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miércoles, 13 de abril de 2011

Escribir en las paredes, árboles, baños, etc.
(Clasificación de enfermedades mentales no descubiertas)

A.- Sociales
Escribir en las paredes, árboles, baños, etc.(II) 
Animita popular "Romualdito" en Chile
“El amor es eterno mientras dura”
“Aquí me la chupó Emilia”


Baño Público

Esta enfermedad está en todas las esquinas de nuestras ciudades y en muchos de los árboles y piedras de la naturaleza que ha tocado el hombre. Más bien dicho, esta enfermedad no-descubierta ha ido evolucionando desde que el hombre descubrió que podía dejar una marca propia en algunos lugares, una marca trascendente (en su sentido más terrenal, aunque suene raro).

Al principio ni siquiera debía tener muy claro lo que lograba: dejar una marca que durara más que su paso nómada por una cueva, mientras era cazador y recolector, que durara más incluso que las marcas biológicas de los animales. De hecho, esta misma marca no pretendía, al parecer, ser más que una muestra de que alguien, diferente al que la encuentra, estuvo ahí en un momento determinado antes que el observador. Esta tautología no es tan evidente cuando pensamos que quizás el otro, quien dejó ese signo –me atrevo a usar esa palabra-, nunca pensó necesariamente que alguien pudiera encontrarla alguna vez.

Con el tiempo, esa sensación de no estar seguros de la intención de esa marca desaparece al tiempo que aparece la escritura. Los vedas, los fenicios, los egipcios, los griegos, los latinos, sobre todo los latinos y sus graffitis nos dejaron claro que lo que pretendían era que sus escritos por lo menos duraran un poco más que su paso por algún lugar: las galeras, las prisiones, los baños públicos, los árboles y un largo et cetera.

“No entre aquí nadie sin saber geometría”; “Conócete a ti mismo”; “Tiberio vale callampa (Tiberius putridus quid fongus)”; “Quisquis amat. veniat. Veneri volo frangere costas / fustibus et lumbos debilitare deae./ Si potest illa mihi tenerum pertundere pectus/ quit ego non possim caput illae frangere fuste?” (Como sea el amor se va. Quiero quebrarle las costillas a Venus/ con un palo y romper el lomo* de la diosa/ Si ella puede perforar mi tierno pecho/ porque no puedo romper su cabeza con un palo?). Estos son algunos de los rayados que se han encontrado en diferentes excavaciones a lo largo de los siglos, mostrando que al hombre siempre le ha interesado la trascendencia de lo esencial.

La enfermedad no-descubierta que se relaciona con este comportamiento no tiene que ver necesariamente con la compulsión de rayar cualquier cosa –esa enfermedad sí existe-, sino más bien con una disfunción en la que influye directamente la presión social.

Imaginemos un joven en cualquier época, incluso imaginemos jóvenes felices en cualquier época, que se consideren a sí mismos felices, como en un estado constante de dar y recibir amor. Jóvenes totalmente extrovertidos. Incluso ellos tienen deseos y secretos que prefieren no contar a nadie, pero que les encantaría que el mundo supiera. Una dicotomía volitiva si se quiere, entre una parte que los impele al exhibicionismo y otra que los hace retrotraerse al anonimato, de hecho, supongo que la enfermedad sería probablemente impactaría mucho menos a la sociedad si se formaran grupos con lemas en forma de corazón que llevasen escrito dentro “___________ y __________ se aman”, generando dinámicas como las de rehabilitación de adicciones o superación del dolor o de enfermedades terminales.

Sin duda esta enfermedad no-decubierta podría causar  graves daños a diversos tipos de servicios que proporcionan los estados, considerando que puede llegar a ser tan contagiosa que los mismos rayadores pueden verse sobrepasados por la sensación (podría describirse primordialmente como angustia, pero no es un sentimiento tan concreto) de que, sea lo que sea que quieran expresar, no solo va a ser borrado para mantener el orden y la limpieza de las ciudades, sino que también corre el peligro de que, por una posible pandemia, sus escritos queden borrados en pocas semanas por los escritos de los demás, obligando al sujeto a marcar su propia permanencia una y otra vez o reprimir su deseo.

Animita de novia muerta
Quizás, la mejor solución del asunto sea crear santos populares que se comprometan tanto a cumplir las promesas que les piden, para que luego los “ayudados” dejen un rayado con su agradecimiento; como a desperdigar todos los secretos anónimos que las personas podrían dejar en un papelito doblado en su animita, para luego agradecer con una placa o un rayado el favor concedido.

viernes, 7 de enero de 2011

Discusión de dos personas normales o el valor de las alcantarillas

 Hace unos días estaba tomándome un café con leche en una terraza, tratando de ingeniarme una idea para sacar plata de alguna parte, cuando ví que una bolsa volaba a causa de algún remolino que la llevó directo a la alcantarilla y a percatarme la fuente del mal olor que estaba sintiendo hace un rato, entonces, ya decidido a pararme y, por lo menos cambiarme de mesa, ví a un hombre que se detuvo un par de metros lejos mío, de frente a un hoyo en el suelo que comunicaba directamente con la mierda y otro tipo de desperdicios, y que empezaba lentamente a lanzar monedas. Ahí, en tiempo y lugar, me pare en seco, estupefacto porque un idiota al que le sobraba un par de céntimos, lo tiraba por un hueco negro del que salía olor a mierda, luego por cinco céntimos. Por ahí se fue una moneda de € o quizás ví mal y llegó a ser una de dos, y cuando iba a preguntar algo así como que si no creía que hubiese algo mejor que venerar a la mierda que flotaba en el fondo del pozo o si pensaba hacer un estudio al respecto, se acercó un transeúnte que luego de un par de segundos mirándolo le grito:

¡IDIOTA!

Y el hombre se dio vuelta como si hubiesen pronunciado su nombre, ni más ni menos, y volvió a tirar las monedas con la misma paciencia que lo había hecho hasta ahora; entonces el otro se acercó y empezó a pegarle en las manos.

¡ACASO NO PIENSA QUE HAY NIÑOS CON HAMBRE O VAGOS A LOS QUE LES PUEDE DAR ESAS MONEDAS!

El hombre se puso de pie, y lo pude ver gracias a la iluminación del un cartel de colores lila, así que adivino que su camisa era de un tono claro, algo cercano al blanco, que estaba escondida bajo una chaqueta de cuero café, unos jean y un par de zapatillas, algo clásico pero que combinaban muy bien con el pantalón, del que literalmente colgaban dos bolsillos llenos de monedas –no podía ser nada más-, en los que guardó las que le quedaban en la mano. El transeúnte lo empujó y el hombre empezó a forcejear, hasta que, en medio de los tirones que el uno le daba al otro, se cayeron algunas monedas a lo largo de la calle y el hombre las pateaba hacia la alcantarilla, mientras murmuraba cosas como “acaso no es mi plata”, “acaso no puedo hacer con ella lo que se me dé la gana”, y le grita al transeúnte que ese es su hobby. Hay gente que gasta su plata en putas, le dice, en cruces, en demerol, en porno, en greenpeace y en las asociaciones cuidadanas que permiten la acción de conjunto y a ellos los mira, les desea lo mejor y/o lo peor, que se mueran o que vivan por siempre, pero a ninguno les dice que esa no es forma de gastar su plata, porque usted también gasta su plata de esa misma manera o… y hasta ahí recuerdo a grandes rasgos lo que hablaba el hombre, porque solo me centraba en la forma que empezaba a tomar la cara del transeúnte: los ojos se caían lento, y cuando estaban a la altura de la punta de la nariz ya no había nariz, sino algo que también caía desde la pera, como saliva colgando, y luego siento como los €s y los céntimos dan contra mi espalda y nuca.

