inocencia y la pérdida o recuperación de fe.
Los niños nos miran de frente. (no estamos perdidos)
Casi todos los niños que pinta Banksy están enfrentándose a algo, están cometiendo acciones, están de una u otra manera reb(v)elándose, estableciendo un caos, poniéndose a todo lo que somos a todo lo que son. No obstante, por momentos, pareciese que estos mismos niños se están haciendo cargo del anhelo de cada uno de nosotros, una suerte de retorno a esos juegos, casi sin maldad, pero que pueden caer en ella en cualquier momento, una suerte de paraíso perdido, pero sin lo infernal de William Golding, sino solo una especie de caos inocente que nos llamó en algún momento.
De todas maneras, es cierto que muchas de estas visiones de niños son desesperanzadoras, ya que la mayoría de ellos se encuentran en un mundo de adultos, liderado, vivido y pervertido por ellos, lo que provoca en nosotros la ternura de la inocencia perdida dentro de esta perversión: niños vestidos de adultos, jugando con cuestiones que no les está permitido, acercándose al peligro de lo que todos nosotros somos: viejos faltos de algo más puro, de una inocencia perdida en algún punto del camino a la maduración.
Y a pesar de todo lo anterior, ellos justamente son la esperanza, y no porque representen al “niño que todos llevamos dentro” o porque sean “el futuro del mundo”, porque no lo serán: el futuro que le espera al mundo está dominado en un eterno presente por los adultos, que pueden ser aún inocentes, pero ya corrompidos por un caos disfrazado de orden, que no sabemos si pertenece a algo externo o interno –y definitivamente no somos necesariamente un buen salvaje-. Y es este mismo caos el que combate Banksy, porque prefiere que las hipocresías se diluyan en un caos; caos, sin disfraces de ningún tipo. A fin de cuentas, ellos son la esperanza porque ellos permanecerán niños por los siglos de los siglos, o por el tiempo que permanezcan pintadas esas paredes, y porque ellos, cada vez que pasamos de frente a esos graffitis, nos recuerdan que todavía podemos ser inocentes, aunque seamos adultos jugando con juguetes de adultos, con lo que ellos juegan sin perder esa inocencia porque una figura nunca podrá perder ni evolucionar nada de lo dado.
Así mismo funciona la naturaleza, lo primitivo, pero más que una vuelta a ello o a una inocencia perdida, nos acerca a un tipo de ingenuidad, como los animalitos que se acercan por curiosidad a una trampa y terminan muertos, pero nos reímos de esa ingeuidad. http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)
domingo, 22 de agosto de 2010
Por qué todos odiamos a BANKSY? (Primera parte: The land of Anarchy)

Carlos Piegari
Las últimas veces que ví a Banksy se me rompió algo dentro, como si en el camino se me hubiera caído la risa: desde la primera vez que ví uno de sus graffitis hasta que leí un post de Hooper escrito por un amigo se produjo la caída; y lo volví a mirar, un poco más de reojo, no tan de frente.
•
La primera vez que ví a Banksy me hizo reír, me entretuve y consideré que los graffitis que hacía lograban de alguna manera un cometido mayor que cualquier ensayo de crítica social, pero no lograba llegar más allá de lo que me provocaban a primera vista: una sonrisa… y a veces indignación. Sin embargo, ayer eso dio paso a la desazón.
•
Y no voy a referirme a su aparente contradicción entre su ideología en cuanto obra y lo que hace en su vida – ha vendido diferentes obras en subastas en las que ha alcanzado altos precios, ha trabajado para la marca Puma y MTV, como también lo ha hecho para Greenpeace-, ni menos en su recepción.
•
…Pero hay que partir necesariamente, en su obra, por lo primero y más evidente: la carga de ironía y crítica que hay en sus obras, ya que cada una de ellas se inserta no sólo en lo que podríamos considerar un arte anárquico, sucio, de crítica social, político y políticamente incorrecto, sino también como un arte que huele a sublevación, una nueva vanguardia, si se quiere, pero hasta ahí llega el manifiesto y la forma.
•
•
La segunda impresión que puede causar es sorpresa. Porque interviene el material con el que trabaja. Como decía en un post anterior, hoy ha desaparecido el “Oil on Canvas” como soporte principal de los pintores o dibujantes y se ha extendido a todos los soportes, y en este caso el soporte es la ciudad, o más bien dicho, la urbanidad, como construcción humana opuesta y superpuesta a la naturaleza. Pero no sólo eso, sino que, además, interviene justamente su soporte, del que saca partido como en las imágenes que se muestran a continuación.
