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sábado, 11 de septiembre de 2010

Envejecer cool electrónicamente: Losing My Edge - LCD Soundsystem.

"I hear everybody that you know 
is more relevant 
than everybody that I know"
LCD Soundsystem - Losing My edge


Losing My Edge: comentarios de Murphy sobre la canción, letra y traducción aproximada.

En general, nunca he sido un particular fan de la electrónica, me gustan ciertas bandas, ciertos dj's, ciertos temas, pero mi alma rock no me dejaba entrar a una fiesta rave o a un festival como lo era antaño Sonar, en Barcelona. Ambas constituían una experiencia insoportable, me era imposible entenderlo sin paraísos artificiales, hasta que me topé con LCD Soundsystem, y sobre todo, con su primer tema: Losing my edge.

El tema me dejó impresionado, no sólo por su carga de psicodélia, no sólo por su carga rock -a pesar de que es evidentemente un tema electrónico-, sino por el contenido de la letra en conjunto con el acompañamiento musical.

La canción es vieja, data del año 2002, cuando el autor tenía probablemente (aún no sé su edad con certeza y espero no saberla, como tampoco si es el único autor) 32 años, y fue lanzada como single.

En ella que quien habla ya se siente viejo, que el tiempo se le estaba pasando como se nos pasa a todos, pero no en un sentido como lo efímero de la vida o la muerte que se acerca, sino de algo que creo va mucho más allá. No es tampoco esa mentada “middlelife crisis”.

El tema, me parece, tiene que ver más con la sensación de añejo, de lo que se nos convierte en algo de otra época, pero reconocible. No me refiero a ese sentimiento existencialista del objeto para la vida, de la existencia de Dios, de mi apego a la vida; hablo más bien de un departamento empapelado, en el que podemos reconocer que el edificio pertenece a la década de los sesenta, y que el papel de las paredes pertenece a finales de los setenta, pero que no soportó el tiempo y el edificio se hizo anacrónico entre los demás, las habitaciones siguieron vacías por mucho tiempo y el sol quemó las paredes logrando que muchas de las puntas del empapelado cayera y se borronearan los colores transformándolos en un amarillo desteñido. Pero todo eso sigue en pie, rodeado de edificios nuevos, siendo útil pero sin uso a causa del mismo anacronismo. Tampoco será considerado una pieza de museo porque es igual que todos los demás edificios, sin una noción de identidad, un circo romano en ruinas, que no es el Coliseo, una torre inclinada que no es la de pisa, en suma, la última casa en pie de todas las casa de una villa, exactamente iguales, aunque esta haya sido la mejor villa de las villas de todas las épocas.

Así creo que la canción representa un alegato de quienes fuimos y quienes somos, como dinosaurios vivos inútiles, aunque hayamos sido los mejores de nuestra época, cosa que irremediablemente funciona como un edificio de pie, útil pero vacío.

La canción dice: estuve ahí el 68, el 74, el 88 en Ibiza; fui el primero, fui el mejor, pero ahora todos me están dejando atrás, fuera de onda.

Porque aunque todos seamos parte de la ola que viene, la hayamos creado, hayamos navegado en ella, inevitablemente reventará sin nosotros. Nuestra propia ola, la que reventó con nosotros, la hicimos reventar hace años, siglos nos puede llegar a parecer. Y, a pesar de todo, Murphy y compañía, con esa queja, a los supuestos 32 años –quizás 30- hizo reventar una ola y ahora navega en otra. La queja por lo tanto era cínica, o tal vez pensaba que hacía lo último y que su ola hace tiempo había reventado u otros la hicieron reventar.

Pero eso es lo de menos. Puede que todo lo que acá esté dicho esté mal.

Sea cómo sea “the kids are comming up from behind”.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Por qué todos odiamos a Banksy?
(Tercera parte y Final: The answer)

Entonces, por qué odiamos a Banksy?















Tal vez porque todos nosotros hemos escondido aquello que nos atrae de los niños de pintados en las paredes; de la naturaleza; de lo primitivo; y, por tanto, queremos esconder aquello que somos también, aquello que nos hace vulnerables: queremos alienarnos del dolor propio y proyectarlo en quienes todavía lo sufren para nuestro propio alivio -siempre habrá alguien en peores condiciones que yo... ¡qué alivio!-.

Todo en Banksy es nuestra propia realidad moral y ética que destruye lo que nos rodea y nos aleja de lo que podríamos llegar a ser. Relativiza absolutamente el progreso, la caridad, el sufrimiento, en definitiva, una serie de valores que consideramos correctos, pero que sin embargo nos han llevado a cosas como estas:





Así, también, todo en Banksy nos restriega en la cara nuestros sutiles olvidos, nuestro entrar absolutamente en un juego que nos va a matar, que va a matar a nuestros niños y que no queremos ver, porque es más fácil reír y pensar en el buen chiste que nos muestra, en una crítica lite a la sociedad, y no ver que todo eso que está ahí, que fue, es y será nosotros. Todas las paredes que están a nuestro alrededor somos nosotros
y él se gana la vida a costa de ellas, a costa de nuestra estupidez.