No recuerdo casi nada de lo que pasó después, que no debe haber sido mucho, solo que estaba bajo la mesa en la que tomaba café, en cuatro patas, recogiendo un par de €s que estaban a la vista para pagar el café y mientras ambos corrían el uno tras el otro, yo entré a pagar mi café al bar , y en lo que demoró el cajero en contar el cambio y entregármelo, hice un par de comentarios de la pelea que hubo afuera, recibí el cambio y no he vuelto ni creo que vuelva a ese bar.

martes, 19 de octubre de 2010

Miguel Ángel y las inconclusas: Manos de Hombre
(Segunda parte de la completitud)

 La expresión de la voluntad

Piedad de Rondanini (1564)


Escapar al momento final, a cualquier final de todos los ciclos que vive el hombre durante su vida, incluso llegar al final de la misma produce miedo, un miedo que tiene que ver con acabar, con llegar al final de un camino que se ha caminado seguro, aunque no se sepa adónde lleva. Sin embargo, Miguel Ángel siempre supo los finales de sus esculturas: desde que veía un bloque de mármol sabía exactamente lo que había en él, lo que debía ser revelado, no importa en realidad si lo hacía para sí mismo o para los demás.

Los dedos estaban ahí, la cabeza estaba ahí cuando empezaba la obra, sin darle descanso, manteniendo el pulso como un hombre lo debe mantener al tomar una espada o un fusil para sobrevivir, para cazar, pero este hombre solo trabajaba en la perfección, ni siquiera en la perfección de sí mismo, sino en la que le era impuesta por la divinidad, sea cual sea.

La misma divinidad era la que guiaba la mano, como si de una profecía ya escrita en el seno de la piedra se tratara y él fuera el encargado de escribirla, pero no con su propia redacción, sino siguiendo las líneas que ya habían sido marcadas, como si fuera un niño que debe apretar el pulso para marcar todo aquello que debe aprender al escribir, al sumar, al dibujar. Miguel Ángel, no obstante, no aprendía nada, simplemente estaba atrapado por la forma primero, y luego por una imagen completa, y a ella se dedicaba, en ella depositaba todo.

Hablar de todo lo que acabó así no tiene sentido. Hablar de todo aquello que lo hizo trascender, que llega hasta nosotros, es una cuestión de mera formalidad arqueológica. Más vale estar de pie junto a todo aquello que destruyó o que no acabó, porque ahí está  todo lo que no sabemos de él, está puesta toda su pasión y la voluntad de tratar de acabar algo que no acabó. Ahí no vale la disciplina, como si fuera una droga que nos permite y obliga a vivir. Este no es un soldado que obedece a lo que algo o alguien le ordena. Es lo contrario exactamente. Es trabajar sobre la base de la no supervivencia, es dejarse matar un poco por ver que otra cosa se entrega, es como si nosotros moldeáramos el barro y le diésemos vida, un poco de nuestra vida cada vez, para que pudiera mantenerse solo en el tiempo. Así, por lo tanto, es nuestra voluntad morirnos un poco o totalmente para que la pintura, tinta o mármol se mantengan en el tiempo.

Pero dónde está la voluntad en aquello inacabado. Está en no acabarlo, porque se hace innecesario para la pasión, se hace innecesario para la voluntad alentada por esta pasión. No es un mero acto de disciplina el acabarla.

El hombre que empezó a pulir una piedad florentina para luego destruirla, responde que una de las razones para su destrucción era “porque su criado le había importunado con sus sermones diarios para que la terminara y otra porque se había roto una pieza del brazo de la Virgen. Y todo esto, dijo, así como otras desgracias, incluyendo el descubrimiento de una grieta en el mármol, le habían hecho odiar la obra, había perdido la paciencia y la había roto” (1) . Y es que los esfuerzos siguieron quizás más allá de su propia voluntad, dejando la mano antes a la disciplina, para ver destruido todo por culpa de ella, y siguiendo su voluntad, la destruyó.

Lo mismo ocurre con los esclavos o prisioneros inacabados para la tumba del Papa Julio II, pero modelados hasta el punto que parecen salir, emerger de la roca pero a la vez contenidos, prisioneros por el propio escultor para nunca emerger del lugar donde pertenecen. Quizás ellos también están junto a Caronte, como en la Capilla Sixtina, hombres condenados a tratar de escapar del lugar adonde pertenecen, del que son parte, pero, a la vez, obligados a permanecer ahí, y aunque su esfuerzo sea enorme les es imposible ascender hasta el lugar donde deben/quieren llegar. Es por lo mismo que estas esculturas parecen más humanas, como si no pudieran despegarse de su propia expresividad, de su propia humanidad. Las demás obras del escultor italiano, las acabadas, son o parecen ser casi perfectas, divinas si se quiere (lo llamaban el divino), son los pasos que se siguen en el mármol, desde el infierno al purgatorio para llegar al paraíso, acabando al hombre en su completitud, como obra.

En todas las inacabadas quiso llegar a la perfección y quiso poner un soplo de su propia vida, y a pesar de no terminarlas lo hizo, invirtió y entregó vida, se deshizo de algo de él para luego destruirlo. Es como si todas las manos rotas, los cayos más endurecidos por esta obra, las noches sin dormir, el hambre, el frío y el cansancio no hubiesen servido a nada más que a la destrucción de sí mismo o de una parte de sí, y si es así, entonces sigue primando la voluntad y la pasión. O tal vez el logro de su perfección sea justamente entregarle el soplo de aquello que él mismo era: autorretratos más sencillos, más iguales a él.

Puede que también la Piedad de Rondanini haya tenido esa pequeña perfección de lo que nunca acabo, sin embargo no podemos saber, sobre todo en esta, si fue en realidad su voluntad, si logró a pesar de todo llevar al punto culmine su obra pero sin esa presentación formal que requieren las obras terminadas o el olvido que la voluntad impone a las obras inacabadas.

Entonces las estatuas lloran la muerte del redentor en todas las piedades, pero en esta una madre inacabada llora a su hijo inacabado, juntos, tratando ella de que su hijo muerto no caiga bajo sus pies. No logramos ver claramente la tristeza en su cara, no logramos ver tampoco la expresión de la muerte de cristo en el rostro, pero entendemos que más allá de esta forma inconclusa hay algo que se muestra por completo aunque sin acabar. Ahí están marcadas las manos de un hombre muerto hace más de cuatrocientos años y su voluntad.