•
•
Utiliza la misma cuidad como parte de la obra, como si ella misma le diera la excusa para interactuar ahí, en medio de todo, para que también la gente interactúe con su propia obra, un arte no de intelectuales sino un arte de a pie. Y es por eso que tal vez que su arte sea considerado anarquista, porque interviene el orden de la ciudad, como si quisiese mostrar el caos permanente en el que vivimos, disfrazado de un orden feroz. Una cárcel disfrazada de libertad.
•
Pero puede también que su anarquía sea considerada tal por sus problemas con la autoridad: un graffitero trabaja de noche a escondidas porque lo que hace esencialmente es algo así como la remodelación de la propiedad privada para el uso de una expresión identitaria –justamente juega con la expresión de lo identitario y lo privado, cubriendo su rostro y tratando de que toda su obra sea colectiva, no sólo en su creación, sino también tratando de eliminar su propiedad, más allá de su pseudónimo, toda su obra… entregándola a la gente- o, en otras palabras, la destrucción de la propiedad privada o pública por un acto vandálico. Lo que ocurre es que en el arte rupestre esa expresión no tenía que ver con la propiedad pública o privada, sino solo con la expresión de lo que se veía o sentía porque no había modo de hacerlo de otra manera, más que en las piedras, paredes de cuevas o la tierra. Hoy, sin embargo, no hay otra manera para quien no tiene recursos ni mucha educación, que acceder a un “Oil on Canvas” en el suelo o en cualquier pared. Así, el graffitero tendrá que trabajar siempre de noche, enfrentando a la policía o cualquier autoridad que lo quiera enfrentar, y de ahí, quizás las figuras de autoridad y de anarquía que aparecen en sus obras.•
Ahora es el turno de la crítica social que pareciera ser el fin último de la obra de este autor, porque aquello que los graffitis de Banksy tratan de mostrar tiene que ver, en muchos sentidos con la decadencia de la sociedad en que vivimos. Y aquí, no hay mucho más que decir, es preferible ver sus obras...
http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)
lunes, 21 de diciembre de 2009
Ya no importa Warhol.

Cuando conocí a Warhol estaba en el colegio, estaba viendo un documental acerca de él y tenía algo así como trece años. Hasta ahí me habían enseñado que si no lo había pintado Da Vinci o Raphael, que si no lo había esculpido Miguel Ángel no era nada apreciable en el arte y el arte era entendido como plástica… lo demás era literatura, danza, teatro, etc.
Lo que Warhol hacía, para la mayoría de mis profesores en esa época, eran idioteces, garabatos, cultura pop desechable, en suma galimatías de antología y sigue siendo así.
Hay que entender el contexto primero: yo estaba creciendo con profesores que se encontraban recién saliendo de –o tratando de quedarse en- la dictadura de Pinochet, que habían sido formados en ella y que en mucho casos, si no estaban de acuerdo con ella, por lo menos tenían que aparentar que estaban de acuerdo, y ahí el arte era el arte de lo clásico decimonónico, positivista, estructuralista, ojala de una escuela no muy Marxista.
Entonces crecí pensando que no se podía hacer nada más que no fuera un arte “oil on canvas”, y que todo en la pintura era repetir y repetir y repetir. No entendí a Warhol.
Hace años salí del colegio y entré a estudiar literatura. Ahí, entre otras hierbas leí “La deshumaniación del arte”, “El arte en la época de la reproductibilidad técnica”, “la angustia de las influencias”; escuché a la Velvet, a Bowie, mastiqué bien a The Beatles, el “Pet Sounds”, Sonic Youth, Pixies, y quise que alguno de los grandes dibujantes de Batman –como Jim Lee- hiciera un “oil on canvas” de Batman, que nadie más pudiera repetir: un original. En ese momento creí entender algo de Warhol. Creí entender a la culturar pop y que podía ser pop art, que el arte podía ser y era para las masas.
