sábado, 11 de septiembre de 2010

Envejecer cool electrónicamente: Losing My Edge - LCD Soundsystem.

"I hear everybody that you know 
is more relevant 
than everybody that I know"
LCD Soundsystem - Losing My edge


Losing My Edge: comentarios de Murphy sobre la canción, letra y traducción aproximada.

En general, nunca he sido un particular fan de la electrónica, me gustan ciertas bandas, ciertos dj's, ciertos temas, pero mi alma rock no me dejaba entrar a una fiesta rave o a un festival como lo era antaño Sonar, en Barcelona. Ambas constituían una experiencia insoportable, me era imposible entenderlo sin paraísos artificiales, hasta que me topé con LCD Soundsystem, y sobre todo, con su primer tema: Losing my edge.

El tema me dejó impresionado, no sólo por su carga de psicodélia, no sólo por su carga rock -a pesar de que es evidentemente un tema electrónico-, sino por el contenido de la letra en conjunto con el acompañamiento musical.

La canción es vieja, data del año 2002, cuando el autor tenía probablemente (aún no sé su edad con certeza y espero no saberla, como tampoco si es el único autor) 32 años, y fue lanzada como single.

En ella que quien habla ya se siente viejo, que el tiempo se le estaba pasando como se nos pasa a todos, pero no en un sentido como lo efímero de la vida o la muerte que se acerca, sino de algo que creo va mucho más allá. No es tampoco esa mentada “middlelife crisis”.

El tema, me parece, tiene que ver más con la sensación de añejo, de lo que se nos convierte en algo de otra época, pero reconocible. No me refiero a ese sentimiento existencialista del objeto para la vida, de la existencia de Dios, de mi apego a la vida; hablo más bien de un departamento empapelado, en el que podemos reconocer que el edificio pertenece a la década de los sesenta, y que el papel de las paredes pertenece a finales de los setenta, pero que no soportó el tiempo y el edificio se hizo anacrónico entre los demás, las habitaciones siguieron vacías por mucho tiempo y el sol quemó las paredes logrando que muchas de las puntas del empapelado cayera y se borronearan los colores transformándolos en un amarillo desteñido. Pero todo eso sigue en pie, rodeado de edificios nuevos, siendo útil pero sin uso a causa del mismo anacronismo. Tampoco será considerado una pieza de museo porque es igual que todos los demás edificios, sin una noción de identidad, un circo romano en ruinas, que no es el Coliseo, una torre inclinada que no es la de pisa, en suma, la última casa en pie de todas las casa de una villa, exactamente iguales, aunque esta haya sido la mejor villa de las villas de todas las épocas.

Así creo que la canción representa un alegato de quienes fuimos y quienes somos, como dinosaurios vivos inútiles, aunque hayamos sido los mejores de nuestra época, cosa que irremediablemente funciona como un edificio de pie, útil pero vacío.

La canción dice: estuve ahí el 68, el 74, el 88 en Ibiza; fui el primero, fui el mejor, pero ahora todos me están dejando atrás, fuera de onda.

Porque aunque todos seamos parte de la ola que viene, la hayamos creado, hayamos navegado en ella, inevitablemente reventará sin nosotros. Nuestra propia ola, la que reventó con nosotros, la hicimos reventar hace años, siglos nos puede llegar a parecer. Y, a pesar de todo, Murphy y compañía, con esa queja, a los supuestos 32 años –quizás 30- hizo reventar una ola y ahora navega en otra. La queja por lo tanto era cínica, o tal vez pensaba que hacía lo último y que su ola hace tiempo había reventado u otros la hicieron reventar.

Pero eso es lo de menos. Puede que todo lo que acá esté dicho esté mal.

Sea cómo sea “the kids are comming up from behind”.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Por qué todos odiamos a Banksy?
(Tercera parte y Final: The answer)

Entonces, por qué odiamos a Banksy?















Tal vez porque todos nosotros hemos escondido aquello que nos atrae de los niños de pintados en las paredes; de la naturaleza; de lo primitivo; y, por tanto, queremos esconder aquello que somos también, aquello que nos hace vulnerables: queremos alienarnos del dolor propio y proyectarlo en quienes todavía lo sufren para nuestro propio alivio -siempre habrá alguien en peores condiciones que yo... ¡qué alivio!-.

Todo en Banksy es nuestra propia realidad moral y ética que destruye lo que nos rodea y nos aleja de lo que podríamos llegar a ser. Relativiza absolutamente el progreso, la caridad, el sufrimiento, en definitiva, una serie de valores que consideramos correctos, pero que sin embargo nos han llevado a cosas como estas:





Así, también, todo en Banksy nos restriega en la cara nuestros sutiles olvidos, nuestro entrar absolutamente en un juego que nos va a matar, que va a matar a nuestros niños y que no queremos ver, porque es más fácil reír y pensar en el buen chiste que nos muestra, en una crítica lite a la sociedad, y no ver que todo eso que está ahí, que fue, es y será nosotros. Todas las paredes que están a nuestro alrededor somos nosotros
y él se gana la vida a costa de ellas, a costa de nuestra estupidez.

La esperanza que nos queda es tratar de entender lo que dicen las calles de las cuidades donde vivimos y hemos vivido, desnudar el concreto, mirar de frente a la gente que nos cruza y mirarse a sí mismo dentro de este micromundo que consideramos nuestro -me refiero a nuestra propia vida-, y ver si podemos vivir con el peso de nuestro propio reflejo.





Si fuéramos concientes de eso, todos odiaríamos a Banksy. Pero, a lo sumo nos causa envidia que critique al sistema y lo use para su propia supervivencia. A eso, NOSOTROS, lo llamamos contradicción. De todas maneras lo odiamos ¿o no?







http://www.banksy.co.uk/
(FIN...)

sábado, 28 de agosto de 2010

Por qué todos odiamos a Banksy?
(Segunda parte: The land of the bro-ken dreams)

 “Come hither! bury thyself in a life which, to your now equally
abhorred and abhorring, landed world, is more oblivious than death”
Herman Melville.
Moby Dick or the White Whale. CX
I


Más allá de la risa, de la ironía y del sarcasmo está otro Banksy, uno más inocente que al parecer no cree en el mundo, pero pone toda su fe en él. Y me refiero a FE, algo en lo que racionalmente no podemos creer, pero que se aloja en alguna parte de nosotros –el corazón si se quiere-. Y es a la vez, esta misma fe la que produce la desazón de sus niños y hombres retratados, porque muchos de esos seres han perdido la esperanza, la inocencia o, por el contrario, la mantienen.

Lo que predomina en la obra de Banksy son los niños; los hombres y mujeres solitarios y tristes, o a punto de ser despojados de algo; lo primitivo, ya sea en forma de hombres primitivos o de naturaleza cruda; los objetos que desnudan la realidad en la que vivimos; la autoridad –en forma de policías o soldados-; y, finalmente, las intervenciones a obras clásicas. Sin embargo, lo que más me interesa es lo que no está relacionado con estos dos últimos puntos, es decir, todo lo que tiene que ver principalmente con la inocencia y la pérdida o recuperación de fe.