(1) R. Hodson (2000) p. 110

(Fine)

lunes, 27 de septiembre de 2010

Miguel Ángel y las inconclusas: Manos de Hombre
(Primera parte de la completitud)




A falta de prólogo o lo que importa viene después

Esta entrada la escribí hace años, con errores, con una serie de faltas que para mi hoy serían imperdonables, pero hay algo de añoranza en ella, hay un algo de aquella época que no es que se añore realmente, si lo hiciera estaría renegando prácticamente de todo lo que he hecho hasta el día de hoy, y no es que me arrepienta de cosas, de muchas, sino mas bien de cerrar ciclos y volver a eso, a lo que deje en ese momento y que me veo en la obligación de completar, para completar todo lo que haga falta, porque no se pueden dejar cabos sueltos, porque las barcas se pierden en el mar y por primera vez en mucho tiempo, creo, puedo confiar en que las barcas no se van a perder; y podré dormir toda la noche como es debido y no preocuparme de lo que puede ser o no, porque, así como la luna obliga al mar a subir o a bajar, mientras los cabos estén atados, la barca no se va a perder, y si lo hace, será guiada por las mareas, y estas a su vez por la luna. De la misma manera hay gente que influye en lo que he sido y seré.

Este post no es el primero de este blog, pero sin duda es el que le da sentido, un sentido de mosaico significativo, que conste de cada una de sus partes pero sea imposible de observar: un mosaico caleidoscópico si se quiere. Y tal vez, tenga que ver también con el sentido de cada una de las palabras, como pequeños mosaicos, que nunca se sostienen por sí mismas (nada hay que se sostenga a sí mismo), sino por aquello a lo que hacen referencia: los sonidos, las cosas, a un mundo que puede que exista o no (como Plutón), pero que también sostienen lo demás, y que al fin y al cabo está, y está bien.

El post que van a leer a continuación ha sido modificado mínimamente, en sus errores, en su estructura y apunta a algo que voy a finalizar la próxima semana, porque todos y cada uno de los que me leen, y sobre todo yo, se merecen que haga lo que trato de hacer de la mejor manera posible. Así, este blog se ha transformado en algo más que un espacio en el cyberespacio, pero a la vez en algo que no existe en ninguna parte... 


Las manos del Hombre

Cuando se habla de la Biblia se dice que los versos que en ella están escritos son de inspiración divina, dictados por boca de Dios a los hombres y mujeres que redactaron todas y cada una de las palabras que ahí aparecen. Pero ese soplo divino fue ejercido, ejecutado por manos de carne y hueso. No vamos a discutir aquí la legitimidad de lo que fue inspirado por Dios o si lo fue, sino hablar de algo más concreto: de hombres y de manos, de las cosas hechas.

Se dice del hombre que piensa, y que todo logro es fabricado con sus manos, diez dedos dispuestos a realizar cualquier cosa que comande la cabeza, por lo tanto, comandado por nuestro pensamiento. La división del trabajo tiene que ver con lo que hace el hombre: una parte primero se organiza, se piensa, se hace estrategia, para luego pasar a la acción, y sin embargo, no todo se comanda de esa manera, no todo es movido por la razón, sino también por otras razones menos explicables y entendibles, sensaciones del espíritu si se quiere, liberaciones del mismo. A estas liberaciones del espíritu se les puede llamar emociones. Pero no me interesa hablar de todas ellas, porque no todas ellas nos comandan sino hasta cuando se exaltan, y ahí está la pasión, eso es lo que me interesa.

El hombre se deja guiar por la pasión para matar a la mujer que ama, por ejemplo, y ahí esta el problema, no la mata porque la ame, la mata porque lo apasiona. Entonces, el hecho de matarla no necesitaría mayor explicación, como tampoco el descuartizarla, el arrancar cada uno de los pedazos de su cuerpo tratando de convertirla en un puzzle imposible de reconstruir, porque no existe razón para aquello. Como tampoco existe al momento de maquillar su cara, separada ya la cabeza de su cuerpo, esperando que toda banalidad desaparezca: su sexo, sus senos, sus brazos y piernas, para que quede sólo ella, la residencia de todo en la cabeza, incluso dejando de lado los músculos o las bombas que distribuyen los fluidos al rededor del cuerpo. La cabeza y su cara maquillada, como un acto de arte, en el que no se encuentra a nadie sufriendo. Luego, la sube a su auto en el asiento del copiloto, dejando que duerma todo lo que desee, no interrumpiendo su sueño. Deja que lo acompañe a ver la puesta de sol, después de toda una noche juntos, y se sienta tranquilo junto a ella, como si en realidad nada hubiese pasado.

No se necesita, creo, describir más: esto lo hizo un hombre, y necesitó de sus diez dedos para hacerlo, necesitó de la fuerza de su brazo, necesito ser guiado hasta el cansancio por su razón para realizar los cortes, el maquillaje, pero esa razón fue movida antes por sus deseos para cometer el acto mismo, por la pasión. Esa fuerza que movió sus músculos es la misma que mueve a Miguel Ángel a crispar las manos alrededor de la piedra, y sacar de ella toda la materia que nos nubla la vista de lo que hay detrás.


Las estatuas que lloran

La cabeza envía toda una serie de señales a lo largo del cuerpo, a cada momento, incluso estando inconcientes, actos involuntarios que permiten que vivamos. Los actos voluntarios, que nos ayudan a vivir también pueden ser movidos por actos involuntarios: matar un animal para comer; preparase para la conquista, construir una planta de purificación de agua. Pero el acto voluntario de enviar señales a todos nuestros músculos para que se pongan en tensión, porque se prepara para dar un golpe a una roca virgen, no nos ayuda a pervivir, teniendo como resultado una figura humana o divina. En este caso, los músculos del brazo alimentados constantemente para llegar a dar un golpe, con un martillo sostenido por cinco dedos y sus callos, labrados ellos mismos de tanto labrar, no sirve necesariamente para nada al acto de supervivencia individual o de la especie humana, es una perdida de tiempo, es un acto gratuito que nuestra especie – si es que podemos hablar en esos términos – es capaz de realizar.

Los primates tienen manos y patas que parecen manos, y son tan hábiles como para trabajar con ellos y ellas, y algunos hasta fabrican herramientas. Las hormigas no tienen manos, ni siquiera son tan hábiles con su cuerpo, pero el cuerpo y las manos de las hormigas son todas ellas, y pueden construir galerías tan complejas como el hombre pueda imaginar, pero son todas las galerías iguales, no responden a nada más que a un lugar de habitación. Los elefantes son capaces de hacer maravillas con el extremo de su trompa, son capaces de tomar suavemente los huesos de sus muertos y llevarlos a un lugar común, donde serán venerados por los años que les queden a los elefantes.