El arte puede ser un
Rady Made como Duchamp, partiendo de materiales construidos, sin embargo Warhol lo lleva un nivel más allá, logrando que el diseño para las masas sea el arte, que la ironía sea pop…ular que se refleje la sociedad como un espejo que no refleja una masa de gente sino a toda la gente al mismo tiempo, a todos los consumidores de sopa “Campbell's”. Esta gente como masa, como sociedad, como ironía o como reflejo vivo se encuentra a través de un diseñador, de un gerente, de los dueños de un capital, de cultivadores, de químicos, que son consumidos por ellos mismos: “Campbell's”, “McDonald's”, “Wendy’s”, Batman, Britney, Radiohead, Nike, Sudáfrica 2010… y la vorágine artística podría seguir. Pero Warhol ya perdió el norte, porque ya conocen su truco y los diseñadores y las empresas juegan con él. Entonces, como ya dije, soñé lo opuesto, que alguien como Jim Lee hiciera un original de Batman y lo encontré, pero de otra manera, lo encontré en los grabados de Loro-Coirón y en algunas viñetas de Montt –sí, el mismo, Alberto Montt , en dosis diarias y solo ahí-.El impacto de Loro-Coirón (Thierry Defert) fue colosal
. Eran como comics, eran como el humor gráfico de los periódicos, con líneas simples, pero en grande, eran grabados, eran únicos e irrepetibles, pero tenían la forma de un comic que mostraba cómo era Valparaíso, como vive la gente ahí. Era una realidad animada, “oil on canvas” en la época de la reproductibilidad técnica. No es la deshumanización del arte, es la rehumanizazción de la caricatura: ya no exagera, no la imita, no la abstrae, la muestra como un espejo que solo deja pasar algo de lo que ve, como un lente que se enfoca como se debe enfocar para mostrar lo que quiere mostrar. Obtuso, puede ser, pero lleno de retratos verosímiles.Por otro lado, y casi al contrario está Montt, aquel que con c
omics subidos a Internet nos hace reír casi todos los días con alguna viñeta interesante, con la sátira, la ironía, la burla, llevado a extremos brillantes: humor literal aburrido; humor negro descarnado; humor agudo y grave que a veces roza lo conceptual, que juega con ciertos límites de la palabra dicha como palabra-imagen sin tener letras –cuestiones semiológicas tan aburridas como este post- pero que van más allá a veces del simple divertimento. Sencillas, entendibles y reproducidas al infinito como las imágenes que de él dejo en este post.Con esto, sin embargo, no pretendo canonizar a Loro ni a Alberto, sino que siento que se cumple el sueño del arte en la época de la reproductibilidad técnica, y más importante aún, sin “oil” ni “canvas”.
Una selección de Loro-Coirón en la Biblioteca Nacional (Santiago de Chile):
Una selección de Montt... Alberto Montt:


Todas en www.dosisdiarias.com
lunes, 23 de junio de 2008
Los camaleones y los vivos


Radiohead no es tan camaleónico como Bowie, sus discos son reconocibles como ellos mismos en todo momento, tienen un sello personal único que va más allá del constante cambio: suenan a radiohead (adjetivo), pero de diferentes maneras, de manera clásica, electrónica, jazz, etc. O todo eso junto y más. Mezclan y se revuelcan en su propia sonoridad, y vuelven a su concha de caracol para reencontrarse con la reverberancia de ellos mismos sobre ellos mismos. Si queremos hablar en términos estéticos, sería como una puesta en abismo del autoplagio, y a la vez, una traición a la pureza de todo género musical, incluso cualquiera que hayan fundado.
No vamos a seguir haciendo una reflexión estética acerca de su sonido, sino a lo que esto lleva: creo que la propuesta de radiohead tiene que ver con un evolucionar a pesar de ellos, pero en su favor. Me explico. Escuchamos The Bends e In Rainbows y encontramos a Radiohead, es inconfundible, la melodía, las letras y la interpretación de Yorke –más allá del reconocimiento de su voz-, pero siempre hay algo que no calza, hasta que el disco entra y lo asimilas como Radiohead. Y sin embargo no son Bowie en ese sentido. Bowie cambia su propio sonido, casi me atrevería a decir que cambia por década totalmente, hasta la forma de interpretar.
Así, el sonido de Radiohead es un sonido de hielo, que no se derrite con el tiempo, que es sólido y fresco. Si uno escucha sus discos, ellos se derriten, se quedaron ahí, donde clavaron la estaca, pero cada estaca está demasiado lejos de la otra, y no en el tiempo (para los ansiosos saquemos las estacas de Amnesiac y Pablo Honey, y si son muy quisquillosos, Hail to the Thief. ¿Contentos?)