Los niños nos miran de frente. (no estamos perdidos)


Casi todos los niños que pinta Banksy están enfrentándose a algo, están cometiendo acciones, están de una u otra manera reb(v)elándose, estableciendo un caos, poniéndose a todo lo que somos a todo lo que son. No obstante, por momentos, pareciese que estos mismos niños se están haciendo cargo del anhelo de cada uno de nosotros, una suerte de retorno a esos juegos, casi sin maldad, pero que pueden caer en ella en cualquier momento, una suerte de paraíso perdido, pero sin lo infernal de William Golding, sino solo una especie de caos inocente que nos llamó en algún momento.

De todas maneras, es cierto que muchas de estas visiones de niños son desesperanzadoras, ya que la mayoría de ellos se encuentran en un mundo de adultos, liderado, vivido y pervertido por ellos, lo que provoca en nosotros la ternura de la inocencia perdida dentro de esta perversión: niños vestidos de adultos, jugando con cuestiones que no les está permitido, acercándose al peligro de lo que todos nosotros somos: viejos faltos de algo más puro, de una inocencia perdida en algún punto del camino a la maduración.


Y a pesar de todo lo anterior, ellos justamente son la esperanza, y no porque representen al “niño que todos llevamos dentro” o porque sean “el futuro del mundo”, porque no lo serán: el futuro que le espera al mundo está dominado en un eterno presente por los adultos, que pueden ser aún inocentes, pero ya corrompidos por un caos disfrazado de orden, que no sabemos si pertenece a algo externo o interno –y definitivamente no somos necesariamente un buen salvaje-. Y es este mismo caos el que combate Banksy, porque prefiere que las hipocresías se diluyan en un caos; caos, sin disfraces de ningún tipo. A fin de cuentas, ellos son la esperanza porque ellos permanecerán niños por los siglos de los siglos, o por el tiempo que permanezcan pintadas esas paredes, y porque ellos, cada vez que pasamos de frente a esos graffitis, nos recuerdan que todavía podemos ser inocentes, aunque seamos adultos jugando con juguetes de adultos, con lo que ellos juegan sin perder esa inocencia porque una figura nunca podrá perder ni evolucionar nada de lo dado.

Así mismo funciona la naturaleza, lo primitivo, pero más que una vuelta a ello o a una inocencia perdida, nos acerca a un tipo de ingenuidad, como los animalitos que se acercan por curiosidad a una trampa y terminan muertos, pero nos reímos de esa ingeuidad. 
Los hombres frente al abismo 

Ahí están parados, siendo sometidos por sí mismos, condenados por un pasado y un presente que no vemos y definitivamente sin ningún futuro. Ahí están, sodomizados por lo que no fueron capaces de luchar o por no tratar lo suficiente, o simplemente están a la espera de caer en el olvido. Sentados, mirando para todas partes. Solos, luego de pelear guerras que sirvieron a otros. Y Ahí se encuentran con los niños, jugando con las mismas armas que jugaron los niños, pero con una inocencia, no perdida, con una ingenuidad, no olvidada, sino escondida, como todo lo que no queremos ver y que es aquello que Banksy nos quiere mostrar.

 




http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)

domingo, 22 de agosto de 2010

Por qué todos odiamos a BANKSY?
(Primera parte: The land of Anarchy)


“Sin embargo, todo siempre termina igual: llega el éxito y uno le vende los derechos a McDonald’s”
Carlos Piegari


Las últimas veces que ví a Banksy se me rompió algo dentro, como si en el camino se me hubiera caído la risa: desde la primera vez que ví uno de sus graffitis hasta que leí un post de Hooper escrito por un amigo se produjo la caída; y lo volví a mirar, un poco más de reojo, no tan de frente.

La primera vez que ví a Banksy me hizo reír, me entretuve y consideré que los graffitis que hacía lograban de alguna manera un cometido mayor que cualquier ensayo de crítica social, pero no lograba llegar más allá de lo que me provocaban a primera vista: una sonrisa… y a veces indignación. Sin embargo, ayer eso dio paso a la desazón.

Y no voy a referirme a su aparente contradicción entre su ideología en cuanto obra y lo que hace en su vida – ha vendido diferentes obras en subastas en las que ha alcanzado altos precios, ha trabajado para la marca Puma y MTV, como también lo ha hecho para Greenpeace-, ni menos en su recepción.

…Pero hay que partir necesariamente, en su obra, por lo primero y más evidente: la carga de ironía y crítica que hay en sus obras, ya que cada una de ellas se inserta no sólo en lo que podríamos considerar un arte anárquico, sucio, de crítica social, político y políticamente incorrecto, sino también como un arte que huele a sublevación, una nueva vanguardia, si se quiere, pero hasta ahí llega el manifiesto y la forma.

Porque todos nos podríamos reír con Banksy o mirar sus obras y pensar “eso me lo llevo puesto, lo imprimo en una polera –camiseta, remera o franela- y lo uso en la playa”. Es que parecen originales, parecen una humorada. Como si los dibujantes de viñetas de los diarios se hubiesen escapado de los periódicos y se hubiesen puesto a pintar en la calle.


La segunda impresión que puede causar es sorpresa. Porque interviene el material con el que trabaja. Como decía en un post anterior, hoy ha desaparecido el “Oil on Canvas” como soporte principal de los pintores o dibujantes y se ha extendido a todos los soportes, y en este caso el soporte es la ciudad, o más bien dicho, la urbanidad, como construcción humana opuesta y superpuesta a la naturaleza. Pero no sólo eso, sino que, además, interviene justamente su soporte, del que saca partido como en las imágenes que se muestran a continuación.




Utiliza la misma cuidad como parte de la obra, como si ella misma le diera la excusa para interactuar ahí, en medio de todo, para que también la gente interactúe con su propia obra, un arte no de intelectuales sino un arte de a pie. Y es por eso que tal vez que su arte sea considerado anarquista, porque interviene el orden de la ciudad, como si quisiese mostrar el caos permanente en el que vivimos, disfrazado de un orden feroz. Una cárcel disfrazada de libertad.

Pero puede también que su anarquía sea considerada tal por sus problemas con la autoridad: un graffitero trabaja de noche a escondidas porque lo que hace esencialmente es algo así como la remodelación de la propiedad privada para el uso de una expresión identitaria –justamente juega con la expresión de lo identitario y lo privado, cubriendo su rostro y tratando de que toda su obra sea colectiva, no sólo en su creación, sino también tratando de eliminar su propiedad, más allá de su pseudónimo, toda su obra… entregándola a la gente-  o, en otras palabras, la destrucción de la propiedad privada o pública por un acto vandálico. Lo que ocurre es que en el arte rupestre esa expresión no tenía que ver con la propiedad pública o privada, sino solo con la expresión de lo que se veía o sentía porque no había modo de hacerlo de otra manera, más que en las piedras, paredes de cuevas o la tierra. Hoy, sin embargo, no hay otra manera para quien no tiene recursos ni mucha educación, que acceder a un “Oil on Canvas” en el suelo o en cualquier pared. Así, el graffitero tendrá que trabajar siempre de noche, enfrentando a la policía o cualquier autoridad que lo quiera enfrentar, y de ahí, quizás las figuras de autoridad y de anarquía que aparecen en sus obras.