El hombre es capaz de construir edificios cuadrados como cuevas, que son útiles para vivir, que protegen de la lluvia, el viento y el frío. Esto lo fabrica con miles de dedos y sus herramientas, que a su vez han sido fabricadas con moldes y robots, que a su vez han sido fabricados con ingenio y con sus dedos, que a su vez están en fábricas que han sido echas con los dedos y con ingenio. Han construido cementerios. Han matado manadas de animales. No han hecho nada que no haya hecho un animal con sus habilidades y sin manos. Aléguenme que son más complejas, más sofisticadas, que el hombre ha evolucionado de una manera que permite a los hombres pensar en las estrellas y llegar hasta allá. Pero no ha hecho nada que no pudiese haber hecho, en el sentido que he mencionado, otro animal que necesita satisfacer sus necesidades de la forma más eficiente posible ¿Dónde está la voluntad del acto? Todo reducido a necesidad.

La cabeza y su cerebro le fue dado al hombre por la naturaleza, por Dios, por Yahvé, por Alá, o por algún experimento de alguna “raza” extraterrestre, que es similar en muchas formas al de los demás animales, e inclusive, hay especies que lo tienen más desarrollado que el nuestro en algunos aspectos, y sin embargo sería uno más entre ellos si no tuviéramos el soporte adecuado y la voluntad… adecuada.

Somos uno de los pocos que podemos suicidarnos, somos uno de los pocos que podemos dejar de comer, somos unos de los pocos que podemos evitar tener hijos y dejarnos llevar por el placer del acto sexual, somos unos de los pocos que podemos comer solamente para hacer cosas inútiles a nuestra propia existencia. Rompernos las manos y no para cultivar; herirnos para darle el tono adecuado al rojo de la sangre del ser que tratamos de representar, y que se está muriendo, y que nos da pena; retratar un campo de flores que sólo tiene colores que son eficientes sólo para ellas mismas, pero que queremos que quede impreso de forma indefinida en cada uno de los conos y bastones del iris, y detrás de ellos. Esto con dedos, y quizás no con todos.

En medio de esto está el hombre que he mencionado, que a los veintitrés años dibujó y esculpió “La Piedad” de la Basílica de San Pedro. A los veintinueve nos mostró como debía ser un hombre perfecto, David. Y usó toda la fuerza de su cuerpo para llegar a eso, para moldear cada una de las cosas que estaban bajo el mármol, pero, sobretodo, usó la fuerza de los dedos para moldear cada uno de los contornos, llegar hasta la tensión de los tendones en los pies, o las venas del brazo luego del esfuerzo. También hay fuerza en lo que es plano, hay fuerza en los colores que no parecen colores o coloreado, parecen parte te algo que está vivo, que se confunde entre lo dibujado y lo esculpido, o entre lo vivo o lo muerto. La Capilla Sextina se abalanza con todo el peso de esas personas sobre ti, con el peso de los ropajes desde el techo, y solo Dios es sostenido por los ángeles, para que no caiga sobre nosotros, porque adán no podrá sostenerse una vez que Dios aleje su dedo. Los que escalan las paredes de la capilla pesan y hacen fuerza con cada uno de sus músculos para escapar del fuego, de un Caronte que tensiona sus brazos en un remo, con la ira de quien va a matar a alguien que está muerto. Algunos son ayudados por los que están arriba, otros son abrazados por los mismos castigados para sumarle peso al propio peso.

La única manera que queda para escapar es dejando que la manos hagan la fuerza necesaria para que el pincel no pase de largo, para que el cincel no pase de largo. Es la redención que buscan los que tienen la desesperación pintada en la cara, los que tienen la tranquilidad están al lado del Hijo. Los que están bajo un látigo casi infernal son los que ayudan a Miguel. Ellos eran la extensión de lo que no necesitaba hacer.

(fine parte prima)

sábado, 18 de septiembre de 2010

Gainsbourg, el arte de la exageración:
J'fais des trous, des p'tits trous…



Las orejas de mosieur Gainsbourg eran enormes, enormes hasta para un orejón. Ellas parecen dos caracoles prehistóricos ajustados estéticamente a los lados de la cabeza, simétricamente puestos para un contrapeso justo, como el de los ascensores, para que los sonidos cupiesen con toda su energía en ellos y anidaran.

Las orejas de mosieur contienen no solo sonidos, contienen al mundo, un mundo que no fue revelado sino hasta cuando llegó a la composición, de la mano de la trompeta con patas de Vian, de Boris Vian.

Ni hablar de su cabeza, una cabeza Magrittiana, una cabeza verde azul, de col, con caracoles escondidos bajo sus hojas, dos grandes caracoles moribundos.

Y qué serían los caracoles y la cabeza de col sin un corazón gigante que se dejaba llevar por la belleza de la música y de la carne.

No es necesario pensar en la risa negra que completa el conjunto, una risa que se rie de la pena judía en el corazón de sheriff del niño Lucien, que Serge no había nacido aún, era la sombra de un monstruo imaginario por nacer, que vería la luz algunos años antes que Altazor, pero con el mismo gusto por la vida, tratando de vivirla a ver si es capaz de morir en el intento.

Les extraits du Reader Digest                (los extractos del Reader’s Digest
Et dans c'bouquin y a écrit                     y en este libro está escrito
Que des gars s'la coulent douce à         que los chicos disfruten en
Miami                                                       Miami
Pendant c'temps que je fais l'zouave     mientras trabajo como un tonto
Au fond d'la cave                                     al fondo de un sótano
Paraît qu'y a pas d'sot métier                 parece que no hay trabajo 
                                                                               [más estúpido
Moi j'fais des trous                                  yo, haciendo pequeños hoyos
dans des billets*                                      en los billetes)

Y es así.

La cabeza, los caracoles, el corazón, la risa negra y una nariz judía opacada por el resto, se nos presentan de frente con un collage de fondo: al lado del corazón la Bardot, Birkin y Charlotte, con fotografías antiguas pero en color, un poco amarillas y desteñidas por el tiempo, pero de pie. Sobre dentro de la cabeza de col Vian y los surrealistas, retratados en blanco y negro, más en un negro profundo, como una borrachera con sombra, algo que se desvanece totalmente.

J'en ai marre j'en ai ma claque             (Estoy cansado de eso,
                                                              [he tenido suficiente
De ce cloaque                                      de esta cloaca
Je voudrais jouer la fill'' de l'air             querría jugar a la chica del aire
Laisser ma casquette au vestiaire        dejar mi gorra en el guardarropa
Un jour viendra j'en suis sûr                  el día vendrá, estoy seguro
Où j'pourrais m'évader dans la nature  en el que me podré evadir 
                                                                         [en la naturaleza
J'partirai sur la grand'route                    me iré por la gran ruta
Et coûte que coûte                                y cueste lo que cueste
Et si pour moi il n'est plus temps          y si no hay más tiempo para mi
Je partirai les pieds devant                   partiré con los pies por delante)

J'fais des trous, des p'tits trous,         (yo hago los hoyos, pequeños hoyos,
encor des p'tits trous                          aún más pequeños hoyos
Des p'tits trous, des p'tits trous,         pequeños hoyos, pequeños hoyos
toujours des p'tits trous                      siempre pequeños hoyos)

Y a d'quoi d'venir dingue                    y eso es lo que me tiene chalado
De quoi prendre un flingue                 lo que me hace tomar un arma
S'faire un trou, un p'tit trou,                y hacer un hoyo, un pequeño hoyo,
un dernier p'tit trou                             un último pequeño hoyo
Un p'tit trou, un p'tit trou,                    un pequeño hoyo, un pequeño hoyo,
un dernier p'tit trou                             un último pequeño hoyo

Et on m'mettra dans un grand trou      y me meterán en un gran hoyo
Où j'n'entendrai plus parler d'trou      donde nunca más escucharé hablar
                                                                                           [de hoyos
plus jamais d'trou                              de hoyos, nunca mas de hoyos
De petits trous                                   Pequeños hoyos….