Sonar, es un festival de música de vanguardia, yendo mucho por los caminos de la electrónica, pero la vanguardia tiene caminos misteriosos (y la electrónica no es el único). Lo mejor de sonar, es que es un festival de vanguardias, y a estas alturas, las vanguardias siempre nos deparan muchas sorpresas: desde muestras que tienen que ver más con una vanguardia al estilo Ed Wood, y para eso hay que tener talento, hasta las vanguardias más recatadas (sic). Hay de todo, dentro de la vanguardia. Ahí re-conocí a Camilla, una mujer que hace música cómo respirar, como tirar (me refiero a follar), como tomar agua si tengo sed o comerme un hielo. Además, ella necesita la interacción, no es un mujer que cree música por allá arriba, en los astros, no hace música como Radiohead, es lo mismo, pero por caminos opuestos. Ella es juglaresca, quiere entretener a la gente y estar dentro de ella, y hacer cosas nuevas: la creatividad al servicio de todos nosotros. Creo que si ella tuviera un escenario que le permitiera actuar y estar con todo el mundo al mismo tiempo, tocando su carne y sintiendo su aliento –por mucho que apestara- lo haría con gusto. Es lúdica, su música lo es, pero a la vez es íntima (siempre he encontrado que este apelativo es pésimo, pero no se me ocurre otro) y compleja (otro que no me gusta). Está en un movimiento hacia delante… hacia atrás y hacia todos lados, sobre todo en escena
.
¿Dije que es muy fácil enamorarse de ella?
Una aclaración al margen: al concierto de Radiohead fui, a Sonar no. Además... se derrite... a veces. Je
sábado, 22 de marzo de 2008
Manos de Hombre (Parte Prima)
Se dice del hombre que piensa y que todo logro es fabricado con sus manos, diez dedos dispuestos a realizar cualquier cosa que comande la cabeza o nuestro espíritu. La división tiene que ver con lo que hace el hombre: no todo es movido por la razón, sino también por los sentimientos, sin embargo no hablaré de todos, mejor los abarcaré bajo la pasión.
El hombre se deja guiar por la pasión para matar a la mujer que ama, por ejemplo, descuartizarla, maquillar su cara, separada ya la cabeza de su cuerpo, esperando que toda banalidad desaparezca: su sexo, sus senos, sus brazos y piernas, para que quede sólo ella, la residencia de todo en la cabeza, incluso dejando de lado los músculos o las bombas que distribuyen los fluidos al rededor del cuerpo. La cabeza y su cara maquillada, como un acto de arte contemporáneo, en el que no se encuentra nadie sufriendo. La sube a su auto en el asiento del copiloto, dejando que duerma todo lo que desee, no interrumpiendo su sueño. Deja que lo acompañe a ver la puesta de sol.
No se necesitan de adjetivos para describir: esto lo hizo un hombre, y necesitó de sus diez dedos para hacerlo, necesitó de la fuerza de su brazo, necesito ser guiado hasta el cansancio por su razón y por sus deseos, y en medio, la pasión. Esa fuerza que movió sus músculos es la misma que mueve a Miguel Ángel a crispar las manos alrededor de la piedra, y sacar de ella toda la materia que nos nubla la vista de lo que hay detrás.
Las Estatuas que Lloran
La Cabeza envía toda una serie de señales a lo largo del cuerpo, a cada momento, incluso estando inconcientes, actos involuntarios que permiten que vivamos. Los actos voluntarios, que nos ayudan a vivir también pueden ser movidos por actos involuntarios: matar un animal para comer; preparase para la conquista; construir una planta de purificación de agua. Pero el acto voluntario de enviar señales a todos nuestros músculos para que se pongan en tensión, porque se prepara para dar un golpe a una roca virgen, no nos ayuda a pervivir. Los músculos del brazo alimentados constantemente para llegar a dar un golpe, con un martillo sostenido por cinco dedos que tienen callos, labrados ellos mismos de tanto labrar, no sirve necesariamente para nada al acto de supervivencia individual o de la especie humana, es una perdida de tiempo, es un acto gratuito que nuestra especie – si es que podemos hablar en esos términos – es capaz de realizar.