La esperanza que nos queda es tratar de entender lo que dicen las calles de las cuidades donde vivimos y hemos vivido, desnudar el concreto, mirar de frente a la gente que nos cruza y mirarse a sí mismo dentro de este micromundo que consideramos nuestro -me refiero a nuestra propia vida-, y ver si podemos vivir con el peso de nuestro propio reflejo.





Si fuéramos concientes de eso, todos odiaríamos a Banksy. Pero, a lo sumo nos causa envidia que critique al sistema y lo use para su propia supervivencia. A eso, NOSOTROS, lo llamamos contradicción. De todas maneras lo odiamos ¿o no?







http://www.banksy.co.uk/
(FIN...)

lunes, 23 de junio de 2008

Los camaleones y los vivos




Sonar y Radiohead han sido dos de los grandes hitos del verano 2008 en Barcelona (junto con el estreno de la película de Allen y otros miles de conciertos de grandes bandas que ya fueron o que serán), y lo son porque tienen algo de particular, algo que es un balde de agua fría, pero en pleno verano y con un calor que derrite la planta de los zapatos: Tienen sonido a hielo.

Radiohead se presenta en un festival, el Daydream festival, que es cómo un bonito parque temático, de un solo tema. Esta vez el tema era la banda inglesa (con ese apelativo podríamos estar hablando de cualquier banda gigante). No voy a hacer una apología a las características de la banda, del recorrido musical que tiene o del impacto para la industria musical -para eso tienen Internet, ¿no?-, sino más bien del sonido a hielo.

Radiohead no es tan camaleónico como Bowie, sus discos son reconocibles como ellos mismos en todo momento, tienen un sello personal único que va más allá del constante cambio: suenan a radiohead (adjetivo), pero de diferentes maneras, de manera clásica, electrónica, jazz, etc. O todo eso junto y más. Mezclan y se revuelcan en su propia sonoridad, y vuelven a su concha de caracol para reencontrarse con la reverberancia de ellos mismos sobre ellos mismos. Si queremos hablar en términos estéticos, sería como una puesta en abismo del autoplagio, y a la vez, una traición a la pureza de todo género musical, incluso cualquiera que hayan fundado.

No vamos a seguir haciendo una reflexión estética acerca de su sonido, sino a lo que esto lleva: creo que la propuesta de radiohead tiene que ver con un evolucionar a pesar de ellos, pero en su favor. Me explico. Escuchamos The Bends e In Rainbows y encontramos a Radiohead, es inconfundible, la melodía, las letras y la interpretación de Yorke –más allá del reconocimiento de su voz-, pero siempre hay algo que no calza, hasta que el disco entra y lo asimilas como Radiohead. Y sin embargo no son Bowie en ese sentido. Bowie cambia su propio sonido, casi me atrevería a decir que cambia por década totalmente, hasta la forma de interpretar.

Así, el sonido de Radiohead es un sonido de hielo, que no se derrite con el tiempo, que es sólido y fresco. Si uno escucha sus discos, ellos se derriten, se quedaron ahí, donde clavaron la estaca, pero cada estaca está demasiado lejos de la otra, y no en el tiempo (para los ansiosos saquemos las estacas de Amnesiac y Pablo Honey, y si son muy quisquillosos, Hail to the Thief. ¿Contentos?)

Sonar, es un festival de música de vanguardia, yendo mucho por los caminos de la electrónica, pero la vanguardia tiene caminos misteriosos (y la electrónica no es el único). Lo mejor de sonar, es que es un festival de vanguardias, y a estas alturas, las vanguardias siempre nos deparan muchas sorpresas: desde muestras que tienen que ver más con una vanguardia al estilo Ed Wood, y para eso hay que tener talento, hasta las vanguardias más recatadas (sic). Hay de todo, dentro de la vanguardia. Ahí re-conocí a Camilla, una mujer que hace música cómo respirar, como tirar (me refiero a follar), como tomar agua si tengo sed o comerme un hielo. Además, ella necesita la interacción, no es un mujer que cree música por allá arriba, en los astros, no hace música como Radiohead, es lo mismo, pero por caminos opuestos. Ella es juglaresca, quiere entretener a la gente y estar dentro de ella, y hacer cosas nuevas: la creatividad al servicio de todos nosotros. Creo que si ella tuviera un escenario que le permitiera actuar y estar con todo el mundo al mismo tiempo, tocando su carne y sintiendo su aliento –por mucho que apestara- lo haría con gusto. Es lúdica, su música lo es, pero a la vez es íntima (siempre he encontrado que este apelativo es pésimo, pero no se me ocurre otro) y compleja (otro que no me gusta). Está en un movimiento hacia delante… hacia atrás y hacia todos lados, sobre todo en escena.

¿Dije que es muy fácil enamorarse de ella?

Una aclaración al margen: al concierto de Radiohead fui, a Sonar no. Además... se derrite... a veces. Je