Toda la risa encapsulada en lágrimas.

La muerte sin duda no lo persiguió a él en particular, la muerte no persigue a nadie, nosotros perseguimos la muerte, siempre vamos un paso detrás de ella y él nunca la quiso alcanzar, simplemente quiso perderse un poco de todo, reírse de sí, reírse del amor perdido de Bardot, reírse de la alegría a medias con Birkin, llorar de risa con la estupidez de los periodistas y de la gente.

Je vis au cœur d'la planète                         (vivo en el corazón del planeta
J'ai dans la tête                                           tengo en mi cabeza
Un carnaval de confettis                             un carnaval de confeti
J'en amène jusque dans mon lit                 que traigo hasta mi cama
Et sous mon ciel de faïence                        y bajo mi cielo de loza
Je n'vois briller que les correspondances  Todo lo que veo brillar son las
                                                                  [luces de los enlaces del metro
Parfois je rêve je divague                          A veces yo sueño, divago
Je vois des vagues                                    veo vacío)

Hoy no conozco a nadie más clásico que él, heredero y portador de la chanson française, como si se tratara de un fuego prometéico, llevándola al rock, al disco, al reggae, como su Masellesa destronada, más clásica que todo lo anterior, de él, un francés por casualidad o por obligación de vivir.

Sin embargo, musieur nunca estuvo loco, nunca fue un exagerado, siempre tuvo los pies más en la tierra que los ángeles que él amaba.

En realidad todo era mentira, un cuento, una película de Joann Sfar

Gainsbourg nunca existió, era simplemente Lucién niño que soñaba con ser Gainsbourg, con ser la cabeza de col, con Melody Nelson y Gainsberre, con ser un muerto enfermo del corazón el año 1991




*La letra corresponde a extractos de esta canción


Bonus track:


Je t'aime... moi non plus




Je bois (Boris Vian)





C'est tout

sábado, 11 de septiembre de 2010

Envejecer cool electrónicamente: Losing My Edge - LCD Soundsystem.

"I hear everybody that you know 
is more relevant 
than everybody that I know"
LCD Soundsystem - Losing My edge


Losing My Edge: comentarios de Murphy sobre la canción, letra y traducción aproximada.

En general, nunca he sido un particular fan de la electrónica, me gustan ciertas bandas, ciertos dj's, ciertos temas, pero mi alma rock no me dejaba entrar a una fiesta rave o a un festival como lo era antaño Sonar, en Barcelona. Ambas constituían una experiencia insoportable, me era imposible entenderlo sin paraísos artificiales, hasta que me topé con LCD Soundsystem, y sobre todo, con su primer tema: Losing my edge.

El tema me dejó impresionado, no sólo por su carga de psicodélia, no sólo por su carga rock -a pesar de que es evidentemente un tema electrónico-, sino por el contenido de la letra en conjunto con el acompañamiento musical.

La canción es vieja, data del año 2002, cuando el autor tenía probablemente (aún no sé su edad con certeza y espero no saberla, como tampoco si es el único autor) 32 años, y fue lanzada como single.

En ella que quien habla ya se siente viejo, que el tiempo se le estaba pasando como se nos pasa a todos, pero no en un sentido como lo efímero de la vida o la muerte que se acerca, sino de algo que creo va mucho más allá. No es tampoco esa mentada “middlelife crisis”.

El tema, me parece, tiene que ver más con la sensación de añejo, de lo que se nos convierte en algo de otra época, pero reconocible. No me refiero a ese sentimiento existencialista del objeto para la vida, de la existencia de Dios, de mi apego a la vida; hablo más bien de un departamento empapelado, en el que podemos reconocer que el edificio pertenece a la década de los sesenta, y que el papel de las paredes pertenece a finales de los setenta, pero que no soportó el tiempo y el edificio se hizo anacrónico entre los demás, las habitaciones siguieron vacías por mucho tiempo y el sol quemó las paredes logrando que muchas de las puntas del empapelado cayera y se borronearan los colores transformándolos en un amarillo desteñido. Pero todo eso sigue en pie, rodeado de edificios nuevos, siendo útil pero sin uso a causa del mismo anacronismo. Tampoco será considerado una pieza de museo porque es igual que todos los demás edificios, sin una noción de identidad, un circo romano en ruinas, que no es el Coliseo, una torre inclinada que no es la de pisa, en suma, la última casa en pie de todas las casa de una villa, exactamente iguales, aunque esta haya sido la mejor villa de las villas de todas las épocas.

Así creo que la canción representa un alegato de quienes fuimos y quienes somos, como dinosaurios vivos inútiles, aunque hayamos sido los mejores de nuestra época, cosa que irremediablemente funciona como un edificio de pie, útil pero vacío.

La canción dice: estuve ahí el 68, el 74, el 88 en Ibiza; fui el primero, fui el mejor, pero ahora todos me están dejando atrás, fuera de onda.

Porque aunque todos seamos parte de la ola que viene, la hayamos creado, hayamos navegado en ella, inevitablemente reventará sin nosotros. Nuestra propia ola, la que reventó con nosotros, la hicimos reventar hace años, siglos nos puede llegar a parecer. Y, a pesar de todo, Murphy y compañía, con esa queja, a los supuestos 32 años –quizás 30- hizo reventar una ola y ahora navega en otra. La queja por lo tanto era cínica, o tal vez pensaba que hacía lo último y que su ola hace tiempo había reventado u otros la hicieron reventar.

Pero eso es lo de menos. Puede que todo lo que acá esté dicho esté mal.

Sea cómo sea “the kids are comming up from behind”.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Por qué todos odiamos a Banksy?
(Tercera parte y Final: The answer)

Entonces, por qué odiamos a Banksy?















Tal vez porque todos nosotros hemos escondido aquello que nos atrae de los niños de pintados en las paredes; de la naturaleza; de lo primitivo; y, por tanto, queremos esconder aquello que somos también, aquello que nos hace vulnerables: queremos alienarnos del dolor propio y proyectarlo en quienes todavía lo sufren para nuestro propio alivio -siempre habrá alguien en peores condiciones que yo... ¡qué alivio!-.