 •
Ahora es el turno de la crítica social que pareciera ser el fin último de la obra de este autor, porque aquello que los graffitis de Banksy tratan de mostrar tiene que ver, en muchos sentidos con la decadencia de la sociedad en que vivimos. Y aquí, no hay mucho más que decir, es preferible ver sus obras...

 











http://www.banksy.co.uk/
(Continuará...)

miércoles, 18 de agosto de 2010

La exhibición del derrumbe total

Imagen extraida de Liniers: Macanudo

Desde que llegué esta segunda vez a Barcelona he estado atento a las noticias de Chile y de España, de Catalunya principalmente, en conflicto constante con la administración central del gobierno.
Aquí ví nevar por segunda vez en mi vida -no debiesen considerarlo una extrañeza considerando que crecí en medio del desierto-, y la nieve más que la lluvia, tal vez por lo extraño o lo nuevo, acarrea nuevos significados -quién podría pensar en un desierto que desde el cielo puede caer agua congelada-, ME acarrea nuevos significados.
Y ahora cambio el blog, pero no es solo un cambio de imagen, en el cual todavía estoy trabajando, sino que he dado cuenta de lo inútil que es estar tratando de hacer cosas como reseñas lúdicas, en las que intento algo de reflexión. El ejerciccio a estas alturas me parece vacío, no tanto de significado, sino más bien de algo que está más abajo, más profundo si se quiere, como falto de afectos, de algo menos concreto, pero a la vez más cotidiano. En pocas palabras este blog cambiará completamente, no necesariamente a algo más personal, no necesariamente hacia otras cosas que no sean reseñas y definitivamente NO a mi vida personal. Digamos que vamos a dejar que esto funcione como todas las cosas en general funcionan, dejando que la máquina empiece a chirriar y bufar como lo hemos planificado, pero a la vez descubriendo sus nuevos usos, no imaginados ni previstos.Quizás sea un poco buscar, buceando en el vacío, algo a lo que me pueda asir. No quiero decir con esto que espero que quienes lean se sietan identificados, o convertirme en algo como un libro de Autoayuda, al contrario, lo que quiero... pero es que yo tampoco tengo tan claro lo que quiero hacer, es decir, tengo claro el camino que me he trazado, pero no sé realmente dónde me va a llevar. Es más bien como el niño que vive en un pueblo pesquero y siempre mira el mar queriendo ser pescador, como su padre, pero no quiere usar el barco de su padre, ni siquiera quiere un bote de pescador, simplemente una balsa que lo saque de ahí y lo lleve en una corriente que sabe hacia dónde se dirige, pero no tiene idea dónde desemboca. Como Dorothy siguiendo el camino amarillo sin esperanza de Mago, sin querer encontrar al Mago y esperando no encontrarse idiotas como el león, el espantapájaros y el hombre de lata, que para eso tenemos inundadas las calles de eso y mucho más.


Hoy, creo, se inicia la exhibición del derrumbe total.

viernes, 18 de junio de 2010

Mundial 2010 y Puños: Esa cosa que concientemente no he querido llamar poesía.

Hace años me prometí que el fútbol no me gustaba más, porque había cosas mejores que ver como perdían constantemente los 11 que me gustaban contra otros 11, cualesquiera. Y es que no me gusta la vida fácil. Es fácil ser hincha de un equipo popular, es fácil celebrar siendo ganador, pero es difícil seguir siendo hincha cuando tu equipo ni siquiera ha salido campeón de segunda… o ese es el máximo título que tienen. Esos hinchas son los que admiro, son los que a punta de paciencia e ilusión se enamoran de un equipo que nunca les dará la satisfacción de ganar una copa de campeonato siquiera. Y lo siguen y lloran con ellos una y mil veces, sufriendo cada partido como si fuera una final, porque sueñan con ser campeones, o por lo menos con que este año si van a superar el record de partidos ganados al hilo y tendrán esas pequeñas hazañas que contar a sus hijos.

Ellos son también los que hacen propias las victorias ajenas, pero cercanas. Por ejemplo, cuando Colo-colo en Chile ganó la Copa Libertadores, no era el equipo el que la estaba ganando, era un país completo, y es que hasta los hinchas de sus archienemigos, la Universidad de Chile, celebraron esa noche como si hubiésemos ganado la copa del mundo. Por otro lado, como Sudamericano, la mayoría de nosotros, creo, hincharíamos por Brasil, Argentina o Uruguay en la final de un Mundial cualquiera–como dolió la última final del mundo sin un equipo latinoamericano peleando por el título-.

A pesar de esto, no es que la gente se conforme con poco viendo ganar a otros, es simplemente que la gente quiere sus pequeñas cosas, su pequeños logros, felicidades mínimas. Ellos saben que sus jugadores, en la oncena que nunca gana un campeonato, que siempre esta en la medianía de la tabla de posiciones, juegan porque son fieles a la hinchada, y por mucho que les paguen –o no les paguen-, dejan las piernas y todo lo que tienen en la cancha, y se ponen orgullosos también hinchas y jugadores cuando uno de su cantera se va a un equipo grande y gana la Libertadores o la Champions, y aunque sueñen con que algún día llegue siquiera a la final del mundial, saben que nunca estará ahí porque hay otros 10 que por más que acompañen y se jueguen la vida en un partido, en un mundial hay veces que no se puede. Y es justamente por eso que todos gritan y saltan cuando uno de los suyos, que salió de su cantera, corre por el pasto de otra cancha, bien lejos, para levantar la copa con sus otros compañeros.

Por eso me da pena este mundial, porque lo que veía acercarse en mundiales anteriores es hoy una realidad: ese arte que hay tras los deportes se nos va de la cancha, salió del estadio y se pierde entre los pocos fanáticos que ven jugar un partido no solo con la ilusión de ganar, sino de ganar con las cosas bien hechas. Chile en el primer partido de este mundial jugó así y ganó. España jugó mejor y perdió, ante una Suiza que tuvo un golpe -literalmente hablando- de suerte. Grecia: malos pero con puro corazón y un poquito de fútbol ganaron. El arquero de Nigeria, una maravilla. Quizás algo del brillo que debería tener Argentina apareció en el último partido, un reflejo quizás.