Los primates tienen manos y patas que parecen manos, y son tan hábiles como para trabajar con ellas, y funcionan, algunos hasta fabrican herramientas. Las hormigas no tienen manos, ni siquiera son tan hábiles con su cuerpo, pero el cuerpo y las manos de las hormigas son todas ellas, y pueden construir galerías tan complejas como el hombre pueda imaginar, pero son todas las galerías iguales, no responden a nada más que a un lugar de habitación. Los elefantes son capaces de hacer maravillas con el extremo de su trompa, son capaces de tomar suavemente los huesos de sus muertos y llevarlos a un lugar común, donde serán venerados por los años que les queden a los elefantes.
El hombre es capaz de construir edificios cuadrados como cuevas, que son útiles para vivir, que protegen de la lluvia, el viento y el frío. Esto lo fabrica con miles de dedos y sus herramientas, que a su vez han sido fabricadas con moldes y robots, que a su vez han sido fabricados con ingenio y con sus dedos, que a su vez están en fábricas que han sido echas con los dedos y con ingenio. Han construido cementerios. Han matado manadas de animales. No han hecho nada que no haya hecho un animal con sus habilidades y sin manos. Aléguenme que son más complejas, más sofisticadas, que el hombre ha evolucionado de una manera que permite a los hombres pensar en las estrellas y llegar hasta allá. Pero esencialmente no ha hecho nada que no pudiese haber hecho, en el sentido que he mencionado, otro animal que necesita satisfacer sus necesidades de la forma más eficiente posible. Dónde está la voluntad del acto. Todo reducido a necesidad.
La cabeza y su cerebro le fue dado al hombre por la naturaleza, por Dios, por Yahvé, por Alá, o por algún experimento de alguna “raza” extraterrestre, que es similar en muchas formas al de los demás animales, e inclusive, hay especies que lo tienen más desarrollado que el nuestro en algunos aspectos, y sin embargo sería uno más entre ellos si no tuviéramos el soporte adecuado y la voluntad… adecuada. Somos uno de los pocos que podemos suicidarnos, somos uno de los pocos que podemos dejar de comer, somos unos de los pocos que podemos evitar tener hijos y dejarnos llevar por el placer del acto sexual, somos unos de los pocos que podemos comer solamente para hacer cosas inútiles a nuestra propia existencia. Rompernos las manos y no para cultivar; herirnos para darle el tono adecuado al rojo de la sangre del ser que tratamos de representar, y que se está muriendo, y que nos da pena; retratar un campo de flores que sólo tiene colores que le son eficiente para ellas mismas, pero que queremos que quede impreso de forma indefinida en cada uno de los conos y bastones del iris, y detrás de ellos. Esto con dedos, y quizás no con todos.
En medio de esto está el hombre que he descrito, que a los veintitrés años dibujó, La Piedad de la Basílica de san Pedro. A los veintinueve nos mostró como debía ser un hombre perfecto, David. Y usó toda la fuerza de su cuerpo para llegar a ellas, para moldear cada una de las cosas que estaban bajo el mármol, pero, sobretodo, usó la fuerza de los dedos para moldear cada uno de los contornos, llegar hasta la tensión de los tendones en los pies, o las venas del brazo luego del esfuerzo. También hay fuerza en lo que es plano, hay fuerza en los colores que no parecen colores o coloreado, parecen parte te algo que está vivo, que se confunde entre lo dibujado y lo esculpido, o entre lo vivo o lo muerto. La Capilla Sextina se abalanza con todo el peso de esas personas sobre ti, con el peso de los ropajes desde el techo, y solo Dios es sostenido por los ángeles, para que no caiga sobre nosotros, porque adán no podrá sostenerse una vez que Dios aleje su dedo. Los que escalan las paredes de la capilla pesan y hacen fuerza con cada uno de sus músculos para escapar del fuego, de un Caronte que tensiona sus brazos en un remo, con la ira de quien va a matar a alguien que está muerto. Algunos son ayudados por los que están arriba, otros son abrazados por los mismos castigados para sumarle peso al propio peso.
La fuerza no te sirve para escapar de esto, la única manera de escapar es dejando que la manos hagan la fuerza necesaria para que el pincel no pase de largo, para que el cincel no pase de largo. Es la redención que buscan, lo que tienen la desesperación pintada en la cara, los que tienen la tranquilidad están al lado del Hijo. Los que están bajo un látigo casi infernal son los que ayudan a Miguel. Ellos eran la extensión de lo que no necesitaba hacer.





