Todo en Banksy es nuestra propia realidad moral y ética que destruye lo que nos rodea y nos aleja de lo que podríamos llegar a ser. Relativiza absolutamente el progreso, la caridad, el sufrimiento, en definitiva, una serie de valores que consideramos correctos, pero que sin embargo nos han llevado a cosas como estas:





Así, también, todo en Banksy nos restriega en la cara nuestros sutiles olvidos, nuestro entrar absolutamente en un juego que nos va a matar, que va a matar a nuestros niños y que no queremos ver, porque es más fácil reír y pensar en el buen chiste que nos muestra, en una crítica lite a la sociedad, y no ver que todo eso que está ahí, que fue, es y será nosotros. Todas las paredes que están a nuestro alrededor somos nosotros
y él se gana la vida a costa de ellas, a costa de nuestra estupidez.

La esperanza que nos queda es tratar de entender lo que dicen las calles de las cuidades donde vivimos y hemos vivido, desnudar el concreto, mirar de frente a la gente que nos cruza y mirarse a sí mismo dentro de este micromundo que consideramos nuestro -me refiero a nuestra propia vida-, y ver si podemos vivir con el peso de nuestro propio reflejo.





Si fuéramos concientes de eso, todos odiaríamos a Banksy. Pero, a lo sumo nos causa envidia que critique al sistema y lo use para su propia supervivencia. A eso, NOSOTROS, lo llamamos contradicción. De todas maneras lo odiamos ¿o no?







http://www.banksy.co.uk/
(FIN...)

sábado, 28 de agosto de 2010

Por qué todos odiamos a Banksy?
(Segunda parte: The land of the bro-ken dreams)

 “Come hither! bury thyself in a life which, to your now equally
abhorred and abhorring, landed world, is more oblivious than death”
Herman Melville.
Moby Dick or the White Whale. CX
I


Más allá de la risa, de la ironía y del sarcasmo está otro Banksy, uno más inocente que al parecer no cree en el mundo, pero pone toda su fe en él. Y me refiero a FE, algo en lo que racionalmente no podemos creer, pero que se aloja en alguna parte de nosotros –el corazón si se quiere-. Y es a la vez, esta misma fe la que produce la desazón de sus niños y hombres retratados, porque muchos de esos seres han perdido la esperanza, la inocencia o, por el contrario, la mantienen.

Lo que predomina en la obra de Banksy son los niños; los hombres y mujeres solitarios y tristes, o a punto de ser despojados de algo; lo primitivo, ya sea en forma de hombres primitivos o de naturaleza cruda; los objetos que desnudan la realidad en la que vivimos; la autoridad –en forma de policías o soldados-; y, finalmente, las intervenciones a obras clásicas. Sin embargo, lo que más me interesa es lo que no está relacionado con estos dos últimos puntos, es decir, todo lo que tiene que ver principalmente con la inocencia y la pérdida o recuperación de fe.











Los niños nos miran de frente. (no estamos perdidos)


Casi todos los niños que pinta Banksy están enfrentándose a algo, están cometiendo acciones, están de una u otra manera reb(v)elándose, estableciendo un caos, poniéndose a todo lo que somos a todo lo que son. No obstante, por momentos, pareciese que estos mismos niños se están haciendo cargo del anhelo de cada uno de nosotros, una suerte de retorno a esos juegos, casi sin maldad, pero que pueden caer en ella en cualquier momento, una suerte de paraíso perdido, pero sin lo infernal de William Golding, sino solo una especie de caos inocente que nos llamó en algún momento.

De todas maneras, es cierto que muchas de estas visiones de niños son desesperanzadoras, ya que la mayoría de ellos se encuentran en un mundo de adultos, liderado, vivido y pervertido por ellos, lo que provoca en nosotros la ternura de la inocencia perdida dentro de esta perversión: niños vestidos de adultos, jugando con cuestiones que no les está permitido, acercándose al peligro de lo que todos nosotros somos: viejos faltos de algo más puro, de una inocencia perdida en algún punto del camino a la maduración.


Y a pesar de todo lo anterior, ellos justamente son la esperanza, y no porque representen al “niño que todos llevamos dentro” o porque sean “el futuro del mundo”, porque no lo serán: el futuro que le espera al mundo está dominado en un eterno presente por los adultos, que pueden ser aún inocentes, pero ya corrompidos por un caos disfrazado de orden, que no sabemos si pertenece a algo externo o interno –y definitivamente no somos necesariamente un buen salvaje-. Y es este mismo caos el que combate Banksy, porque prefiere que las hipocresías se diluyan en un caos; caos, sin disfraces de ningún tipo. A fin de cuentas, ellos son la esperanza porque ellos permanecerán niños por los siglos de los siglos, o por el tiempo que permanezcan pintadas esas paredes, y porque ellos, cada vez que pasamos de frente a esos graffitis, nos recuerdan que todavía podemos ser inocentes, aunque seamos adultos jugando con juguetes de adultos, con lo que ellos juegan sin perder esa inocencia porque una figura nunca podrá perder ni evolucionar nada de lo dado.

Así mismo funciona la naturaleza, lo primitivo, pero más que una vuelta a ello o a una inocencia perdida, nos acerca a un tipo de ingenuidad, como los animalitos que se acercan por curiosidad a una trampa y terminan muertos, pero nos reímos de esa ingeuidad. 
Los hombres frente al abismo 

Ahí están parados, siendo sometidos por sí mismos, condenados por un pasado y un presente que no vemos y definitivamente sin ningún futuro. Ahí están, sodomizados por lo que no fueron capaces de luchar o por no tratar lo suficiente, o simplemente están a la espera de caer en el olvido. Sentados, mirando para todas partes. Solos, luego de pelear guerras que sirvieron a otros. Y Ahí se encuentran con los niños, jugando con las mismas armas que jugaron los niños, pero con una inocencia, no perdida, con una ingenuidad, no olvidada, sino escondida, como todo lo que no queremos ver y que es aquello que Banksy nos quiere mostrar.

 




http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)

domingo, 22 de agosto de 2010

Por qué todos odiamos a BANKSY?
(Primera parte: The land of Anarchy)


“Sin embargo, todo siempre termina igual: llega el éxito y uno le vende los derechos a McDonald’s”
Carlos Piegari


Las últimas veces que ví a Banksy se me rompió algo dentro, como si en el camino se me hubiera caído la risa: desde la primera vez que ví uno de sus graffitis hasta que leí un post de Hooper escrito por un amigo se produjo la caída; y lo volví a mirar, un poco más de reojo, no tan de frente.

La primera vez que ví a Banksy me hizo reír, me entretuve y consideré que los graffitis que hacía lograban de alguna manera un cometido mayor que cualquier ensayo de crítica social, pero no lograba llegar más allá de lo que me provocaban a primera vista: una sonrisa… y a veces indignación. Sin embargo, ayer eso dio paso a la desazón.

Y no voy a referirme a su aparente contradicción entre su ideología en cuanto obra y lo que hace en su vida – ha vendido diferentes obras en subastas en las que ha alcanzado altos precios, ha trabajado para la marca Puma y MTV, como también lo ha hecho para Greenpeace-, ni menos en su recepción.