Así, el Fútbol se está transformando en algo que no se juega por la emoción, y menos por las selecciones, se ha transformado en metas a corto plazo, con individualidades descollantes, pero sin un respaldo en el equipo. Quizás está pasando como con el box. Cuando en los ’60 y el los ’70 veíamos las peleas de Mohammed Ali, de George Foreman o Joe Frazier, mirábamos como ellos se movían en el ring, como usaban estrategia y competían, porque la forma de ganar no era solamente tirando al otro a la lona y esperando que pasaran 10 segundos, en eso no hay cabeza, en eso no hay necesariamente trabajo ni esfuerzo, eso es pura brutalidad, y si ven los movimientos de estos boxeadores se dan cuenta que hay gracia, agilidad, fuerza, astucia y claro –lo que asusta y duele- golpes, y sin embargo parece un dolor que vale la pena sobrellevar, porque hay veces que vemos un pequeño ballet ahí y eso nos saca una sonrisa, sobre todo cuando sabemos que esa gracia viene de unos pesos pesados.



Pueden criticar mi punto, pero no hay que sacarlo del contexto: es una competición, no una riña callejera, no un asalto, el objetivo no es matar al otro y no necesariamente noquearlo. Y el arte de ese deporte no está en una cara deforme, no está en el dolor del otro, no está en esa brutalidad del box de hoy en el que hay que matar al otro, si no la pelea es aburrida; está en esos movimientos, en el acercamiento, en que una persona, sin ningún agregado más que el cuerpo, puede hacer contorciones gráciles, simétricas, coreográficas, sin pretender hacerlo, solo porque su cuerpo se lo manda. Esa cosa –que concientemente no he querido llamar poesía porque no necesita de sustantivos prestados- hoy no está, o es muy difícil de encontrar.

El hincha hoy sale del estadio con la emoción del partido ganado, perdido o empatado, la emoción fácil, que dura los 90… y tantos minutos, y que deja con ese gusto a poco, con esas ganas de ver los movimientos y piruetas de los jugadores, y no que nos dejen pensando que la pelota es un cubo y que solo hay que pegarle con mucha fuerza para que entre al arco y se convierta en emoción. Mal que mal, muchos se pueden acordar de una victoria o de una derrota, pero la primera es más rica con mucho arte y la segunda es más dolorosa también. O es que nadie se acuerda de Maradona a Inglaterra en México 86…un verdadero tango de Piazzola...




…O de aquella noche memorable del 11 de febrero de 1998, cuando Salas derrota al arquero de Inglaterra en Wembley, con un gol que es tan bueno como un cuadro de “El Greco”…?


Si quieren ver lo que significó este gol y otros ángulos ver otro video aquí


La fotografía "Final del Mundial de 1994" pertenece a Daniel García y muestra a los arqueros Taffarel (Brasil) y a Gianluca Pagliuca (Italia) que se cruzan en la definición por penales.

viernes, 2 de abril de 2010

Para una teoría del absurdo: Is there something wrong with anything?




No Country For Old Men Coin Toss Scene
Cargado por Hitman6936. - Todas las temporadas y episodios enteros online.


La única moneda de cambio que existe hoy en muchas relaciones es esa, una moneda, algo que una persona entrega a otra con un valor simbólico y que en realidad no vale nada, no vale el metal en el que está hecho ni vale siquiera el símbolo que tiene más allá del valor que nosotros le damos… ¿Y si no le diésemos valor?¿Y si consideráramos que el valor está en otra parte? Alguien podría pensar que eso es absurdo, tan absurdo como la escena que aparece un poco más arriba ¿Quién podría querer desnudar de todo valor algo a lo que nosotros le hemos dado valor a diario, que está ahí todos los días?¿Pero es que siquiera le hemos dado valor o el valor le ha sido dado por otros y lo hemos tomado por nuestro?¿Para qué hacerse tantas preguntas? ¿Por qué mejor no tomar la moneda e irnos a algún lado donde las preguntas no nos atormenten y simplemente gastemos la moneda en algo a lo que le demos real valor y como el mago hagamos desaparecer la moneda o la transformemos en algo más?.

Hace mucho tiempo atrás Beckett, Ionesco y Sastre, entre otros, nos mostraron el valor del absurdo en representaciones totalmente desnudas, una representación desnudando la ficción y mostrándola como algo ficticio, un artilugio, un artefacto imposible en escena: dos hombres semidesnudos o mal vestidos al pie de un árbol sin hojas esperando a Nadie que no se saben si va a llegar algún día. La realidad ahí no existe más que como mera representación de otra cosa que no se ve siempre; ella, la realidad, se escondió a propósito para desnudar el símbolo de lo que se ha perdido, el sentido, el valor de las cosas vivas –como las llama un amigo-. Pero estamos aquí en el proceso inverso del absurdo, en el que el absurdo es justificable y tiene todo el sentido del mundo.

El absurdo de aquellos autores puede causarnos gracia en algún momento, podemos extrañarnos o simplemente mirarlo como se mira cualquier cosa en un escenario: sin entender pero entreteniéndonos mucho en su forma y colores –como los niños-, alejándonos de eso como si fuera el golpe en la caída de una persona que nos desternilla de la risa; pero del absurdo de No country for old men, de la película, es imposible alejarnos, es imposible no identificar esta escena con cualquier conversación que tenemos todos los días. Aquí, por lo tanto, una comunicación sin sentido tiene mucho sentido, tiene un valor que le hemos dado o que nos han dado: I was just passin’ the time, dice el propietario del almacén. Y sin embargo Chigurh, al final de esa escena algo adquiere finalmente valor, una moneda que ha viajado 22 años:

Chigurh
...What's the most you've ever lost on
a coin toss?

Proprietor
Sir?

Chigurh
The most. You ever lost. On a coin toss.

Proprietor
I don't know. I couldn't say.

Chigurh
Call it.

Proprietor
Call it?

Chigurh
Yes.

Proprietor
For what?

Chigurh
Just call it.

Proprietor
Well - we need to know what we're
callin for here.

Chigurh
You need to call it. I can't call it
for you. It wouldn't be fair.

(…)

Prorietor
Look... I need to know what I stand to
win.

Chigurh
Everything.

Proprietor
How's that?

Chigurh
You stand to win everything. Call it.

Proprietor
All right. Heads then.

(…)

Chigurh
Don't put it in your pocket. It's your
lucky quarter.

Proprietor
...Where you want me to put it?

Chigurh
Anywhere not in your pocket. Or it'll
get mixed in with the others and become
just a coin. Which it is.


De esta película no nos podemos alejar como si fuera solo una película, un artificio que pone en juego luces sobre un telón blanco. Esta película causa tensión y terror, esa película nos parece de un horrendo humor negro, el grotesco llevado a un límite tan natural como las expresiones y conversaciones absurdas y grotescas que escuchamos en el metro, en nuestra casa, entre nuestros amigos… de un presidente. Sordos hablando de sordera y definiéndola.

Una de las primeras reglas para que una película, obra teatral o libro nos dé pavor, terror y tensión –un thiller dirían los gringos-, es que creamos lo que estamos viendo, es que nos identifiquemos con la realidad en la que los personajes están viviendo, como si fuera nuestra propia realidad en la que ellos viven, para que nosotros creamos que esta amenaza nos pueda llegar a tocar en algún momento y nos provoque esas sensaciones
¿Qué nos da miedo entonces?

viernes, 12 de febrero de 2010

(Des)variaciones sobre Nocilla (†)

Las instrucciones para leer el siguiente texto son:

1º Encienda el computador.