…Pero hay que partir necesariamente, en su obra, por lo primero y más evidente: la carga de ironía y crítica que hay en sus obras, ya que cada una de ellas se inserta no sólo en lo que podríamos considerar un arte anárquico, sucio, de crítica social, político y políticamente incorrecto, sino también como un arte que huele a sublevación, una nueva vanguardia, si se quiere, pero hasta ahí llega el manifiesto y la forma.

Porque todos nos podríamos reír con Banksy o mirar sus obras y pensar “eso me lo llevo puesto, lo imprimo en una polera –camiseta, remera o franela- y lo uso en la playa”. Es que parecen originales, parecen una humorada. Como si los dibujantes de viñetas de los diarios se hubiesen escapado de los periódicos y se hubiesen puesto a pintar en la calle.


La segunda impresión que puede causar es sorpresa. Porque interviene el material con el que trabaja. Como decía en un post anterior, hoy ha desaparecido el “Oil on Canvas” como soporte principal de los pintores o dibujantes y se ha extendido a todos los soportes, y en este caso el soporte es la ciudad, o más bien dicho, la urbanidad, como construcción humana opuesta y superpuesta a la naturaleza. Pero no sólo eso, sino que, además, interviene justamente su soporte, del que saca partido como en las imágenes que se muestran a continuación.




Utiliza la misma cuidad como parte de la obra, como si ella misma le diera la excusa para interactuar ahí, en medio de todo, para que también la gente interactúe con su propia obra, un arte no de intelectuales sino un arte de a pie. Y es por eso que tal vez que su arte sea considerado anarquista, porque interviene el orden de la ciudad, como si quisiese mostrar el caos permanente en el que vivimos, disfrazado de un orden feroz. Una cárcel disfrazada de libertad.

Pero puede también que su anarquía sea considerada tal por sus problemas con la autoridad: un graffitero trabaja de noche a escondidas porque lo que hace esencialmente es algo así como la remodelación de la propiedad privada para el uso de una expresión identitaria –justamente juega con la expresión de lo identitario y lo privado, cubriendo su rostro y tratando de que toda su obra sea colectiva, no sólo en su creación, sino también tratando de eliminar su propiedad, más allá de su pseudónimo, toda su obra… entregándola a la gente-  o, en otras palabras, la destrucción de la propiedad privada o pública por un acto vandálico. Lo que ocurre es que en el arte rupestre esa expresión no tenía que ver con la propiedad pública o privada, sino solo con la expresión de lo que se veía o sentía porque no había modo de hacerlo de otra manera, más que en las piedras, paredes de cuevas o la tierra. Hoy, sin embargo, no hay otra manera para quien no tiene recursos ni mucha educación, que acceder a un “Oil on Canvas” en el suelo o en cualquier pared. Así, el graffitero tendrá que trabajar siempre de noche, enfrentando a la policía o cualquier autoridad que lo quiera enfrentar, y de ahí, quizás las figuras de autoridad y de anarquía que aparecen en sus obras.



 •
Ahora es el turno de la crítica social que pareciera ser el fin último de la obra de este autor, porque aquello que los graffitis de Banksy tratan de mostrar tiene que ver, en muchos sentidos con la decadencia de la sociedad en que vivimos. Y aquí, no hay mucho más que decir, es preferible ver sus obras...

 











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(Continuará...)

viernes, 18 de junio de 2010

Mundial 2010 y Puños: Esa cosa que concientemente no he querido llamar poesía.

Hace años me prometí que el fútbol no me gustaba más, porque había cosas mejores que ver como perdían constantemente los 11 que me gustaban contra otros 11, cualesquiera. Y es que no me gusta la vida fácil. Es fácil ser hincha de un equipo popular, es fácil celebrar siendo ganador, pero es difícil seguir siendo hincha cuando tu equipo ni siquiera ha salido campeón de segunda… o ese es el máximo título que tienen. Esos hinchas son los que admiro, son los que a punta de paciencia e ilusión se enamoran de un equipo que nunca les dará la satisfacción de ganar una copa de campeonato siquiera. Y lo siguen y lloran con ellos una y mil veces, sufriendo cada partido como si fuera una final, porque sueñan con ser campeones, o por lo menos con que este año si van a superar el record de partidos ganados al hilo y tendrán esas pequeñas hazañas que contar a sus hijos.

Ellos son también los que hacen propias las victorias ajenas, pero cercanas. Por ejemplo, cuando Colo-colo en Chile ganó la Copa Libertadores, no era el equipo el que la estaba ganando, era un país completo, y es que hasta los hinchas de sus archienemigos, la Universidad de Chile, celebraron esa noche como si hubiésemos ganado la copa del mundo. Por otro lado, como Sudamericano, la mayoría de nosotros, creo, hincharíamos por Brasil, Argentina o Uruguay en la final de un Mundial cualquiera–como dolió la última final del mundo sin un equipo latinoamericano peleando por el título-.

A pesar de esto, no es que la gente se conforme con poco viendo ganar a otros, es simplemente que la gente quiere sus pequeñas cosas, su pequeños logros, felicidades mínimas. Ellos saben que sus jugadores, en la oncena que nunca gana un campeonato, que siempre esta en la medianía de la tabla de posiciones, juegan porque son fieles a la hinchada, y por mucho que les paguen –o no les paguen-, dejan las piernas y todo lo que tienen en la cancha, y se ponen orgullosos también hinchas y jugadores cuando uno de su cantera se va a un equipo grande y gana la Libertadores o la Champions, y aunque sueñen con que algún día llegue siquiera a la final del mundial, saben que nunca estará ahí porque hay otros 10 que por más que acompañen y se jueguen la vida en un partido, en un mundial hay veces que no se puede. Y es justamente por eso que todos gritan y saltan cuando uno de los suyos, que salió de su cantera, corre por el pasto de otra cancha, bien lejos, para levantar la copa con sus otros compañeros.

Por eso me da pena este mundial, porque lo que veía acercarse en mundiales anteriores es hoy una realidad: ese arte que hay tras los deportes se nos va de la cancha, salió del estadio y se pierde entre los pocos fanáticos que ven jugar un partido no solo con la ilusión de ganar, sino de ganar con las cosas bien hechas. Chile en el primer partido de este mundial jugó así y ganó. España jugó mejor y perdió, ante una Suiza que tuvo un golpe -literalmente hablando- de suerte. Grecia: malos pero con puro corazón y un poquito de fútbol ganaron. El arquero de Nigeria, una maravilla. Quizás algo del brillo que debería tener Argentina apareció en el último partido, un reflejo quizás.

Así, el Fútbol se está transformando en algo que no se juega por la emoción, y menos por las selecciones, se ha transformado en metas a corto plazo, con individualidades descollantes, pero sin un respaldo en el equipo. Quizás está pasando como con el box. Cuando en los ’60 y el los ’70 veíamos las peleas de Mohammed Ali, de George Foreman o Joe Frazier, mirábamos como ellos se movían en el ring, como usaban estrategia y competían, porque la forma de ganar no era solamente tirando al otro a la lona y esperando que pasaran 10 segundos, en eso no hay cabeza, en eso no hay necesariamente trabajo ni esfuerzo, eso es pura brutalidad, y si ven los movimientos de estos boxeadores se dan cuenta que hay gracia, agilidad, fuerza, astucia y claro –lo que asusta y duele- golpes, y sin embargo parece un dolor que vale la pena sobrellevar, porque hay veces que vemos un pequeño ballet ahí y eso nos saca una sonrisa, sobre todo cuando sabemos que esa gracia viene de unos pesos pesados.



Pueden criticar mi punto, pero no hay que sacarlo del contexto: es una competición, no una riña callejera, no un asalto, el objetivo no es matar al otro y no necesariamente noquearlo. Y el arte de ese deporte no está en una cara deforme, no está en el dolor del otro, no está en esa brutalidad del box de hoy en el que hay que matar al otro, si no la pelea es aburrida; está en esos movimientos, en el acercamiento, en que una persona, sin ningún agregado más que el cuerpo, puede hacer contorciones gráciles, simétricas, coreográficas, sin pretender hacerlo, solo porque su cuerpo se lo manda. Esa cosa –que concientemente no he querido llamar poesía porque no necesita de sustantivos prestados- hoy no está, o es muy difícil de encontrar.

El hincha hoy sale del estadio con la emoción del partido ganado, perdido o empatado, la emoción fácil, que dura los 90… y tantos minutos, y que deja con ese gusto a poco, con esas ganas de ver los movimientos y piruetas de los jugadores, y no que nos dejen pensando que la pelota es un cubo y que solo hay que pegarle con mucha fuerza para que entre al arco y se convierta en emoción. Mal que mal, muchos se pueden acordar de una victoria o de una derrota, pero la primera es más rica con mucho arte y la segunda es más dolorosa también. O es que nadie se acuerda de Maradona a Inglaterra en México 86…un verdadero tango de Piazzola...




…O de aquella noche memorable del 11 de febrero de 1998, cuando Salas derrota al arquero de Inglaterra en Wembley, con un gol que es tan bueno como un cuadro de “El Greco”…?


Si quieren ver lo que significó este gol y otros ángulos ver otro video aquí


La fotografía "Final del Mundial de 1994" pertenece a Daniel García y muestra a los arqueros Taffarel (Brasil) y a Gianluca Pagliuca (Italia) que se cruzan en la definición por penales.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Ya no importa Warhol.


Cuando conocí a Warhol estaba en el colegio, estaba viendo un documental acerca de él y tenía algo así como trece años. Hasta ahí me habían enseñado que si no lo había pintado Da Vinci o Raphael, que si no lo había esculpido Miguel Ángel no era nada apreciable en el arte y el arte era entendido como plástica… lo demás era literatura, danza, teatro, etc.

Lo que Warhol hacía, para la mayoría de mis profesores en esa época, eran idioteces, garabatos, cultura pop desechable, en suma galimatías de antología y sigue siendo así.

Hay que entender el contexto primero: yo estaba creciendo con profesores que se encontraban recién saliendo de –o tratando de quedarse en- la dictadura de Pinochet, que habían sido formados en ella y que en mucho casos, si no estaban de acuerdo con ella, por lo menos tenían que aparentar que estaban de acuerdo, y ahí el arte era el arte de lo clásico decimonónico, positivista, estructuralista, ojala de una escuela no muy Marxista.

Entonces crecí pensando que no se podía hacer nada más que no fuera un arte “oil on canvas”, y que todo en la pintura era repetir y repetir y repetir. No entendí a Warhol.

Hace años salí del colegio y entré a estudiar literatura. Ahí, entre otras hierbas leí “La deshumaniación del arte”, “El arte en la época de la reproductibilidad técnica”, “la angustia de las influencias”; escuché a la Velvet, a Bowie, mastiqué bien a The Beatles, el “Pet Sounds”, Sonic Youth, Pixies, y quise que alguno de los grandes dibujantes de Batman –como Jim Lee- hiciera un “oil on canvas” de Batman, que nadie más pudiera repetir: un original. En ese momento creí entender algo de Warhol. Creí entender a la culturar pop y que podía ser pop art, que el arte podía ser y era para las masas.

El arte puede ser un Rady Made como Duchamp, partiendo de materiales construidos, sin embargo Warhol lo lleva un nivel más allá, logrando que el diseño para las masas sea el arte, que la ironía sea pop…ular que se refleje la sociedad como un espejo que no refleja una masa de gente sino a toda la gente al mismo tiempo, a todos los consumidores de sopa “Campbell's”. Esta gente como masa, como sociedad, como ironía o como reflejo vivo se encuentra a través de un diseñador, de un gerente, de los dueños de un capital, de cultivadores, de químicos, que son consumidos por ellos mismos: “Campbell's”, “McDonald's”, “Wendy’s”, Batman, Britney, Radiohead, Nike, Sudáfrica 2010… y la vorágine artística podría seguir. Pero Warhol ya perdió el norte, porque ya conocen su truco y los diseñadores y las empresas juegan con él. Entonces, como ya dije, soñé lo opuesto, que alguien como Jim Lee hiciera un original de Batman y lo encontré, pero de otra manera, lo encontré en los grabados de Loro-Coirón y en algunas viñetas de Montt –sí, el mismo, Alberto Montt , en dosis diarias y solo ahí-.

El impacto de Loro-Coirón (Thierry Defert) fue colosal. Eran como comics, eran como el humor gráfico de los periódicos, con líneas simples, pero en grande, eran grabados, eran únicos e irrepetibles, pero tenían la forma de un comic que mostraba cómo era Valparaíso, como vive la gente ahí. Era una realidad animada, “oil on canvas” en la época de la reproductibilidad técnica. No es la deshumanización del arte, es la rehumanizazción de la caricatura: ya no exagera, no la imita, no la abstrae, la muestra como un espejo que solo deja pasar algo de lo que ve, como un lente que se enfoca como se debe enfocar para mostrar lo que quiere mostrar. Obtuso, puede ser, pero lleno de retratos verosímiles.

Por otro lado, y casi al contrario está Montt, aquel que con comics subidos a Internet nos hace reír casi todos los días con alguna viñeta interesante, con la sátira, la ironía, la burla, llevado a extremos brillantes: humor literal aburrido; humor negro descarnado; humor agudo y grave que a veces roza lo conceptual, que juega con ciertos límites de la palabra dicha como palabra-imagen sin tener letras –cuestiones semiológicas tan aburridas como este post- pero que van más allá a veces del simple divertimento. Sencillas, entendibles y reproducidas al infinito como las imágenes que de él dejo en este post.

Con esto, sin embargo, no pretendo canonizar a Loro ni a Alberto, sino que siento que se cumple el sueño del arte en la época de la reproductibilidad técnica, y más importante aún, sin “oil” ni “canvas”.


Una selección de Loro-Coirón en la Biblioteca Nacional (Santiago de Chile):









Una selección de Montt... Alberto Montt:


p.d.: las cuerdas de los instrumentos se fabricaban con tipas de animal hace un par de siglos atrás





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