2º Entre con su navegador preferido a este sitio.

3º Como ya está acá apróntese a leer un plagio, pero como queremos que sea una experiencia inolvidable, olvídese de todo lo que sabe de literatura y música –si es que sabe algo-.

4º Ponga “I’ve got a feeling” de The Beatles en su reproductor preferido e inicie la canción en modo repetición y lea las dos primeras partes de este texto

5º Para la tercera y última parte ponga, de la misma manera “Let it be” de The Beatles

6º no olvide leer las notas al final del texto.



1 (†)

Venía de lejos, ahora no recuerdo exactamente de donde, pero debía pasar por Carson City y tomar la US50. Ahí vi el álamo por primera y única vez con cientos de pares de zapatos colgando. Con el viento en la cara pensé que alguien había olvidado quitarle las luces –encendidas-, guirnaldas y todo tipo de colgantes a un árbol de navidad en medio del desierto. Mientras me iba acercando recordé toda clase de árboles de las distintas navidades de mi vida, papeles de regalos, fotos, cenas, resacas, etc., hasta que vi sobre mi cabeza álamo, zapatos y dos hombres parados a los pies del árbol, me detuve en seco y el derrape de más de veinte metros llamó la atención de los hombres que estaban tratando de hacer funcionar una sierra eléctrica.
Me bajé, di algunos pasos mientras trataba de encender un cigarrillo con el viento en contra y me acerqué a preguntar qué pasaba: no me cuadraba que dos hombres estuvieran trabajando solos, en medio del desierto y sin vehículo. Tampoco me cuadraba eso de un árbol, los zapatos y una sierra.
- Hay que cortar la manzana de la discordia –dijo uno
- Nos mandaron a tirar el álamo para evitar que caiga sobre alguien – dijo el otro con un envidiable acento sureño-.
- ¿Cuánto tiempo lleva así? –pregunté mientras con la cabeza indicaba el árbol
- Más de treinta años -me dijo el primero de ellos mientras revisaba la sierra.
- ¿Puedo sacarle una foto?...

Volví al auto a buscar la cámara y me alejé lo más posible de mi objetivo para tomarlo entero.
La foto tiene al árbol en el centro con los dos hombres al pie del tronco con sus gorras, el sol les pega de frente y el que está más lejos del árbol, hacia el lado derecho de la foto, sostiene la sierra al hombro como si fuera un fusil. Al otro lado del encuadre está mi convertible, arrendado hace más de 800 km.

Subí la foto a Internet un par de semanas después, describiendo dónde se encontraba el álamo que ya por esa época no existía –media hora después que tomé esa foto lo descuartizaban en el piso y juntaban los zapatos en una pira en la que los iban a quemar junto a ramas, hojas y tronco-. Además, al pie de la foto preguntaba si alguien reconocía alguno de sus pares. Al aviso respondieron dos personas en el curso de un año: un hombre que hoy vive en Florida y que extraña a su mujer y una persona –o máquina- que ofrecía encontrar a cada uno de los dueños de esos zapatos si entraba a http://hilldid.com e introducía mi número de tarjeta de crédito para verificar mi identidad.
Entonces me di cuenta que la mayoría de esos zapatos no serían encontrados por sus dueños, no serían vistos nunca más en la carretera. Así que decidí que ese era el mejor monumento al recuerdo de cualquiera, un soldado desconocido disperso quizás dónde, quizás muerto (no podía ser un cementerio).
Amplié la foto en mi computador hasta el tamaño que me pareció el más cercano al tamaño del árbol, la dividí en partes que cupiesen en una hoja tamaño A4 y me dediqué a imprimir.

Finalmente se ha levantado el monumento: un gran pedazo de metal sobre el que van pegadas una serie de fotografías de ramas, hojas, cielo, desierto, hombres, mi auto arrendado y todos los zapatos que se veían desde ese ángulo.
A cierta hora del día deja de parecer un cartel a lo lejos y algunos creen ver caras en él. Son visiones que provoca el desierto, como la del mismo álamo, o son exageraciones de los que no tienen nada que hacer más que fijarse en el monumento más inútil que he visto.

108*

Linda y John acaban de casarse en Reno, ella lleva un vestido corto de pequeñas flores y él una camisa tejana sin lazo. 1982. En ese momento la estación espacial rusa Kirchoff se desvía de su órbita y al único astronauta que la tripula lo dan por muerto en vida. Como extra, linda y John se proponen ir a Las Vegas. Jamás lo hubieran imaginado. No son jugadores. Él adquiere un coche en la compra-venta que hay justo frente al juzgado mientras ella va al supermercado de al lado a por algo de comida y unas latas de 7-Up. Conduce Linda. Deglute el paisaje con la vista, exaltada ante tanta incertidumbre que gira en torno a 2 anillos. Su hombre duerme, e imagina que es un peluche. Nada más llegar a la cuidad, buscan hospedería y sin comer nada ya bajan al casino que hay en la primera planta. En la misma entrada, mucho antes de los juegos de mesa y los reservados de película, una fila inmensa de tragaperras de telefilme la esperan a ella, que empieza a cambiar monedas y a jugárselas mientras John, más cauto, le dice que lo deje, que ya habrá tiempo. Tras las típicas subidas y bajadas de suerte, esos looping que los matemáticos tienen de sobra estudiados, ella pierde la totalidad del dinero que lleva en el bolso, que incluye una parte importante de los ahorros de ambos. Se montan en el coche, él le abronca, y ya no se hablan. Van sin rumbo. Entran en el desierto a través de la US50. De pronto John, que ahora conduce, ve un árbol, y gira hasta que detiene el coche bajo sus ramas. Ella sale dando un portazo y se sienta con la espalda contra el tronco. Mira las ramas, el árbol está limpio, sin nidos ni aves y cargado de hojas; piensa ya con nostalgia en el arroz que les tiraron unos contratados a la salida del juzgado. Se desata los zapatos y los pone al lado. A John que está de pie, el desierto que se extiende más allá del cerco de la sombra, se le figura la representación exacta del futuro que les espera. Comienza a reprender de nuevo a Linda con tal energía que ella amenaza con volver a pie a Utah. Entonces él le dice que si quiere regresar tendrá que hacerlo descalza, y le coge los zapatos. Ya me dirás que vas a hacer con ellos, ¿quemarlos?, dice Linda. John los une atando los cordones , y tomando impulso como si volteara una honda los lanza a la copa del árbol, donde quedan prendidos. Linda abre la boca y así la deja. John arranca el coche y se va en dirección a Carson City. Por el retrovisor ve empequeñecerse la silueta de Linda y el par de zapatos, aún penduleando en lo más alto. No siente pena.


112*

Entonces John entró en el primer bar de carretera que encontró, cerca ya de Carson City. Fredda le fue sirviendo cuantas cervezas le pidió hasta que le dijo, ¿No cree que es muy temprano para beber de esta manera? Y él rompe a llorar y confiesa que acaba de dejar a su esposa tirada en mitad de la carretera debajo de un árbol y sin zapatos. Fredda, acostumbrada a tragedias borracheras, intenta convencerle para que vuelva, ¡Si ya empezáis así, qué va a ser de vosotros! Y John va de vuelta con una botella de agua y algo de comer. Cuando llega la encuentra medio dormida. La despierta, parece debilitada, le pide perdón y le da el agua y los alimentos. Ella promete no volver a jugar así a las tragaperras ni a nada, y él a no abandonarla jamás. Si tú estás ahora sin zapatos, le dice él, yo también debo estarlo. Se descalza y los tira al árbol. Esos 2 primeros pares ya nunca bajarían. Linda y John fundaron la felicidad de su relación en ritos simples pero duraderos, así que a los 2 años regresaron: habían tenido su primer hijo y querían tirarle sus primeras botas también a la copa del álamo. A medida que se acercan ven multitud de pares colgando. Se quedan sin habla.


* Extractos de Nocilla Dream de Agustín Fernández Mallo. Ed. Candaya. 2ª edición. 2007

(†) Texto mio.

Ahora tiene en sus manos la prueba fehaciente de la estupidez humana.

lunes, 18 de enero de 2010

Pena: definición de la RAE

No suelo escribir cuestiones personales en este blog ni menos cuestiones de ideología política, pero Hoy me embarga la PENA todos los sentidos que la RAE define.
Hoy ha ganado Piñera en las urnas y el triunfo parece en regla.
Mi desición de marginarme de las elcciones (no inscribirme en el registro electoral) se ha reafirmado. Esto, que parece un berrinche de un niño de pecho es la constatación de una realidad que ocurre en Chile. En un país democrático, si es que existe eso en algún lugar no inventado, supondría que debe existir tipos de participación política más allá de las urnas, que las ideas deben respetarse siempre que no cuarten la libertad de nadie, ni dañen la integridad, que todos tienen los mismos derechos y deberes... Sin embargo, ni una sola de esas cuestiones se cumple en Chile, y no estoy hablando de cuestiones de facto (que también ocurren), sino de cuestiones políticas: es impensable que en una democracia existan personas que accedan al poder que tengan un pasado político oscuro (estarán rehabilitados cuando ni ellos mismos creen en la rehabilitación de los condenados?), ya sea por no respetar los derechos humanos, por no renegar de una dictadura en la que participaron directa o indirectamente o por el cargo menor de corrupción. Nótese que lo que estoy diciendo no es nuevo, ni es parte exclusiva del staff del nuevo presidente electo. Del otro lado también los hay, y que arrastran historia antigua.
Pero no seguiré, quién se interese que se informe.
La concertación no lo hacía bien (y creo que nadie en Chile, por el momento y con este panorama lo haga mucho mejor), y por ende me hubiese sido imposible votar por Frei, porque mi necesidad de un país mejor está en un país mejor y no en un país a medias. Pero votar por Piñera, un populista escandaloso, alguien que no fue capaz de deshacerse de sus empresas (como cualquier otro político con inversiones, pero él lo prometió), sin importar que sólo se querada con miles de millones de millones de pesos, que fuera más prepotente que Lagos, que su vocación con la clase trabajadora que pasa a llevar a los trabajadores, y otro largo etcétera. Eso es lo que esparaba la gente que votó por él? Eso es lo que esperaba de un presidente?. Y no me salgan con la excusa barata del mal menor ni de el castigo a la Concertación, me basta cualquier elaboración de pensamiento que tenga más de dos oraciones completas de largo.
Sí, falta educación cívica. Sí, falta educación en general para que no les metan el dedo en la boca.
Pero dicen que la gente tampoco es tonta. No lo es, y pasa lo mismo en Venezuela, Cuba, la Alemania Nazi, Italia y Berlusconi, Italia y Mussolini, Stalin, Mao, Bush (que ganó gracias a la idiotez de la gente y la corrupción de estado) y tantos otros... Mal de muchos, consuelo de tontos.

Y me viene la frase del chilenos a la mente: "Si ya nos cagaron, qué le vamos a hacer?".

Hoy que me tilden de lo que quieran: los de dechecha dirán que soy de izquierda, los de izquierda que soy de derecha y así sucesivamente. Los que me odiarán a muerte son los anarquistas, los comunistas y ojala, por lo que más quiera, que me odien todos ls partidarios de Pinochet, de la UDI (parece izquierda, pero lean bien), los Legionarios de Cristo y el Opus Dei.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Pasado de Revoluciones (Parte Prima)

Se acaba un año y como todo fin de año se empieza a hacer un recuento de las noticias más importantes, lo que ha sido historia; las muertes más importantes –pobre Michael, tiene más millones que antes, pero no lo sabe ni lo disfruta-; las películas más importantes; los discos del año; el artista del año. Si además de eso agregamos un final de década la cosa se hace imposible o se ponen números… los 10 más, los 50 más, los 100 más… pero los criterios nunca son parejos – y no tienen por qué serlos- y como en todo ranking hay cosas que quedan fuera.

Dentro de toda esta maraña de criterios, los rankings musicales, desde los que organizan el pop o el main stream hasta los más independientes, me han dejado anonadado porque la mayoría suele dejar fuera, en muchos casos, incluso aquello que deberían alabar.

En lo personal podría elaborar un ranking, definir criterios, establecer límites y sin duda aparecería alguien como yo que agregaría y quitaría cosas, que putearía el post… and so on. Así que solo trataré de dar un poco de relevancia vanguardista a un par de bandas y una solista que me volaron la cabeza por lo que ellos implicaron en la década pasada.


Dead can Dance

Ortega y Gasset proclamó hace casi un siglo que la novela había muerto. Lenny Kravitz y Marilyn Manson, entre tantos otros, le cantaron a la muerte del rock y Bowie que sigue escondido por ahí –o camaleonicamente encubierto-. Así las cosas, las renovaciones del rock van lento, y más allá de las bandas que toman elementos del pasado y los actualizan de diferentes maneras, o que hacen un revival bien hecho de décadas pasadas, cuesta encontrar sonidos que mezclen peras con manzanas y suenen bien.

En general en esta década hubo muchas bandas que lo hicieron muy bien en cuanto pequeños aportes y renovaciones, pero cuando se necesitó aire fresco en el Rock Pop, hubo en esta década dos bandas, entre muchas, que realizaron un giro nuevo en este espacio, y fueron Franz Ferdinand y The Arctic Monkeys.

Los primeros cambiaron la forma de bailar el rock, añadiendo a riffs potentes y marchas un toque dance a los temas. Aunque muchas veces antes se ha hecho algo parecido, el contraste entre las interpretaciones instrumentales y los cambios de ritmo o quiebres en las canciones llaman la atención.

The Arctic Monkeys (en la foto)podrían hacer entrar la velocidad del punk y lo duro de sus riffs a una disco, exagero claro, pero la velocidad un poco californiana, con un sonido muy inglés dejaron a mis oídos un poco perplejos.

Del otro lado del atlantico no puedo dejar de lado a Yeah Yeah Yeahs, entre otros, pero puede que aunque sean nuevos e interesantes, no plantean una incisión tan profunda en el main stream como los dos mencionados anteriormente, sino que plantean un giro en la música más bien independiente, desde mi perspectiva.


-Look inside your tiny mind-.

Me encanta, por otro lado, que la música en cuanto letra sea dura, ruda, potente, polémica y políticamente incorrecta, es lo que hace al rock y a la música popular lo que es hoy en día.

Lily Allen, de acuerdo a la estética musical y visual, debiese ser una solista nice & cute, inocentona, algo parecido a los inicios de Britney; sin embargo, la música de melodías dulces se mueve en dirección contraria a una letra tan sugerente como un recto a la quijada. Este contraste logra resaltar la letra, haciéndola más corrosiva que cualquier solista ruda, políticamente incorrecta.


Hoy me refresqué un poco con esta música del pasado. Puede que ellos sigan o sólo se hayan quedado atrás, lo importante es que mucho de lo que hicieron quedará más allá de estas letras u otras más.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Ya no importa Warhol.


Cuando conocí a Warhol estaba en el colegio, estaba viendo un documental acerca de él y tenía algo así como trece años. Hasta ahí me habían enseñado que si no lo había pintado Da Vinci o Raphael, que si no lo había esculpido Miguel Ángel no era nada apreciable en el arte y el arte era entendido como plástica… lo demás era literatura, danza, teatro, etc.

Lo que Warhol hacía, para la mayoría de mis profesores en esa época, eran idioteces, garabatos, cultura pop desechable, en suma galimatías de antología y sigue siendo así.

Hay que entender el contexto primero: yo estaba creciendo con profesores que se encontraban recién saliendo de –o tratando de quedarse en- la dictadura de Pinochet, que habían sido formados en ella y que en mucho casos, si no estaban de acuerdo con ella, por lo menos tenían que aparentar que estaban de acuerdo, y ahí el arte era el arte de lo clásico decimonónico, positivista, estructuralista, ojala de una escuela no muy Marxista.

Entonces crecí pensando que no se podía hacer nada más que no fuera un arte “oil on canvas”, y que todo en la pintura era repetir y repetir y repetir. No entendí a Warhol.

Hace años salí del colegio y entré a estudiar literatura. Ahí, entre otras hierbas leí “La deshumaniación del arte”, “El arte en la época de la reproductibilidad técnica”, “la angustia de las influencias”; escuché a la Velvet, a Bowie, mastiqué bien a The Beatles, el “Pet Sounds”, Sonic Youth, Pixies, y quise que alguno de los grandes dibujantes de Batman –como Jim Lee- hiciera un “oil on canvas” de Batman, que nadie más pudiera repetir: un original. En ese momento creí entender algo de Warhol. Creí entender a la culturar pop y que podía ser pop art, que el arte podía ser y era para las masas.

El arte puede ser un Rady Made como Duchamp, partiendo de materiales construidos, sin embargo Warhol lo lleva un nivel más allá, logrando que el diseño para las masas sea el arte, que la ironía sea pop…ular que se refleje la sociedad como un espejo que no refleja una masa de gente sino a toda la gente al mismo tiempo, a todos los consumidores de sopa “Campbell's”. Esta gente como masa, como sociedad, como ironía o como reflejo vivo se encuentra a través de un diseñador, de un gerente, de los dueños de un capital, de cultivadores, de químicos, que son consumidos por ellos mismos: “Campbell's”, “McDonald's”, “Wendy’s”, Batman, Britney, Radiohead, Nike, Sudáfrica 2010… y la vorágine artística podría seguir. Pero Warhol ya perdió el norte, porque ya conocen su truco y los diseñadores y las empresas juegan con él. Entonces, como ya dije, soñé lo opuesto, que alguien como Jim Lee hiciera un original de Batman y lo encontré, pero de otra manera, lo encontré en los grabados de Loro-Coirón y en algunas viñetas de Montt –sí, el mismo, Alberto Montt , en dosis diarias y solo ahí-.

El impacto de Loro-Coirón (Thierry Defert) fue colosal. Eran como comics, eran como el humor gráfico de los periódicos, con líneas simples, pero en grande, eran grabados, eran únicos e irrepetibles, pero tenían la forma de un comic que mostraba cómo era Valparaíso, como vive la gente ahí. Era una realidad animada, “oil on canvas” en la época de la reproductibilidad técnica. No es la deshumanización del arte, es la rehumanizazción de la caricatura: ya no exagera, no la imita, no la abstrae, la muestra como un espejo que solo deja pasar algo de lo que ve, como un lente que se enfoca como se debe enfocar para mostrar lo que quiere mostrar. Obtuso, puede ser, pero lleno de retratos verosímiles.

Por otro lado, y casi al contrario está Montt, aquel que con comics subidos a Internet nos hace reír casi todos los días con alguna viñeta interesante, con la sátira, la ironía, la burla, llevado a extremos brillantes: humor literal aburrido; humor negro descarnado; humor agudo y grave que a veces roza lo conceptual, que juega con ciertos límites de la palabra dicha como palabra-imagen sin tener letras –cuestiones semiológicas tan aburridas como este post- pero que van más allá a veces del simple divertimento. Sencillas, entendibles y reproducidas al infinito como las imágenes que de él dejo en este post.

Con esto, sin embargo, no pretendo canonizar a Loro ni a Alberto, sino que siento que se cumple el sueño del arte en la época de la reproductibilidad técnica, y más importante aún, sin “oil” ni “canvas”.


Una selección de Loro-Coirón en la Biblioteca Nacional (Santiago de Chile):









Una selección de Montt... Alberto Montt:


p.d.: las cuerdas de los instrumentos se fabricaban con tipas de animal hace un par de siglos atrás





Todas en www.dosisdiarias.com

sábado, 15 de agosto de 2009

Dr. House: The pain is in the house

(Piloto)

Si uno va al hospital sin estar enfermo es para ver sufrimiento, va a ver sufrir a cada una de las personas que se encuentran ahí o, más bien dicho, a los pacientes, porque hace tiempo –o desde siempre- los médicos son la extremidad dormida de todos nosotros. Así las cosas me llama poderosamente la atención House.

Dr. House ¿Es la típica serie de médicos? En ella, sin duda, hay un grupo de trabajadores de un hospital que se ve relacionado de manera profesional y emocional, como una oficina en que el efectismo está a la orden del día: por los pasillos siempre hay gente llorando y triste; alguien se acaba de morir o está en emergencia; a otro le dan la extremaunción en silla de ruedas; mientras paralelamente la enfermera le cuenta al interno como cabalgó anoche sobre las ancas del oncólogo más prestigioso de Hawai. Bueno, así es la vida, mientras unos mueren otros cabalgan en doctores.

Esta serie, sin embargo, es menos sofísticada en la estructura de los capítulos. Sí, tenemos relaciones que van más allá de la temida médico-médico o médico-paciente y que se provocan de manera tangencial, por decirlo de algún modo, a la historia del capítulo.

Así, en cada uno de los episodios vemos a un médico que es un genio y a la vez un inadaptado social -por opción me atrevería a decir- (House); una directora de hospital que está como para MILF (Lisa Cuddy); un oncólogo como el mejor amigo de House (Wilson) y tres médicos que tratan de aprender como diagnosticar a enfermos de alta peligrosidad –digo, en peligro de muerte-. Estos tres médicos tienen algún historial al servicio de House cuando dejan el servicio activo (en cuerpo y alma, y puede que de esta última se mantengan atados platónicamente) y son reemplazados por cuatro o cinco médicos más. Aquí se supone, en este mismo sentido, que los pacientes no son los que mueren, no son los que sufren más que temporalmente; los casos se acaban al final del capítulo, cuando no tienen relación estrecha con el equipo médico.

Con estos antecedentes podemos iniciar un capítulo promedio con un paciente que está enfermo y nos distrae de quien, finalmente, será el grave paciente del genio –cuando no, ellos lo ponen grave-. House nunca recibe a su paciente de inmediato, a menos que lo descubra él mismo. El resto del capítulo es sencillo. Prueban soluciones a partir de una serie de exámenes, descartando o agregando síntomas o enfermedades; tratan al paciente por algo que no padece o lo llevan casi a la muerte, y justo en el momento final, nuestro doctor tiene una epifanía y los que van a morir, terminan saludándolo. El siguiente capítulo cambia la cara del enfermo y la enfermedad… aunque a veces se repite.

A través de las temporadas van cambiando los médicos que ayudan al médico que no necesita ayuda. A pesar de eso, en la temporada siguiente pasa casi lo mismo que en la temporada anterior, al menos en la forma. Si la rutina mata matrimonios y hay gente que decide sacarse de circulación por la misma razón –este último, muerto o no, suele llegar al hospital-, la serie no debería haber sobrevivido a la primera temporada, o si hubiese sobrevivido debería ser como cualquier otra serie de médicos.

Pero este es un diagnóstico meramente superficial, pongamos manos a la obra dejemos que brote la sangre, porque, finalmente, a quien la duele siempre todo no es a los pacientes, sino al doctor.

En conclusión, esta no es la forma de cualquier serie de médicos….Es House

-Tremenda cuña, no??-



Capítulo II: God, Part II


Don't believe the devil, don't believe the book
But the truth is not the same without the lies he made up
(…)
Don't believe them when they tell me there ain't no cure
The rich stay healthy the sick stay poor

God part II, U2


Quien ríe al último, ríe mejor, y House se ríe en casi todos los capítulos de todas las temporadas de la directora del hospital, de su mejor amigo, de sus alumnos ayudantes y de sus pacientes, pero no se ríe de él. House pena por los pasillos con el dolor de su pierna, que disimula muy bien con el bastón, excepto por las veces que lo vemos tomar el popular Vicodin. La pregunta que me he hecho siempre es si el Vicodin solo alivia el dolor o algo más. La respuesta la tenemos a la vista, ya que nuestro genio-doctor funciona en todos los aspectos: es eficiente en su trabajo; es soportado en sus relaciones laborales; es querido por sus pacientes –diría que ellos solo están agradecidos, pero me gusta como suena “querido”-; tiene putas a discreción cuando lo necesita; una ex-esposa que es una perra, según House; la directora del hospital está enamorada de él y tiene un mejor amigo que es a prueba de bromas pesadas y chistes malos, junto a una pierna que no lo deja en paz las 24 horas del día… Y salva pacientes!!!, ¿Qué más se puede pedir?

Todo indica que la serie no es una serie de médicos, es la serie de House, en la que el protagonista no necesita nada más para resolver los casos que el hospital, su bastón, el Vicodin y su pierna. Entonces ¿Por qué
hay una faramalla de personajes y relaciones interpersonales? Quizás para mantener la serie –esa me parece la mejor respuesta-, pero también para indagar en el dolor del médico, en el dolor de la pierna de House –House’s leg-. Sin su pierna, este médico sería como cualquier otro buen médico, y no se hubiese hecho una serie acerca de él. Los pacientes yacen y se sanan por la pierna, y el genio ve reflejada esa extremidad en sus pacientes; la pierna es quien llevó a quienes fueron sus primeros ayudantes en la serie, ese mismo pedazo de carne fue quién se los quitó; esa parte del cuerpo fue la que mató a la novia de Wilson y la que probablemente haya matado a Kutner. Esa pierna fue la que finalmente lo llevó al psiquiátrico.

Los médicos tienen la facultad de la vida y la muerte, como mucha otra gente, no obstante, lo que los aleja un poco de todos quienes tienen esta facultad, es que ellos lo pactican día a día, lo que los lleva inexorablemente ante su destino: se creen más cerca de Dios. Definitivamente hay momentos en que House llega a ser algún tipo de divinidad o por lo menos un iluminado por la divinidad. Más bien, puede que la definición que mejor le calza es la de Héroe griego en constante Agón, enfrentado a una pierna, la misma que no está en su pasado más remoto y que lo espera en el futuro, lejano y cercano; la arrastrará por el resto de sus días, junto a su guitarra y su piano en casa, durmiendo por la noches en una cama individual con putas, con soberbia y con todo lo que eso implica y rodea.



Bonus track: ¿A nadie le provoca la impresión de que House podría ser Chinaski?



- Doctor, me trajeron acá a la fuerza –dice Chinaski sin abrir los ojos-, por eso pudieron traerme. ¿Cuánto necesita para soltarme? –le dice a House mientras se busca la billetera.

House lo mira con el ceño fruncido.

-¿Quién le dijo que era médico?, además la billetera que busca se la llevó la mujer que lo trajo.

-Mierda.

-Sí. A las mujeres no suelo pagarles… mucho.

- Yo tampoco… Mentira… ¿Tiene un trago?

- No, no tomo cuando conduzco ni usted cuando tiene paros cardiacos.

- ¿Qué auto tiene?

- No tengo y mi moto ya no existe. En todo caso los dos son como las mujeres, cuando inviertes en ellas se mantienen bien, cuando no, nos montamos encima y nos matan. La tuya te robó y estuvo a punto de matarte.

- Sí, pero el corazón todavía me funciona.

- Pero hay cosas que ya no funcionan, y si sigue con esas líneas y mujeres, no te quedará mucho corazón. Además por hoy se queda internado, así dijo la enfermera.

- Qué mejor que morir con un poco de coca y una mujer encima

- Vivir para tener más mujeres encima y morir habiendo tenido muchas mujeres buenas y no pagar nada… o pagar poco. Disculpe a veces la sabiduría y algunos idiotas me cansan.

- ¿Mal día?

- No. Pacientes.

miércoles, 29 de julio de 2009